El “núcleo asturiano”

Parece existir el consenso general entre el mundillo de aficionados (ya sabéis ese fandom que algunos denostan pero del que no terminan de irse nunca) de que Javier Cuevas y yo somos los “líderes naturales” de lo que alguien ha llamado el “núcleo asturiano”. Somos los que tomamos las decisiones, damos las órdenes y los demás se limitan a cumplir nuestra voluntad; aportando ideas de vez en cuando, tal vez, pero siempre pasando por nuestro “filtro”.

Supongo que recordáis la forma que tenían de decidir las cosas en grupo los corsos de Astérix en Córcega: llenaban una urna de votos, la tiraban al mar y luego se pegaban unos con otros hasta que sólo uno quedaba en pie. Bien, los asturianos no somos tan brutos. Quizá lo fueron nuestros abuelos; pero hoy en día, ya decadentes y corruptos por culpa de la influencia de la civilización, nos limitamos a discutir sin orden ni concierto unos con otros hasta que tarde o temprano aparece una idea que de algún modo misterioso todos encuentran adecuada y que, normalmente, no se parece a ninguna de las que se habían ido exponiendo durante la discusión. O quizá en realidad se parece a todas sin ser ninguna de ellas.

Los “avalonios”, me temo, somos un grupo demasiado caótico, individualista y de intereses lo bastante dispersos para tener nada que se parezca a un líder. Y, desde luego, si Javier o yo empezáramos a actuar como tales, lo que nos va a caer encima serán varias collejas, unas cuantas mofas y alguna que otra carcajada.

Comprendo que para muchos yo pueda ser la cabeza visible del asunto. Soy el más conocido de todos los integrantes de ese “núcleo asturiano” (que según algunos está ahí maliciosamente manipulando para hacerse con el fandom; ante lo cual no puedo evitar preguntarme si los que piensan todo eso no estarán en realidad proyectando sus propios fantasmas en los actos de los demás) y para las presentaciones públicas de lo que hacemos suelo ser elegido precisamente por eso. Y Javier, por otro lado, tiene un carácter exuberante y un tanto “ostentoreo” que hace que le sea difícil pasar desapercibido, no siempre para bien, por otra parte.

Así que supongo que lo de que somos líderes es una confusión comprensible.

Que yo no caiga bien no me sorprende demasiado (entre que tengo una cierta tendencia a ser algo bocazas y el hecho de que a menudo la seguridad en uno mismo se confunde fácilmente con prepotencia, no es extraño). Pero parece ser que, en general, los asturianos como grupo no caemos bien a bastante gente. Ojo, individualmente podemos despertar simpatías (a pocos les caerán mal Marisa o Germán, estoy seguro), pero como grupo organizado —adjetivo que, aplicado a nosotros no deja de parecerme un mal chiste muchas veces— parece que provocamos una reacción negativa. Ya no se trata de “Rudy es un prepotente” o “Rudy es un arrogante pagado de sí mismo”, no, el siguiente paso es “los asturianos son unos prepotentes y unos arrogantes”.

Me pregunto qué hemos hecho para que se nos vea de esa manera. Somos un grupo pequeño: once personas, nada comparable a la cantidad que hay en otras tertulias o asociaciones culturales. Hacemos nuestros pequeños encuentros de ciencia ficción que, reconozcámoslo, no son para tanto: un par de mañanas de actividades y una espicha, todo ello arropado por la Semana Negra, que nos permite hacer las cosas a nuestro aire y, sin duda, le proporciona a nuestro cotarro un atractivo que sin ella no tendría. Convocamos un concurso de cuentos que no es nada del otro jueves: modestito, de andar por casa; “coqueto y sin pretensiones”, que habría dicho Ottis, el ayudante de Luthor en el Superman de Donner. Tenemos un par de webs que, seamos sinceros, están bastante paradas; y algunos de nosotros tienen su blog, como miles de otras personas. No hacemos nada del otro mundo.

Hmmm. Bueno, sí, quizá algo que puede ser la clave de que molestemos. No le pedimos permiso a nadie para existir. No pedimos disculpas por nuestra presencia. No nos sentimos en deuda con nadie y hacemos las cosas a nuestra bola: a quien le guste, que venga; a quien no, que se quede en casita. Unas veces metemos la pata y otras acertamos, pero seguimos nuestro propio camino en todo momento.

Vivimos y dejamos vivir; nunca hemos pretendido que por venir a nuestro cotarro haya que dejar de ir a otros sitios ni, mucho menos, que lo nuestro sea lo guay, lo fetén, lo de verdad y lo de los demás no valga para nada… mientras otra gente, para publicitar sus propios eventos parece incapaz de hacerlo sin menciones despectivas a nosotros.

El problema quizá sea que no nos sentimos vasallos de nadie, ni pensamos que tengamos que rendirle pleitesía a ningún señor feudal. O que cometemos el pecado imperdonable de no considerar que la veteranía sea un grado, de que para nosotros un recién llegado o una vaca sagrada de las de toda la vida pueden estar al mismo nivel y que, lo único que marcará la diferencia entre ellos, no será cuánto tiempo lleven en este mundillo, sino cuán interesante nos parezca lo que hacen o dicen. No aceptamos que alguien, por el mero hecho de llevar más tiempo pululando por ahí, tenga que ser necesariamente más importante o más respetable. No nos gustan los patriarcas, ni venerables ni de ninguna otra clase. Y supongo que, en consecuencia, no los tratamos con el debido respeto.

Quién sabe. Quizá todo se reduzca a algo tan sencillo como que no vamos por la vida pidiendo perdón por ser lo que somos. Y eso, curiosamente, resulta imperdonable para muchos.

© 2007, Rodolfo Martínez

10 comentarios

  1. Para los que como yo vivimos ajenos al fandom, estos post son muy ilustrativos; ahora sé que existe un señor que se llama Javier Cuevas (debe ser otro señor del mal, aunque por lo que hasta hoy había leído tú eras el único señor del mal astur), y que los de Avalon os sentís un poco como los del séptimo de caballería en Little Bighorn. :P

    Lo que me sorprende de veras es que exista en realidad ese comportamiento de clanes en guerra entre los colectivos de aficionados a la literatura y demás productos de la llamada subcultura de géneros. Porque me lo cuentan, lo leo una y otra vez, y siempre acabo acordándome de los conflictos entre grupos roleros de mi pueblo de cuando todo cristo jugaba en los salones de la Juventud, esa época feliz en que todos teníamos dieciséis años y muy poco seso en la cabeza; y esas cosas se curan con los años, joer, que una afición y un placer en la degustación de literatura, música o cine de un determinado género debiera ser un disfrute íntimo cuyas alegrías compartir con esos colectivos, y no una fuente inagotable de hiel.

  2. Es algo inherente al hecho de organizarse. Como postulaba Howard (y yo le creo a pies juntillas) la civilización está corrupta por naturaleza…

    Lo que aquí se describe no es nada excepcional, sino lo de siempre, lo que tiene que suceder por que es así y no hay más. Y esto es una muestra del por qué, como le expresé recientemente a Rudy en uno de nuestros (eternos) debates, el ser humano en general ya me tiene completamente desilusionado. En general.

  3. V. dijo:
    “ahora sé que existe un señor que se llama Javier Cuevas”

    No hagas caso. Es una leyenda. Otra patraña inventada por los astures para asustar a los niños y que se coman la sopa.
    Digan lo que digan los avalonios, tales seres no existen, ni han existido nunca…

  4. A mi no me engañas, yo os he visto como os saludais, con esos complicados gestos de mano, y he visto como los demás te llaman sire y se arrodillan en señal de respeto a tu paso… lo de la Cienciología hay un paso.

    (En España cuando haces un sarcasmo no hace falta decirlo explícitamente, verdad? la gente lo pilla)

  5. “Javier Cuevas (debe ser otro señor del mal”

    De hecho, recuerdo que alguien lo definió una vez como “mi gemelo malvado”. No sé exactamente qué quería decir.

    En cuanto a lo de Little Big Horn… En realidad, creo que nos sentimos más bien perplejos y ocasionalmente divertidos ante ciertas actitudes.

  6. Rudy dijo:

    “Javier Cuevas (debe ser otro señor del mal”

    De hecho, recuerdo que alguien lo definió una vez como “mi gemelo malvado”. No sé exactamente qué quería decir.

    ¿No dijeron “tu reflejo oscuro” o algo así…? Y, por otra parte, tener un lado oscuro inexistente es una birria de lado oscuro, permíteme que te lo diga

  7. “Gemelo malvado”, “lado oscuro”… bueno, sí, algo parecido en todo caso.

    Y sí, no sólo tengo una birria de trolls (alguien me dijo la semana pasada que si los tenía entrenados, porque eran totalmente predecibles) sino una birria de lado oscuro. Qué le vamos a hacer.

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