Todo fluye

Rodolfo Martínez
Todo fluye
Parsifal 5, 1995
Semillas de tiempo 1, Bibliópolis Bolsillo, 2004.
Laberinto de espejos, Editorial Berenice, 2006

¿Qué haces cuando te despiertas con el recuerdo de tres retazos de sueño aparentemente inconexos pero sorprendentemente evocadores? Puedes olvidarte de ellos, por supuesto. O puedes intentar construir a su alrededor un armazón narrativo que los englobe y les de sentido.

A lo largo de mi carrera he hecho cosas parecidas más de una vez. La diferencia con “Todo fluye” es que normalmente se trataba de imágenes aisladas que luego me sugerían una historia. En este relato, sin embargo, se trató de tres momentos (un hombre despertando junto a una mujer embarazada alrededor de cuyo vientre había una faja con un brillo metálico, otro hombres entrando en una sala de estar rematada por un enorme ventanal tras el que se veía un bosque, y un reportaje televisivo sobre los restos de un helicóptero estrellado que, luego, aparecía milagrosamente recompuesto) que no guardaban ninguna relación aparente entre sí pero que de algún modo se empeñaban en permanecer en mi memoria una y otra vez.

La historia que construí alrededor de ellos es, sin duda, uno de mis cuentos más extraños, con un inconfundible aire “dickiano” que impregna todo el relato. Cuando empecé a escribirlo no tenía muy claro cómo ensamblaría aquellas tres piezas tan disímiles, pero de algún modo las cosas fueron encajando y el cuento acabó teniendo sentido.

Cuando llegó el momento de incluirlo en una de mis dos antologías, lo más lógico habría sido incorporarlo a Callejones sin salida, que es donde agrupé todos mis relatos de ciencia ficción. Sin embargo, de algún modo extraño, me pareció más apropiado para Laberinto de espejos, donde incluí los cuentos de fantasía, entre otras cosas.

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