Incidente en el ferrocarril

Ayer, como muchas otras veces, volvía de trabajar en tren. Al entrar en el vagón vi a cuatro individuos que inmediatamente mi mente catalogó como gente con “pinta de rumanos”. Me senté, saqué mi billeté y seguí con la lectura del libro de historia de Asimov, que es lo que me da por leer estos días.

Poco después llegó el revisor, me pidió el billete y, tras comprobarlo, pasó al siguiente. Que eran los tipos con “pinta de rumanos” y que, efectivamente, resultaron ser rumanos. No tenían billete, cosa en la que no vi nada raro, pues a lo largo del trayecto hay muchos apeaderos sin posibilidad de expenderlo.

Pero la reacción del revisor fue, como poco, curiosa. De muy malos modos empezó a preguntarles que por qué no tenían billete. Se miran unos a otros y se encogen de hombros. El tipo sigue erre que erre: “A ver, ¿por qué no tenéis billete?” y ellos se encogen de hombros. “A ver, ¿por dónde entrasteis en la estación? Claro, os colasteis, seguro, si ya me conozco yo el percal”. Todo esto en voz bien alta y en un tono bastante desagradable.

Finalmente, les cobra. Ellos le tienden el dinero para que lo coja y el tipo lo hace, de bastante malos modos y les da la vuelta. Uno de ellos se pone a contar lo que les ha devuelto y chapurrea en un español chungo que le ha devuelto de menos. El revisor -siempre en el mismo tono “amable”- dice que no, que ha devuelto lo que tenía que devolver. El tipo vuelve a contar su dinero y dice que no, que le ha devuelto de menos. Y el revisor insiste en lo suyo.

El revisor se va.

De pronto uno de los rumanos le llama. Van hasta el final de la línea, así que además del billete necesitan una tarjeta para pasar por la barrera, que el revisor no les ha dado. Al oír lo que le dicen, el tipo se sonríe y dice: “Nada, hombre, tranquilo, que ya te abro yo”, en un tonillo mordaz. “Tú tranquilo, no te preocupes”, insiste.

Al llegar a una de las estaciones del medio veo cómo el revisor habla con uno de los empleados de allí y le dice que avise a la Policía para que estén esperando en Gijón, al final del trayecto.

Y sigue el viaje. Los rumanos de vez en cuando le preguntan por la tarjeta, cuando lo ven pasar a su lado. Y él: “Que sí, hombre, que va a haber alguien esperando para abriros”.

El resultado: justo una estación antes de llegar al final, en un barrio de Gijón, los cuatro tipos se bajan.

Final del trayecto. Y, en efecto, hay un poli esperando. El revisor le cuenta lo que ha pasado: “Nada, hombre, unos rumanos, se han bajado antes. Ya sabía yo que iba a pasar así. Na, estos no vuelven a subir”.

Seguí mi camino, así que no sé si la cosa tuvo más secuelas.

Lo que me sorprendió de todo esto no fue la actitud del revisor. Tíos bordes y maleducados los hay en todas partes. Porque quiero resaltar que los cuatro rumanos de marras no estaban haciendo nada fuera de lo normal: sentados, a su bola, sin molestar a nadie. Y, sin mediar palabra, en cuanto vio que no tenían billete, fue el revisor quien empezó en un tono chulesco y malencarado a meterse con ellos. Pero, como digo, bordes y maleducados los hay en todas partes.

Lo que me sorprendió fue la actitud de los que estaban allí, la respuesta de los presentes a lo que pasó. Mientras asistía a la escena (no, no leí mucho de Asimov esa tarde) eché un vistazo a mi alrededor. Y lo que se reflejaba mayoritariamente en los rostros que me rodeaban era un claro apoyo a la actitud del revisor y una evidente “prevención” hacia los cuatro rumanos.

Y luego pensé en lo que había pasado por mi cabeza al entrar en el vagón y verlos allí, con sus pintas cetrinas, mal afeitados y mal vestidos. Inmediatemente sentí una punzada de “mal rollo”. Vi a cuatro tipos a lo suyo, sin molestar a nadie, pero en cuanto los vi nos gustaron sus pintas, me dije “cuatro rumanos” y me dieron mal rollo. Así que malamente puedo deicr nada de la actitud del resto de los pasajeros si la mía fue, de un modo instintivo, prácticamente sin pensar, la misma seguramente que la de ellos.

Todo esto me lleva a un montón de sitios. Y ninguno me gusta mucho. Lo que me dice de mí mismo no es nada que ya no supiera, aunque no resulta agradable: que el animal racista que instintivamente odia a los de la tribu de al lado está dentro de mí y se manifiesta a veces sin que yo tenga ni que invocarlo. Puedo no dejarme llevar por el impulso, hacer que no guíe mi conducta (y creo que así lo hago), pero el impulso existe, está ahí y negarlo sería hipócrita.

Y lo que dice del tranquilo y apacible mundo que me rodea, es aún peor.

Parecerá una tontería, un incidente aislado, un revisor que se puso borde con cuatro personas sin aparente provocación. Pero la reacción de todos (estoy seguro de que tan instintiva, tan sin pensar como lo fue la mía cuando entré en el vagón) define con contundencia una serie de cosas nada agradables. Porque el incidente se prolongó un rato; suficiente para que la gente se parase a pensar en lo que estaba ocurriendo. Y no fue eso lo que vi, precisamente. Era más fácil, tal vez incluso más consolador y reconfortante, dejarse llevar por los prejuicios y los instintos tribales.

Y presiento (no, no soy la pitonisa Lola, ni falta que hace) que todo eso irá creciendo con el tiempo.

© 2007, Rodolfo Martínez

10 comentarios

  1. Precisamente hablaba de esto hace dos días con unos compañeros: ese gesto casi reflejo de protegernos la cartera cuando en el autobús entra un rumano, o un gitano. Es preocupante, sí.

  2. Creo yo que se trata de miedo. Miedo al diferente, al desconocido, al pintas. Y la agresividad, o ponernos a la defensiva, es consecuencia de ese miedo.

  3. Algunas consideraciones:

    – Creo que el revisor hizo bien en llamarles la atención. En RENFE la mayoría de las paradas entre Oviedo y Gijón hay que coger billete, sólo hay unas pocas en las que no… y suelen estar bastante “abandonadas”, pues sube poca gente. En FEVE hay varias paradas (las más importantes) en las que también rige el mismo procedimiento. El revisor tuvo que saber de mano de esos rumanos dónde habían cogido ellos el tren, de tal forma que si les llamó la atención fue porque en la parada en la que esos señores se subieron había puesto de venta o máquinas autoventa y se las saltaron.

    – El hecho de que uno de ellos dijese que le devolvió mal el cambio seguramente se debe a que cuando viajas sin billete el revisor tiene derecho a cobrarte más (en torno a 4.5 euros, creo). Incluso si llevas un bono para varios viajes y no lo cancelas, los revisores no te lo cancelan manualmente y te obligan a pagar (a veces la tasa de 4.5 euros). Eso precisamente me pasó una vez cuando se me olvidó cancelarlo. Me fastidió, pero lo entiendo y acepto, porque las normas son así y están indicadas en carteles de los propios trenes, así que quien avisa no es traidor.

    – Muchos de los revisores tienen un ojo y una memoria muy buena con los viajeros (de hecho, ese es parte de su trabajo). Puede ser que el revisor ya tuviese catalogado de antes a los rumanos y por eso les echase la bronca. Pero la pena es que no se dé un toque de atención en casos más graves: por ejemplo, hay una parada entre Oviedo y Gijón llamada Tabladiello, que está situada justo al lado de la famosa cárcel de Villabona. Desde que hace unos años entrase en funcionamiento esa parada hay presos de la cárcel (en libertad condicional o en algún régimen similar, me imagino) que toman el tren en esa parada a ciertas horas para dirigirse hacia Gijón, Oviedo o Avilés. El caso es que en algunas ocasiones esta gente ha causado algunos problemas de comportamiento por montar jaleo entre ellos, andar mosqueando a los viajeros con malas miradas, meterse con las chicas, etc. Por desgracia ni revisor ni vigilantes de seguridad han coincidido para poner a esta gente en su sitio (y aquí no se trataría de casos de racismo, pues si están en la cárcel ya hay al menos una justificación para desconfiar). De hecho, sé que hubo cierto “movimiento” de alguna asociación o grupos de gente para pedir el cierre de la parada, pero como hay un porcentaje de usuarios de la misma que son simplemente gente del pueblo de Tabladiello no se ha cerrado (además, esa tampoco sería la solución).

    – En lo que respecta a la mala educación del revisor… Spain is different. En muchos otros paises te podrán hacer pagar, pero te tratan con cortesía, que es lo mínimo. Sin embargo, sí estoy de acuerdo en que se aplique la mala educación en algunos casos: por ejemplo, cuando se llama la atención a quienes se sientan y plantan sus pies (zapatos incluidos) en el asiento de enfrente, ensuciándolo. Eso lo hace gente de todo tipo (y no necesariamente los rumanos) y cada vez más… y lo que veo es que los revisores cada vez se molestan menos en llamar la atención ante ese tipo de falta de educación e higiene.

    – Respecto a los rumanos en general, no tengo las ideas claras. Seguro que hay gente que simplemente viene a ganarse la vida sin más y no pretenden molestar a nadie, pero alguna vez he visto actitudes bastante negativas. Me imagino que muchos de ellos, como ocurre en Madrid, estarán metidos en mafias y demás. De todas formas, muchas veces veo algunos (fundamentalmente mujeres) por la calle pidiendo limosna y a veces me pregunto cómo y por qué se ponen en el suelo, pero llevan un cartel impreso con impresora láser plastificado para pedir limosna…!! No sé quién les imprime y plastifica los carteles. A lo mejor son mafias, pero tampoco sé si estaré siendo demasiado conspiranoico al pensar eso…

  4. Todo lo que comentas respecto a billetes, paradas, memoria del revisor y demás puede ser cierto (aunque en FEVE en la línea que va de Avilés a Gijón, la mayoría de las paradas no tienen instalada barrera y algunas de ellas son un simple apeadero en el que hay una marquesina y punto), pero en todo caso eso justificaría la mala hostia y la desconfianza del revisor.

    Pero la reacción “instintiva” de los pasajeros es harina de otro costal, me parece a mí. Eran rumanos o tenían pinta de rumanos, por lo tanto “algo habrían hecho” y el revisor estaba haciendo lo correcto, esa fue la reacción general.

    Y eso fue lo que me pareció preocupante.

  5. Ah, y no aplicó recargo alguno. El revisor dijo varias veces que les había cobrado 1,35 euros (el precio del billete sin recargo) y que les había dado la vuelta correctamente. Lo que, por otro lado puede ser perfectamente cierto, en ningún momento he pretendido que el revisor fuera un chorizo. La diferencia fue que el rumano en cuestión se limitó a manifestar que le parecía que el cambio estaba mal (en un tono tranquilo y normal, ni borde ni chulesco) y la respuesta del revisor fue bastante desmesurada.

  6. Puntualizo y matizo…

    ¿Avilés-Gijón? Vale. No me daba cuenta de que Avilés-Gijón sí es cierto que tiene menos “barreras” o paradas con taquillas/máquinas. Estaba pensando en las líneas de Renfe y en la de Gijón-Laviana de Feve… Por otro lado lo digo porque el comportamiento de los revisores de Renfe y Feve suele variar… en Renfe casi siempre aprovechan para cobrar las tasas extra si no llevas billete, etc.

    Ciertamente estoy de acuerdo en que ningún revisor (o quien sea) debería tener motivos para mostrar malos modales. Siempre he pensado que el derecho a ser un maleducado sólo te lo da quien es maleducado contigo previamente y aún así tampoco es necesario responder con la misma moneda. Sólo en algunos casos como el que te comentaba de los viajeros que ponen los pies en los asientos o van montando bulla, disfrutaría con las broncas del revisor (vete por ejemplo de Laviana a Gijón algunos domingos en el último tren de la tarde -o noche- y verás!!!).

    Sí que es cierto que la reacción de los viajeros es algo preocupante, pero es el habitual “typical Spanish” de andar clasificando a los demás según las pintas que lleve. Vale que hay gente que da miedo con sólo verla, pero generalizar es un error… y lleva a problemas: rechazando a los inmigrantes se crean ghettos de personas no integradas en el pais en el que viven y esos ghettos crea desconfianza y racismo. El problema tiene que ser abordado por ambas partes: “tu te adaptas (a nuestro pais) y yo me adapto (a tus costumbres)”.

    Pero, en efecto, creo que en los próximos años estos temas darán mucho que hablar. Ya se vió en Francia hace año y medio y cuando las barbas del vecino veas pelar…

  7. Pues yo creo que la cosa no va a ir a más, la verdad (sobre todo con los rumanos, de los cuales muchos están volviendo a Rumanía, entrar en la UE es lo que tiene) y creo que cuanto más flujo migratorio hay más se acostumbra la gente. Otra cosa es que se creen ghettos para los inmigrantes y se les explote, entonces se crea otra situación.
    Al menos es la impresión por aquí, en Valencia tenemos una inmigración tremenda, de todas partes del mundo, y no he visto todavía un enfrentamiento o problema racial serio, más allá de los descerebrados anormales de turno.

  8. Yo he ido varias veces en tren de cercanías (RENFE, Asturias) sin billete por múltiples circunstancias (tener tarjeta de estudiante y dejármela en casa, meterme con las prisas en el tren que iba en dirección contraria a la mía, subirme en un apeadero fuera del horario de venta, amables empleadas que les pides a Oviedo y te dan a Serín, etc.) y *nunca* he tenido ningún problema con el revisor ni me ha hecho pagar ningún recargo. Ni siquiera en el último caso.

    Una de dos: o tengo suerte, o no tengo cara de rumano.

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