A snake in the grass

Es, en realidad, un momento clásico, casi arquetípico. Quizá no fue Thomas Malory el primero que lo contó (seguro que no) pero es su narración del asunto la que se ha acabado convirtiendo en canónica.

Arturo y Mordred están a punto de entablar en Salisbury su batalla final. Ambos ejércitos se detienen para parlamentar. Quizá hay posibilidades de llegar a un acuerdo. De pronto, un caballero ve una serpiente sobre la hierba y saca su espada para matarla. Al ver desenfundar el arma, otro caballero del ejército contrario cree que se ha producido una traición y se lanza al ataque. Y así se inicia la batalla: no por el destino, no por la traición y las maquinaciones del enemigo, ni siquiera por la malévola voluntad de los dioses, sino simplemente por un error, por un accidente que habría podido ser evitable. Arturo se resigna a lo que va ocurrir y exclama: “Alas, this unhappy day!”.

Un momento trágico y que además es culpa del azar, de un accidente, lo que le da aún más fuerza.

Ese momento ha sido repetido varias veces, en distintas obras y de maneras distintas.

Y, curiosamente, en uno de los lugares donde más me gusta es en La Roca, de Michael Bay. Aclaro que Bay no es muy santo de mi devoción (aunque tampoco le tengo la enquina que parecen tenerle muchos de sus detractores) y que Nicholas Cage tiene la manía, casi siempre, de estropearme cualquier película en la que aparezca y cualquier papel que… iba a decir “interprete”, pero poner cara chunga porque estás estreñido no me parece precisamente interpretar. Sin embargo, La Roca me funciona. Por muchos motivos (y Ed Harris y Sean Connery no son dos de los menores) que tampoco voy a a exponer ahora aquí. Es una película que no me canso de ver, que consigue emocionarme en los momentos adecuados y que hasta me hace darle vueltas a un par de ideas bastante curiosas.

El momento “snake in the grass” en La Roca es, evidentemente, cuando el comando dirigido por Michael Biehn (este hombre parece condenado a hacer de militar) entra en las duchas de Alcatraz y se encuentra rodeado por los hombres de Harris. Supongo que lo recordaréis y recordaréis también el diálogo, tenso y dramático, que se produce entre los dos. Al final, si no recuerdo mal, uno de los hombres de Harris tropieza con un trozo de pared en mal estado, éste se desprende y es ese ruido el que inicia el tiroteo y la masacre.

Es uno de mis momentos favoritos de la película y, cada vez que lo veo, no puedo evitar pensar en que Ed Harris, tras contemplar la matanza que han hecho sus hombres y que, tal vez, se podría haber evitado de no haber sido por un resbalón inoportuno, se encogerá de hombros, suspirará y exclamará: “Alas, this unhappy day!”.

No lo hace, pero parece que le falta poquito.

© 2007, Rodolfo Martínez

2 comentarios

  1. Incidentes como esos han ocurrido también en la realidad. Ahora mismo no logro acordarme de alguno, pero en cualquier momento me vendrá a la memoria. Sí te puedo contar uno que estuvo a punto de ocurrir en 1983:

    Un satélite dio la alarma acerca de que un misil norteamericano había sido lanzado y alcanzaría la URSS en veinte minutos. Afortunadamente, la persona que estaba a cargo del centro de mando de la inteligencia militar soviética se convenció de que tenía que ser un error, porque le parecía que no tenía sentido que EEUU atacara con un solo misil, y por eso no puso en marcha el sistema automático de respuesta. Un rato después, los ordenadores indicaron que no era un misil sino cinco. Entonces el sistema tenía que haberse activado obligatoriamente, pero el soviético (no recuerdo el nombre) seguía convencido de que era absurdo iniciar una guerra nuclear con cinco misiles cuando tenían cientos. Finalmente se descubrió que todo vino causado por una conjunción astronómica extraña, pero si no hubiera sido por la iniciativa de esta persona, los EEUU se hubieran visto de pronto atacados por cientos de misiles soviéticos sin saber por qué, y podía haber empezado una guerra. Curioso, ¿verdad? Lo triste es que los soviéticos, sin tener en cuenta de lo que se habían librado, consideraron que esta persona había desobedecido las órdenes y le obligaron a retirarse del ejército.

  2. El incidente que has contado (que, por cierto, me ha puesto los pelos de punta) es más bien la variante de cómo se ha evitado uno de esos momentos gracias al, a veces tan escaso, sentido común.

    En cuanto al “premio” recibido por salvar el mundo… sí, esas cosas pasan a menudo, me temo.

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