Como si no salieras de casa

Buena parte de nuestros prejuicios, dicen, se curan saliendo de casa y viendo cómo viven los demás. La frase, tal como la oí originalmente, decía algo como “el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando”, pero en realidad puede ser aplicada a muchas de nuestras actititudes más cerriles.

Claro que, si lo pienso un poco, ¿esas actitudes cerriles -lo mío es lo mejor, los de la tribu de al lado no tienen ni puñetera idea, no hay nada comparable a ser de donde yo soy…- no son en el fondo actitudes en las que el nacionalismo acaba degenerando con cierta facilidad? Y no, no hablo exclusivamente, como muy bien señala de nuevo César Mallorquí en su blog, de los nacionalismos políticos, sino de algo mucho más directo y, a menudo, visceral. Al fin y al cabo tan cerrilmente nacionalista es el americano -o español, o catalán, o, no digamos ya, inglés o francés- que considera su país superior al resto del mundo como el habitante de Gauadalascañas que piensa que su pueblo es el más bonito del universo y que el resto de los pobres mortales son unos desgraciados por no haber nacido donde él.

Pero a lo que íbamos. Dejémoslo en que ciertos “ismos” se curan viajando, para no despertar polémicas innecesarias. O necesarias, vete tú a saber.

En cualquier caso me pregunto si la frasecita de marras es cierta. Conozco a bastante gente que viaja con frecuencia. Que gusta de pasar su vacaciones en lugares remotos y visitar culturas muy diferentes a la que viven. Y, sin embargo, vuelven exactamente igual que como se han ido. Tan cerriles, faltos de miras y carentes de perspectiva como al marcharse. Viajan como si no salieran de casa. Visitan otras culturas como quien va al cine a ver una película: se pasa inmerso en ella un par de horas y la olvida en cuanto ha abandonado la sala. Por más que viajen y visiten este lugar o el otro o el de más allá, son totalmente impermeables.

Sin embargo, pienso que sí, que la frase es cierta. Que ciertos “ismos” se curan viajando. El problema, creo, es que el verdadero viaje empieza dentro de uno mismo. Si has iniciado ese viaje, a lo mejor ni siquiera tienes que moverte físicamente para viajar, pero si no lo has hecho de nada te sirve recorrer el universo entero. Volverás a casa exactamente igual que como has salido.

Porque, en realidad, no habrás salido de ella nunca. Como si fueras una especie de caracol ideológico, digamos.

© 2007, Rodolfo Martínez

3 comentarios

  1. Yo, cuando oigo a Ibarretxe hablando que habrá un Euskadi independiente sí o sí, diciendo que Zapatero no se atreverá a ir contra los siete mil años de historia del pueblo vasco, me suena al Reich de los mil años.

  2. «La frase, tal como la oí originalmente, decía algo como “el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando”»

    Yo la suelto mucho. (No, no me la estoy atribuyendo: seguramente la leí en alguna época ignota, la interioricé y ahí se me ha quedado.) Y es cierta. Lo que ocurre es que hay un problema de terminología:

    «Conozco a bastante gente que viaja con frecuencia. Que gusta de pasar su vacaciones en lugares remotos y visitar culturas muy diferentes a la que viven. Y, sin embargo, vuelven exactamente igual que como se han ido.»

    Eso no son viajeros; son turistas, que no es lo mismo. Y son los caracoles ideológicos estos los que han devaluado el término “viajar” y todos los relacionados.

  3. Rudy, en mi opinión la raiz del problema que explicas, o al menos del enfoque que has usado para explicarlo es otro “ismo” que permea a la civilización occidental, y que no es otro que el colonialismo, que aunque no exista ya de forma física, se perpetua aún de forma intelectual.

    Porque se puede viajar por todos los paises de occidente sin que el pensamiento chovinista (me resisto a llamarlo nacionalista, lo siento) se vea retado, ya que, al fin y al cabo, estamos todos normalizados a una sola cultura.

    Y al viajar por esos otros paises, la mentalidad chovinista, imbuida por la visión colonialista, les dedicará una mirada condescendiente, para luego volver a “casa”, alo bueno, lo superior, sin haberse mancillado de la pobre cultura de esas pobres gentes, gracias a Dios.

    Así que hasta que en “occidente” no nos quitemos de encima esta “predisposición”…

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