Citas citables: El Thor de Walter Simonson

Recientemente he vuelto a leerlo y, una vez más, lo he disfrutado hasta la última viñeta. La inteligente y divertidísima combinación que Simonson logra del más clásico tebeo de superhéroes y todo el material mitológico escandivano me sigue funcionando, emocionando y entreteniendo, diez años después de su primera publicación.

En obras posteriores, Simonson refinaría su dibujo. Pero si bien aquí da más de una vez la impresión de ser demasiado “apresurado”, eso no le resta ni un ápice de eficacia narrativa. Y cuando a mitad de su paso por la serie cede los lápices a Sal Buscema, éste logra una perfecta integración con el estilo de dibujo de Simonson (o quizá Simonson lo buscó precisamente porque le parecía compatible con lo que él había hecho previamente) y la serie no decae ni narrativa ni gráficamente.

Siempre pensé que, tras la marcha de Walt Simonson de Thor, deberían haber cerrado la colección. Su trabajo había sido tan bueno que me resultaba difícil concebir que alguien pudiera volver a hacer algo que estuviera a la altura del personaje. Lo poco que he leído del Thor posterior a Simonson no me ha hecho cambiar de idea.

La serie está llena de momentos épicos (casi toda ella, pero La Saga de Surtur o la parte final de La maldición de Hela podrían ser los más característicos), humorísticos (cuando Nick Furia le proporciona a Thor una identidad secreta visténdolo de civil y poniéndoles unas gafas con la coletilla de “si al otro tipo le funciona…”, o cuando Loki convierte en rana al dios del trueno) y emotivos (las subtramas con Balder y Karnilla, el triángulo entre Siff, Thor y Bill Rayos Beta, la historia de los niños mortales criados en Asgard o el viaje al reino de Hel para rescatatar las almas de los mortales injustamente arrastradas al país de los muertos). Tiene de todo, y poco malo se puede decir de ella. Tal vez que dura demasiado poco. Es difícil reseñar un momento que descolle sobre los demás.

Quizá, porque fue lo primero que leí, es el enfrentamiento entre Jormungand y el dios del trueno el que más ha impactado. Para entonces, como ya dije, Simonson había cedido los lápices a Sal Buscema, pero en el número en el que Thor se enfrenta a la serpiente de Midgard, Simonson vuelve al dibujo con una historia narrada en páginas de una sola viñeta (splah pages, creo que es término yanqui) que poco tiene que envidiar en fuerza narrativa y aliento épico a las sagas escandinavas.

El momento que quiero citar es el que tiene lugar justo antes de ese enfrentamiento. Jormungand, disfrazado como un dragón llamado Fing-Fang-Fum (un personaje pre-Marvel bastante ridículo creado por Kirby), se encuentra con Thor y ambos mantienen un diálogo lleno de dobles sentidos que bebe claramente en las historias clásicas de enfrentamiento dialéctico con un dragón, donde nunca hay que decir la verdad y hay que esconder ésta tras enigmas. Ninguno de los dos contendientes sabe realmente con quién está hablando, hasta que Jormungand decide hacer caer el velo de la ilusión y se revela ante su oponente. Al hacer patente su verdadera naturaleza, el mundo entero se paraliza y Jormungand asume que también lo ha hecho el mortal (pues eso cree que es) con quien estaba hablando:

JORMUNGAND: Qué lástima, pequeño. Olvidé preguntar tu nombre antes de parar el reloj de la ilusión y revelarme en toda mi gloria. No importa. Cuando estés muerto asumiré otro disfraz y asistiré al duelo de tus amigos. Las mujeres gritarán su lamento y llorarán tu nombre y conoceré a mi enemigo. Pero ahora habrás de enfrentrarte sin nombre y con temor a tus dioses.

THOR: Sólo un loco ignora el temor, serpiente. Y no estoy loco.

JORMUNGAND: ¿¡Qué!?

THOR: Pero, igual que tú, tengo muchos nombres. Vinghtor el Lanzador, el Hijo de la Larga Barba y enemigo de Hrodr. En su hogar ancestral, el sabio Hymir me conoce como Veur. Compañero del infeliz Hrungnir, me han llamado algunos. Al este de Elvigar, en tierra de gigantes, susurran el nombre de Hlorjdi. Mi padre me llama hijo. Mi madre me llama querido. Y, bajo las bóvedas celestes, soy Thor Odinson, dios del trueno, temor de Jormungand. ¡Porque soy el portador de Mjolnir, el demoledor, la maza encantada del trueno y el rayo que tu padre odia! Y también tiene otro nombre. En el fragor de la tormenta ruge su furia y lo grita. ¿Lo oyes, serpiente? ¡Es tu veneno lo que lleva, Hija de Loki! ¡El fin de toda ilusión! ¡Porque el martillo canta la muerte de Jormungand!

Walt Simonson: Thor

Así pensaba terminar, pero acabo de recordar otro momento, que no puedo evitar citar. En plena batalla con su enemigo, justo antes del enfrentamiento definitivo (con Thor y Jormungand lanzándose el uno contra el otro con todo su poder) el dios del trueno dice: “Eres un poderoso luchador, pero al final no eres más que una criatura egoista. Mientras que los héroes… ¡Los héroes tienen una capacidad infinita de estupidez! ¡Y así nacen las leyendas!”.

Así se acercaba al final uno de los mejores tebeos de superhéroes que he leído en mi vida.

© 2007, Rodolfo Martínez

2 comentarios

  1. ¿Sabes que me pegué una leche (moderada) con el coche por ir más atento al primer tebeo de Thor de Simonson que a la conducción?

    Pasó mi amigo a la última página, donde Don Blake grita “¡Paaaadre!” (pero en inglés, era un tebeo yanqui), y el trueno de la viñeta, craaaack, fue el trueno de mi coche que se estampaba contra un coche aparcado.

    Y luego dicen que los tebeos no son peligrosos.

  2. Vamos, como aquello de “por la raja de tu falda / yo me di un piñazo con un SEAT Panda”, pero por un Tebeo.

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