Here lies one whose name was writ in water
-Epitafio en la tumba de John Keats

Archivo de Septiembre 24th, 2007

¿Y mañana serán clones?

Lunes, Septiembre 24th, 2007 Pertenece a Juntaletras, Visto y oído | 8 comentarios »

Un reciente comentario en el blog de Nacho Illarregui sobre la edición por parte de La Factoría de una de las novelas juveniles de Heinlein inéditas en castellano, me ha traído a la memoria otro autor, John Varley.

Como muchos otros lectores españoles, descubrí a Varley con una novela corta llamada “La persistencia de la visión”, que apareció en la revista Nueva dimensión allá por los ochenta. El relato me impactó, creo que igual que ocurrió con mucha gente, y desde entonces, me convertí en un incondicional del autor. Las siguientes cosas suyas que leí, especialmente en el terreno del relato de mediana y larga extensión, no me decepcionaron. Cierto que sus novelas (salvo quizá Titán y La hechichera, en las que Varley daba rienda suelta a su gusto por la aventura más desenfrenada) no terminaban de convencerme del todo: tenían momentos interesantes, pero algo había en ellas que fallaba. Era como si, cuanto más extenso fuese lo que escribía, más insatisfactorio me resultase.

Pero el motivo por el que un comentario acerca de Heinlein me lo ha traído a la memoria es otro. Ya, cuando leí El globo de oro tuve la sensación de que estaba ante un remake de Estrella doble, pero tras acabar Trueno rojo no pude quitarme de encima la sensación de que si Heinlein hubiese entrado un día en su despacho y hubiera visto el manuscrito sobre la mesa se habría quedado perpeljo. Seguramente se habría preguntado cuándo había escrito aquella novela y por que no la recordaba. Porque Trueno rojo es tan Heinlein (especialmente el Heinlein de los cincuenta y de algunas de sus mejores novelas juveniles) que a veces resulta escalofriante.

Entendedme. No es que me hayan parecido malas novelas, ninguna de las dos, pero no acabo de entender el proceso que ha llevado a Varley a convertirse en un clon (mejorado en muchos aspectos, porque es bastante mejor narrador) de Robert Heinlein. Entiendo (cómo no voy a hacerlo a estas alturas) el homenaje a un autor que admiras o el pastiche donde mezclas tus mitos narrativos de la infancia. De hecho, es algo que Varley ya había hecho antes: “En el salón de los reyes marcianos” es, sin duda, una revisitación de algunos de los mejores relatos de Stanley Weinbaum. Pero es que con esto ha ido bastante más allá, porque se ha convertido en un clon de Heilein no sólo en lo narrativo, sino también en lo ideológico.

Lo cual resulta aún más sorprendente. Me resulta difícil creer que el mismo hombre que escribió cosas como “La persistencia de la visión”, “Pulse ENTER”, “El pusher” o algunos de sus primeros relatos de los Nueve Mundos se haya convertido en un ultraliberal individualista al más puro estilo de Lazarus Long.

Sí, sé que estas cosas pasan. Y que, de hecho, pasan más a menudo de lo que parece. Pero ciertos saltos ideológicos nunca dejarán de sorprenderme, me temo.

© 2007, Rodolfo Martínez

© 2007, Rodolfo Martínez
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