El racismo de los oprimidos y el fandom español

El otro día leí un comentario que me dio que pensar. Básicamente alguien afirmaba que España era el país más racista de la Unión Europea.

Pues, hombre, no lo sé. Sin duda existen actitudes racistas en España, como en cualquier otro lugar donde conviva más de una etnia. Es inevitable: la desconfianza y el miedo hacia la tribu de al lado está implantada en nosotros desde siempre. Y si encima la tribu de al lado es fácilmente identificable por el color de su piel, la forma en que viste o sus costumbres y tradiciones, pues resulta hasta más sencillo descargar en ella nuestros odios y temores. Así que sí, nadie con dos dedos de frente negará que existe racismo en España. Como existe en el resto del mundo.

Pero, ¿somos un país especialmente racista? ¿Somos el país más racista de Europa? No lo sé. Tiendo a dudarlo, la verdad, pero bien pudiera ser cierto.

Sin embargo, la reflexión que ha despertado en mí la frasecita de marras va por otro lado. Hay un tipo de racismo del que se habla pocas veces y se critica menos aún, quizá porque resulta poco políticamente correcto hacerlo. El racismo del opresor, digamos, del que tiene la sartén por el mango, de la “facción dominante” en una sociedad se comenta, se critica, se denosta… Pero pocas veces se hace lo mismo con lo que podríamos llamar el “racismo de los oprimidos”.

Un racismo que, probablemente, surge como reacción, como mecanismo de defensa ante una situación de persecución o de opresión, como un modo de no perder la identidad como pueblo cuando ésta está amenazada por un invasor o un tirano o el sector dominante de la sociedad. Pero, por muy mecanismo de defensa que sea, no deja de ser racismo y, a la larga, va volviéndose problemático y peligroso, tanto como el otro. De hecho, no es raro que, cuando desaparece la situación de persecución u opresión que lo hizo nacer, ese racismo siga por ahí causando problemas.

No creo que haga falta poner ejemplos, me imagino que cualquiera, con sólo pensar un poco puede encontrar ejemplos de ese “racismo de los oprimidos”: desde las primeras películas de Spike Lee (con un componente misógino muy evidente, además), hasta la mística del pueblo elegido que han usado muchas etnias (y no quisiera tocarle las narices a nadie recordando el caso de ciertos ideólogos del “vasquismo” que podrían ser asimilados a teorías nacionalsocialistas a poco que me apuraseis) pasando por la simple sensación de “superioridad moral” frente al opresor que se puede ver con frecuencia a poco que escarbemos un poco por aquí o por allá.

Y es precisamente eso último lo que me lleva al tan traído y llevado fandom español. El grupo de aficionados a la literatura de ciencia ficción y fantasía más activo, por dar una definición rápida para los no iniciados: los que van a las convenciones, se mueven por la red, participan en las publicaciones…

Como reacción al ninguneo (cuando no la presentación directamente deformada y tendente al ridículo) que los medios de comunicación y el stablishmente intelectual hacen del género que les gusta, la actitud adoptada por una parte del fandom (no por todo él, ni mucho menos) es un “no les necesitamos, somos mejores que ellos, ellos se lo pierden que no tienen ni puta idea”, lo que acaba degenerando en un cerrilismo endogámico que, como es evidente, hace bastante más mal que bien. Como reacción ante el hecho de pertenecer a un grupo minoritario, surge el orgullo por ser minoría: somos los pocos, los elegidos, los selectos, los que estamos en el ajo y somos capaces de disfrutar de lo bueno.

La actitud, resulta evidente, es tan inevitable como estúpida. Y, al final, siempre termino recordando una frase de Asimov. Frase que, en su momento, y siendo él judío, tuvo que requerir bastantes narices para soltarla en público:

Que un pueblo sea perseguido u oprimido por otro, sólo implica que es más débil. No que es moralmente superior.

© 2007, Rodolfo Martínez

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