El ego y la auténtica estatura

Como escritor que soy yo mismo, es normal que, en determinadas ocasiones, me mueva entre escritores. Y, si algo he ido viendo es que, cuanto menos tienen que demostrar (porque sus libros, y las ventas de éstos, hablan por sí mismos) menos importancia parece que se dan.

Me viene ahora a la mente, por ejemplo, Alfonso Mateo-Sagasta, un hombre cordial, campechano y sin las menores ínfulas de autoimportancia. Podría tener motivos para mirarme por encima del hombro y no dignarse a dirigirme la palabra (al fin y al cabo, de uno solo de sus libros vende bastante más que yo de todos los míos) pero, no sólo no es el caso, sino que es uno de los tipos más sencillos y amables que he conocido.

O, si nos vamos al mundillo del fantástico, pienso en León Arsenal y Javier Negrete, cuyo éxito y popularidad no traen aparejados pijoterismo alguno y que, desde luego, no pasean por el escenario de la vida como si fueran un par de prima donnas.

Otros, sin embargo, que han logrado bastante menos, se mueven por el mundo como si los demás les debiéramos algo y han creado su propia corte de adoradores que les ríen las gracias y les cantan las loas. En su divismo, por otro lado, hay un deje evidente de amargura ante lo mal que los ha tratado la vida pese al enorme talento que tienen; llegando incluso a afirmar que la culpa de que sus libros no se vendan mejor es porque los lectores no tienen ni puñetera idea.

“Quien tiene poder, no lo demuestra”, suele decir una persona muy cercana. No creo que la frase sea del todo cierta y, como en cualquier expresión lapidaria, habría mucho que matizar. Pese a todo, no deja de tener su parte de razón y expresa con bastante contundencia un hecho tan cotidiano como el de que, cuanto menos importante eres, más aspavientos haces de tu importancia.

7 comentarios

  1. Sí, sé que es lo que parece, pero en realidad ni siquiera pensaba en ellos cuando escribí esto.

    Aunque, por otro lado, son tan fáciles de provocar que cómo resistirse…

  2. Ya supongo que no ibas por el alimentar trolls porque sí, pero como los veo venir ;-)

    En cuanto a lo que dices, será porque mi profesión es una profesión de egocentristas pero la verdad es que no me pilla para nada de sorpresa. El ego malentendido -porque yo creo que hay un ego que no es malo, y que tiene que ver más con la autoestima del creador en tanto creador que con otra cosa- es muy común en los ámbitos creativos. Acontece que son los más berzas quienes más desarrollado tienen el ego, quienes más aires se dan y quienes más acostumbran a mirar por encima del hombro al común de los mortales; acontece también que el común de los mortales, creadores o no, artistas o no, podrán ser mortales pero no gilipollas, y antes se pilla a un egocéntrico patán que a un mentiroso, que ya es decir. O sea, que al final, esos pobres desgraciados, que es lo que son en el aspecto de su vida al que dan más importancia, van de ridículo en ridículo sin darse ni cuenta.

  3. Rudy, querido, con tu permiso voy a reenviar esto a mi taller y a una lista de ciencia ficción, que creo que un sacudón con reflexión incorporada puede dar para un interesante debate.

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