Beowulf: Los monstruos y las cuotas

Temo que hoy voy a ser especialmente disperso, más de lo habitual. Y es que, como se suele decir, una cosa lleva a la otra y, cuando te das cuenta, estás hablando de algo que no tiene nada que ver con lo que decías al principio.

Por otro lado, es bien sabido que las cosas van por rachas. Aunque este caso no es exactamente eso. No se trata de que, de pronto, nos lluevan las adaptaciones de la leyenda de Beowulf, una detrás de otra y sin solución de continuidad. Sino de que en los últimos años (unos ocho o diez, más o menos) se han ido produciendo distintos acercamientos al viejo poema anglosajón y ahora mismo, si la memoria no me falla, contamos con no menos de cinco adaptaciones cinematográficas del asunto y es posible que se me esté olvidando alguna.

De la última me acabo de enterar hace unos días. Dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por Angelina Jolie, Ray Winston, Anthony Hopkins, Robin Wright y John Malkovich, entre otros. Por las imágenes que he visto la película parece estar íntegramente realizada en 3D usando a los actores reales como modelos (una cosa al estilo de Polar Express, tal vez) o, cuando menos, todas las imágenes se han realzado digitalmente, vista la apariencia -y sobre todo la textura, no sólo de fondos, sino de personajes- que tiene la cosa. Gaiman es uno de los firmantes del guión, por otro lado; lo cual puede estar muy bien, puede estar muy mal o puede no significar absolutamente nada.

Diría que tiene buena pinta (sí, vale, cualquier cosa en la que aparezca Angelina me parece tener buena pinta, pero vamos a dejarlo) o cuando menos hay detrás gente lo bastante competetente para que el producto final vaya a merecer la pena. Lo veremos a finales de noviembre, en todo caso.

Echarle un vistazo al preview de esta nueva versión de Beowulf (y de paso, recordar algunas de las anteriores, como la de Mctiernan -quizá mi favorita-) me ha traído a la memoria una de las conferencias más famosas que impartió JRRR Tolkien durante su carrera docente. Se llamaba Beowulf: los monstruos y los críticos y analizaba con dureza el exceso de hojarasca interpretativa que la crítica había ido añadiendo al sentido del poema con el correr de los tiempo.

Pensar en eso (ya dije que hoy iba a ser disperso) me ha recordado otra cosa. El sábado, mientras me fumaba un cigarrillo antes de entrar en el cine, vi un cartel que no anunciaba ninguna película. De hecho, decía algo como: “Próximamente en esta pantalla: Nada de nada, gracias a la nueva ley del cine”. Fue así cómo me enteré de que de nuevo se van a aumentar las cuotas de cine español exhibidas obligatoriamente en nuestras salas. La queja del cartel venía a ser que a causa de eso tendrían que cerrar, ya que para tener las salas vacías (porque, quién coño va a ir a ver toda esa pila de bodrios españoles) mejor chapaban el negocio.

Y eso me hizo recordar que J. Michael Straczynski ha preparado un nuevo telefim de Babylon 5, y que lo ha lanzado directamente al mercado del DVD, sin exhibición previa en televisión. Lo que, como no podía ser menos, me llevó a pensar en la inercia de una industria (y de un gobierno que insiste una y otra vez en proteger con dinero y leyes un cine que no es capaz de despertar el interés de su propio público) que sigue empeñada en sostener un modelo de negocio que está dando sus últimos coletazos.

Sí, bastante disperso, como decía antes. De un poema épico en anglosajón al futuro del cine y el modo en que la pantalla casera está llamada a sustituir (le pese a quien le pese) a la pantalla de la sala de cine en un futuro no muy lejano. Quizá no completamente, pero sí en su mayor parte. Ya está pasando, de hecho. Quizá los estrenos directos en DVD (o el formato que vaya a sustituirlo) sean ahora mismo una excepción. Pero no tardarán en ser la norma.

Y ya, para seguir dispersándonos y volver más incoherente aún esta entrada, un nuevo apunte. El tema de la cuota de pantalla, la insistencia del gobierno en obligarnos a ver un cine hecho por cuatro colegas para que babeen esos cuatro colegas y todos se puedan chupar la polla unos a otros -y luego dicen que el fandom es endogámico- y que no interesa ni a su propio equipo técnico, me ha traído a la memoria un test que hice el otro día. Se trata de una de esas cosas que, una vez acabadas, te sitúan políticamente. Veinte preguntas tras las cuales se te define como “autoritario de izquierdas”, “libertario de izquierdas”, “autoritario de derechas” o “libertario de derechas”. No diré ahora qué me salió en el test (otro día, quizá) pero sí una de sus preguntas.

Era algo como “Si una forma de arte no interesa al público, ¿cree que el gobierno debería subvencionarla para que no desaparezca?”.

Mi respuesta fue que no, que no debería hacerlo, por si a alguien le interesa.

PD: Había terminado, pero me temo que hoy tengo el día especialmente disperso. Un último apunte sobre cuotas, cine español y demás. Un eslogan, tal vez; quizá para una camiseta, por qué no: “Menos pajas mentales y más buen cine de género”.

© 2007, Rodolfo Martínez

5 comentarios

  1. Estoy dispersamente de acuerdo :) Y demos gracias (y supliquemos) que la nueva ley sólo exija cuotas y no prevea subvencionar a los cines que las cumplan porque entonces el cine al que fuiste no cerrará… gracias a los paganos de siempre que además tampoco iremos a ver los habituales bodrios.

  2. Yo también vi ese cartel, precisamente en los cines de la Calzada en Gijón. Salía de ver Los Simpsons y me llamó la atención.

    Siempre he estado en contra de la dichosa ley de cine, un invento sacado de la manga para enriquecer (más) a una pandilla de cineastas que hacen cuarenta churros de los cuales uno llega a ser mediocre. Si esos señores supiesen hacer su trabajo y tuviesen algo de conocimiento sobre su supuesta profesión, ni tendrían problemas ni haría falta ley alguna sobre el asunto. Recuerdo que en su momento, hace unos meses, me dije: “Como sea verdad que van a aprobar la ley del cine, no vuelvo a ver una película española hasta que esa ley sea historia”. Así que ahora cumplo, aún cuando sé que es algo exagerado por mi parte, aunque también me parece exagerado que se haga una ley de ese tipo. Lo que hace falta no es eso, sino buenos directores y actores: personas como Gerard Depardieu, Anthony Hopkins, Ava Gardner, Grace Kelly, Cary Grant o Gary Cooper están a milenios-luz de los actores de por aquí. Ya que hablas de test, propongo algo parecido: en ese enlace se muestra un listado de las mejores 100 estrellas del cine americano (lo siento, no encontré nada más “universal”). ¿Alguien puede encontrar un actor español comparable a alguno de los mencionados?

    http://en.wikipedia.org/wiki/AFI%27s_100_Years…_100_Stars

    Sobre directores prefiero ni comparar para no ser demasiado cruel…

  3. Allí mismo vi ese cartel, mientras esperaba para ver Transformers. Como me digas que fue el sábado pasado, no coincidimos por los mismísimos pelos.

  4. Fue el domingo. Ese día fui a ver la exhibición aérea en el Muro y como por la tarde ya estaba asado de calor preferí hacia las 18h meterme en el cine… y bien tranquilo (y fresquito) que estaba.

    Por cierto, que otra cosa triste es la cantidad de cines que se han extinguido en Gijón (en Oviedo otro tanto, tras la muerte de los Brooklyn). Después de la muerte de los Hollywood, transformados en un horrendo Alimerka (digo horrendo no por la cadena de supermercados, sino porque es deprimente pasarse por allí ahora) ya sólo quedan los de San Agustín y los de la Calzada… y crucemos los dedos de que no desaparezcan. Increíble, quién lo iba a decir hace diez o quince años, por poner unas escala temporal. De hecho, hace unas semanas me fui a Valladolid por motivos laborales y me quedé sorprendido al ver que había cines de “los de siempre” en las calles de la ciudad… y lo que más me sorprendió, tras reflexionar unos momentos, es el hecho de sorprenderme por algo que no hace tanto era tan normal.

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