¿Humildad o vanidad?

Este blog se llama Escrito en el agua por la famosa frase que el poeta John Keats ordenó que escribieran como epitafio en su lápida: aquí yace uno cuyo nombre estaba escrito en el agua.

La personalidad (confieso que un poco menos la obra: la poesía romántica inglesa se me atraganta un poco) de John Keats siempre me ha fascinado, desde que tuve un primer atisbo suyo en, cómo no, una novela de ciencia ficción: el Hyperion de Dan Simmons. Evidentemente, sabía quién era Keats, pero desconocía casi todo sobre su peripecia vital hasta la lectura de de la novela de Simmons. No hace falta añadir que el personaje me resultó fascinante y que, a partir de ese momento, intenté documentarme un poco sobre su vida.

Hace tiempo, de hecho, pensé en usarlo como personaje, en una novela que intenté escribir hará unos diez años pero que, me temo, acabó quedándose por el camino. La historia aún me interesa, sin embargo, y sé que tarde o temprano volveré a ella y usaré el personaje de John Keats. En realidad, confieso que ya lo he usado, en una breve aparición, casi un cameo, en una de mis últimas novelas. Claro que esa aparición de Keats ha sido tan críptica que no creo que muchos lectores pillaran que estaba hablando de él.

En cualquier caso, y volviendo a la frasecita de marras, siempre me he preguntado qué significaba realmente. Y el reciente post en el excelente blog de César Mallorquí acerca de la vanidad de los escritores (por no mencionar su serie, más reciente, En la mente del escritor, cuya lectura os recomiendo) ha vuelto a traer a mi memoria el asunto.

Porque, ¿es esa frase un reconocimiento de pequeñez, de fracaso, o es un monumento a la vanidad del escritor? ¿O quizá es ambas cosas?

No cabe duda de que John Keats era tremendamente crítico con su propia obra, que siempre estuvo insatisfecho de ella y que, en cierto modo, se sentía un fracasado. Como si las imágenes que había en su mente se perdieran en el camino de pasarlas al papel y todo cuanto quedase finalmente de ellas no fuese más que un pálido reflejo que no les hacía justicia. Creo que es algo que todos los escritores hemos sentido alguna vez. Y Keats, con su sensibilidad extrema, exacerbada, lo sentía de un modo casi obsesivo. Así que es muy probable que fuera sincero al afirmar que su obra estaba “escrita en el agua”: que era algo fugaz que no iba a perdurar.

Y al mismo tiempo… ordenó escribir esas palabras en su lápida. Si tan convencido estaba de que había fracasado y no perduraría, ¿para qué molestarse? ¿Para qué escribir un epitafio que nadie se molestaría en leer? Quizá con la secreta esperanza de que, pese a todo, su obra perdurase y cuando generaciones futuras leyeran esa frase pensarán “no es cierto”. Vanidad, al fin y al cabo, ¿no? Ese ansia de perdurar, de ser recordado tras la muerte y, en cierto modo, vivir para siempre a través de su obra. ¿Puede haber algo más ambicioso, más arrogante, que la pretensión de alcanzar la inmortalidad a través de los recuerdos de los demás?

Creo que Keats compendia y resume perfectamente esa contradicción que convive en muchos escritores. Por un lado esa sensación, que te hace sentir inevitablemente humilde, de que no estás a la altura de ti mismo, de que no consigues plasmar lo que hay en tu mente, de que tu obra, en cierto modo, es un fracaso, porque nunca será más que una aproximación a lo que realmente deseas y ambicionas. Y por el otro, la ambición, la esperanza, el ego que te hace seguir adelante y confiar que, pese a todo, lo conseguirás, de un modo u otro.

Supongo que por eso el personaje me fascina. No tanto por su obra (como he dicho, la poesía romántica inglesa no termina de ser muy santo de mi devoción, en general) como por su personalidad. Por el modo en que supo destilar hasta casi convertir en un arquetipo, en un icono, esa contradicción entre sentirse insignificante y aspirar a ser divino.

© 2007, Rodolfo Martínez

14 comentarios

  1. No deberías preocuparte por eso: nadie te recordará a ti ni a tu obra, es completamente superficial e intrascendente.

  2. Je, es curioso, porque a mí todo esto de el intentar seguir en la brecha dando la murga aunque uno/a en el fondo crea que lo que hace no vale una mierda, me parece que es, precisamente, lo que hacen los trolls.

  3. Es que Rudy, en el fandom, siempre se ha comportado como un troll :-)

    Ya me imagino el día en que hará un post explicando que él mismo escribe estos comentarios haciéndose pasar por troll para “animar” el debate. Algo así como: “Hola, me llamo Rodolfo Ballesteros y he estado haciendo el troll en mipropio blog…¡Y todos habéis picado!”

  4. Discrepo, la mayor ambición es pasar a la inmortalidad por no morirse, lo demás son quiero-y-no-puedos

  5. Pues a mí lo que me gustaría es que tus trolls tuviesen los cojones de poner su comentarios con “nombre y apellidos”. Pero no, no los tienen, de hecho en realidad simplemente son rompecojones.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.