Here lies one whose name was writ in water
-Epitafio en la tumba de John Keats

Archivo de Octubre 24th, 2007

El discurso de las armas y las letras

Miércoles, Octubre 24th, 2007 Pertenece a Juntaletras, Visto y oído | 5 comentarios »

Seguramente fue una de las partes de la novela de Cervantes que más rechazo me causó, cuando la leí por primera vez allá por mis dieciséis años. Allí, el autor ponía en boca de su personaje un discurso en el que comparaba la profesión de las armas con la de las letras y llegaba a la conclusión de que la primera era, sin la menor duda, mucho más noble.

¿Cómo podía ser, me preguntaba yo, que uno de los más grandes escritores de nuestra historia considerase baladí su mayor logro en comparación con la vida del soldado? ¿Cómo era posible que de lo que estaba realmente orgulloso fuera de haber participado en la batalla de Lepanto y no de su obra literaria?

Supongo que cometía el error, tan habitual, de juzgar con mi mentalidad del siglo XX a un hombre del XVI. O eso fui pensando con los años.

Ahora, sin embargo, me pregunto si el error no estaría en otra parte. Si lo que Cervantes no está comparando en ese discurso no será otra cosa: no dos profesiones, sino dos modos de aprovechar la vida, por decirlo de algún modo.

Ciertamente, cuando la posteridad mira hacia atrás, lo que encuentra relevante es la obra literaria de Cervantes, y no que participase en ésta o aquella batalla. Sin embargo, sospecho que ahí Cervantes no está hablando para la posteridad, sino que se habla a sí mismo. Se pregunta, tal vez, qué es lo que hace plena su propia vida, merecedora, en sí misma, de haber sido vivida. Y llega a la conclusión de que no son sus logros, ni el campo literario ni en ningún otro, sino lo intensamente que ha vivido.

Como digo, la opinión de la posteridad será otra. Nos importan El Quijote o las Novelas ejemplares y no se nos da una higa que perdiera la movilidad de la mano en Lepanto. Sólo que en ese discurso no es el Cervantes escritor el que habla, sino el Cervantes hombre. Y a la postre, se dice, ¿qué importa más, crear una obra que pase a la posteridad o haber vivido una vida que merecía la pena?

Para nosotros, como lectores, sin duda lo primero. Para él, en tanto le atañía de cerca, lo segundo.

Al final, nos pongamos como nos pongamos, ésta es la única vida que tenemos para vivir. ¿Merece la pena crear una obra que las generaciones futuras no serán capaces de olvidar, a cambio de vivir como un misántropo totalmente inutilizado para las relaciones sociales, por ejemplo? Si la respuesta es no, podemos afirmar que es un pensamiento egoísta: sacrificar en el altar de tu propia felicidad el bienestar de las generaciones futuras. Claro que, si lo pensamos un poco y le damos la vuelta, ¿no es el otro pensamientos igualmente egoísta, no estamos diciendo “te jodes y nos das una obra que merezca la pena y nos importa tres cojones cómo hayas vivido”?

Hace tiempo, no recuerdo muy bien dónde, leí una frase que nunca he conseguido olvidar. Decía que hay tres tipos de hombres: los que viven la vida, los que la escriben y los que la leen. Y Cervantes, en el discurso de las armas y las letras, lo que quizá nos dice es que se enorgullece en pertenecer al primer tipo, que lo que de verdad importa es haber vivido su vida, y no haberse limitado a escribirla o leerla.

© 2007, Rodolfo Martínez
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