No hay tres sin cuatro, dicen
Miércoles, Julio 4th, 2007 Pertenece a Mi misma mismidad, Pergeñando | 8 comentarios »- El mismo día, hace un año: Oído cocina ,
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Hace ya más de dieciséis años (una primavera de 1993) me senté a escribir lo que luego se convirtió en “La sabiduría de los muertos”. Ya lo he contado en otras partes, incluso puede que aquí mismo. Llevaba muchos años escribiendo pequeños pastiches holmesianos que no llegaban a parte alguna, aunque me sentía moderadamente satisfecho de un par de ellos, un cuento y una novela corta que me parecía que no estaban mal, si bien no eran como para tirar cohetes.
Y de pronto, “La sabiduría de los muertos” surgió por sí misma, casi sin intervención de mi mente consciente. La historia estaba completa y sólo tuve que sentarme y escribirla en una semana de trabajo intenso durante la que no podía pensar en otra cosa.
Creí que se había acabado, lo digo en serio.
¿Cómo iba a sospechar, once años más tarde, mientras revisaba mis textos holmesianos para la edición de Bibliópolis de Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, que eso haría germinar nuevas historias? ¿Cómo podía saber que escribir lo que acabó convirtiéndose en Sherlock Holmes y las huellas del poeta me llevaría a imaginar otra novela holmesiana? ¿Y cómo podía suponer que la edición portuguesa del primer libro y la consiguiente visita a Portugal acabaría metiendo en mi mente, sin que yo pudiera evitarlo, otra novela holmesiana más?
Aquí están, tres de ellas. La cuarta, Sherlock Holmes y el heredero de nadie, en camino y, si todo va bien, espero tenerla lista en un tiempo razonable. Desconozco qué acojimiento tendrá la tercera, Sherlock Holmes y la boca del infierno. Dado que que los puristas holmesianos ya rechinaron los dientes con la segunda, temo que volverán a hacerlo con ésta, si es que la leen. Y puesto que hay, por aquí y por allá, algunas personas que me tienen ganas, aprovecharán sin duda la publicación de la novela para darle caña o para fingir que ni existe.
Bueno, esas cosas pasan.
Y también pasan otras. Como el hecho de que hace dieciséis años yo no podía sospechar que, década y media más tarde estaría escribiendo novelas en las que intentaba reconstruir el universo de ficción de mi infancia y adolescencia y, para ello, usaba como punto de partida las ficciones de Conan Doyle y de Lovecraft. Y mucho menos podía sospechar que lo que, en el fondo no era otra cosa que un divertimento personal, acabaría convirtiéndose en tres libros y con el cuarto en camino.
Y quizá algo más, incluso. Mi relación con el detective de Baker Street posiblemente llegue a su fin con Sherlock Holmes y el heredero de nadie, pero no con el universo de ficción que he creado (o ensamblado, quizá sería más apropiado) con estas tres novelas y que sigo explorando en la cuarta. No sé aún muy bien cómo lo haré, aunque tengo unas cuantas ideas (siempre tengo unas cuantas ideas en la cabeza, resulta hasta irritante, a veces) y sé que, tarde o temprano volveré sobre ese cosmos ficticio que ido componiendo en mi obra holmesiana y exploraré nuevos aspectos de él.
No sé cómo ni cuándo, ya lo he dicho. Pero lo haré.
© 2007, Rodolfo Martínez



