La dictadura del pensamiento mayoritario y otras obscenidades

Leo hace unos días en la bitácora de mi buen amigo Rafael Marín que pretenden prohibir Tintín en el Congo en Inglaterra a causa de su contenido racista. Tiene narices la cosa, que nunca he soportado al personaje de Hergé y ahora voy a tener que salir en su defensa.

Y es que yo no quiero, pero me obligan.

Como decía, Tintín siempre me ha parecido insufrible. El personaje me resulta repelente, el dibujo no me atrae lo más mínimo y las historias me parecen tontas y sin interés. Jamás he entendido el entusiasmo que despertaba y despierta en todo el mundo, lo confieso.

Y sin duda Tintín en el Congo está llena de contenidos racistas.

¿Y qué?

Quizá sea un tipo raro, pero a una sociedad que no permite la expresión de opiniones incómodas, soeces, repugnantes, que atenten contra los más sagrados principios que la rigen… bueno, a esa sociedad no la llamo democrática. Para mí no es más que otra clase de dictadura. La dictadura de la mayoría, tal vez; o quizá la dictadura de un cierto tipo de pensamiento que la clase dirigente ha decidido que debe ser el mayoritario, ya sea cierto o no.

Dictadura, al fin y al cabo.

Porque, para mí, uno de los componentes básicos de un sistema que se llame a sí mismo democrático, es precisamente que debe permitir (incluso diría que alentar) todo tipo de opiniones. Incluso aquellas que atenten contra sus valores; o quizá sobre todo aquellas que atenten contra sus valores. De lo contrario, el sistema se traiciona, se debilita y, a la postre, se acaba matando a sí mismo.

Alguien lo dijo en el siglo XIX y sigue tan vigente hoy como entonces: “No estoy acuerdo con nada de lo que dices, pero estoy dispuesto a morir por defender tu derecho a decirlo”. Parafraseándolo, podríamos decir: “encuentro repugnante lo que dices, pero estoy dispuesto a morir por tu derecho a decirlo”.

Pero no hace falta buscar la paja en el ojo ajeno, por supuesto, ni irnos a Inglaterra para encontrar casos de papanatismo que atentan directamente contra uno de los pilares básicos del sistema, la libertad de expresión. Ahí está ese número secuestrado de El jueves, al fin y al cabo. Vale que (como he oído hace un par de días en la radio) la portada era soez y vulgar y, seguramente, atentaba contra la dignidad de las personas reflejadas en ella.

Y otra vez me pregunto: ¿y qué?

El asunto me resulta chocante por varios motivos.

El primero lo comenta Skalagrim en su blog, cuando habla de que quizá sería necesario que alguien se repasara el final de El escándalo Larry Flint y el alegato que el abogado de éste hace ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Es un caso bastante similar, en cierto modo, pues si no recuerdo mal la historia, Flint había sido denunciado por una parodia en la que mostraba a un famoso predicador follándose a una oveja o manteniendo relaciones sexuales con su madre o algo parecido. El discurso del abogado de Flint, el modo en que argumenta que sin derecho a la parodia (por sangrante, obscena, soez y vulgar que sea) de los personajes públicos no puede haber verdaderas garantías de libertad, debería ser grabado en titanio y colgado de unas cuantas paredes en todo el mundo. A ver si a base de leerlo les entraba en la cabeza.

Por oto lado, creo que las mismas personas que aparecen en la famosa portada ya habían sido reflejadas varias veces en la misma publicación de un modo bastante cruel que ponía en solfa su inteligencia (o carencia de ella) y su medio de vida (o ausencia del mismo). Y no ha pasado nada… hasta que los dos aparecen en una actitud explícitamente sexual. ¿Es eso? ¿Puedes poner como tonto al heredero de la Corona y no pasa nada pero si lo muestras follando se arma la gorda? ¿Lo insultante vale, pero lo obsceno, no?

Claro que, si hablamos de obscenidad, más obsceno me parece el hecho de que si yo fuera el aparecido en la portada, por ejemplo, tendría que ir al juzgado y denunciar la injuria, mientras que el ciudadano Felipe de Borbón y Grecia ha tenido todo un Fiscal General del Estado para que actúe de oficio por él sin que tenga que mover un dedo. Un Fiscal, por cierto, pagado con mi dinero y al que, por tanto, considero mi empleado; del mismo modo que considero mis empleados a todos los funcionarios públicos, los políticos en cargos electos y, por supuesto, los miembros de la Casa Real (estos últimos con un contrato bastante más “blindado” que funcionarios y políticos electos, ciertamente).

Si todos los ciudadanos somos iguales ante la ley… ¿por qué sigue habiendo algunos que son más iguales que otros? ¿Por qué todo el aparato del Estado se pone en marcha para defender la dignidad de alguien que no es ni más ni menos ciudadano que yo?

La argumentación es que no se le ha injuriado a él, como persona, sino a la institución que representa.

Y no, no me lo trago. Entre otras cosas, porque eso implica entrar en un túnel de difícil salida. Si empezamos a confundir a las personas con los cargos que ocupan o las instituciones que representan, nos metemos en una espiral chunga que puede acabar en que no tengas derecho a decir que tu presidente del gobierno es un incompetente porque eso sería de acusar de incompetencia a la institución de la Presidencia y no a la persona que en ese momento ocupa el puesto.

Los abogados y juristas lo pondrán como lo pondrán, me da igual. Para mí, los únicos atacados en la famosa portada son dos ciudadanos comunes: Felipe de Borbón y Grecia y Letizia Ortiz Rocasolano. Que hagan como haría cualquier otro ciudadano, que contraten un abogado que presente la pertinente denuncia por injuria a sus personas en el juzgado que corresponda. Y si no lo hacen (si no lo han hecho) entonces nadie más debería mover un dedo.

Y mucho menos, alguien trabaja para todos nosotros, como es el Fiscal General del Estado.

Repito, para todos nosotros.

© 2007, Rodolfo Martínez

6 comentarios

  1. Lo de Tintin es que lo quieren sacar de la sección para niños (el del Congo), o por lo menos diferenciarlo del resto de libros de Hergé.

  2. Qué razón tenían los del Jueves (por cierto, el señor Manel Fontdevila) en un número en el que puso en boca de dos potentados capitalistas “Ay… ¡algún día, en nombre del respeto a la libertad y la democracia conseguiremos cargarnos el respeto a la libertad y la democracia!”
    Por cierto, era en el número dedicado a las caricaturas de Mahoma, ese cuyo chiste de portada mucha gente no entendió…
    Y lo de censurar Tintín por unas opiniones de las que se detractó el mismo autor al madurar como persona es tan estúpido como lo de borrar digitalmente los cigarrillos de los capítulos de Tom y Jerry, po favó…

  3. De hecho, si la cuestión es la que comenta Alfredo, entonces el tema tiene una derivación bastante interesante: el sobreproteccionismo de nuestra infancia en los últimos años. Haciendo una analogía: si es cierto que el exceso de higiene física ha traído consigo una propensión a las alergias entre los niños, ¿qué nos traerá el exceso de “higiene intelectual”?

  4. Tampoco veo el problema. Nada impide a un padre comprarle el Tintín a su hijo si es que lo considera apropiado. (Y quién dice Tintin dice cualquier cosa)
    Lo que pasa es que hoy en día los libros tienen que llevar etiqueta de edad por la parte de detrás para que los padres no tengan que preocuparse de lo que están comprando. Sad but true.

  5. A mi esto me recuerda a los Corleone, salvando la distancia y con cierto tufillo a dictadura estatal o real, no hay que olvidar de donde vienen. Sin embargo siento más simpatía por el señor Brando, Pacino, Caan y Duvall, que por la familia Real,que le vamos a hacer. En España siempre hemos sido un poco más cutres, tal vez falta de estilo,seguimos siendo como nos pintaba Velazquez y Goya.
    Y en el fondo y en la superficie , por mucho que le de vueltas al asunto, me doy cuenta que es un problema de hipocresia que se extiende ayende Europa, desde USA hasta donde sea, y más allá. Se trata de hacer lo politicamente correcto, de cogerla con papel de fumar, de estar ahí para hacer la foto, de aparentar. Porque hay problemas mucho más graves que una viñeta de comic, a mí me lo parece, problemas tópicos, de acuerdo, pero problemas más graves y reales. Sin embargo se empecinan en hacernos creer que todo es maravilloso, la seguridad y el bienestar con el que se les llena la boca hablando de cosas que nunca podrán garantizar. De criar energúmenos sin educación cuyos padres darán con sus huesos en un asilo cuando menos se lo esperen. Lo peor de todo no es eso, es que a la gente de a pie , le da igual. Siguen con sus vidas como si nada y esa telaraña invisible de totitalitarismo se va extiendo más y más hasta que no nos deje ver ni respirar y ¿Qué vamos a hacer entonces?

  6. Creo que fue Voltaire, en el siglo XVII, el que dijo lo de pelearse por el derecho a que cualquiera pudiese expresar su opinión. Sobre lo demás, creo que cada uno debe ser su propio censor, pero también debemos aceptar las consecuencias de nuestros actos o palabras.

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