Territorio incierto: La venganza de los Sith, de Mathew Stover

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¿Qué pasa cuando una novelización es mejor que la película que está adaptando? O bien que la novela es excepcional, o bien que la película es infame.

O algo a medio camino. La película no tiene por qué ser necesariamente mala, pero sí lo bastante fallida para que el encargado de la novelización sea capaz de sacar partido a aspectos de la historia en los que el director se ha mostrado incapaz. O, simplemente, entusiasmarse lo bastante con lo que está contando para poder sacar a la luz aspectos nuevos de lo que ya se ha narrado para otro medio.

Un caso así es el de la novelización del Episodio III de Star Wars, esa Venganza de los Sith que a ratos funciona y a ratos hace desear retorcerle el pescuezo a Lucas por lo incapaz que se muestra en aprovechar algunos de los mejores momentos de su universo.

Es cierto que en lo visual y lo conceptual la nueva trilogía de Star Wars entusiasma y convence; y no lo es menos que la historia que narra tiene los suficientes componentes de mito ultra reconocible y de iconografía bien asentada en el imaginario popular para que funcione en la pantalla. Pero también es cierto que Lucas, pese a ser un brillante creador de conceptos y un eficaz coordinador y supervisor (por no mencionar su habilidad para arreglar más de un gazapo y de dos en la mesa de montaje), no es ni un buen director de actores ni un narrador brillante.

Él mismo ha confesado más de una vez que de todo el proceso de realizar una película, es la dirección de actores la parte que más le aburre y menos le interesa. De hecho, tanto Harrison Ford como Carrie Fisher han comentado en alguna ocasión que Lucas apenas los dirigió durante el rodaje del Episodio IV (no lo llegan a decir literalmente, claro, pero frases del estilo de “George confiaba en nosotros y nos dejaba a nuestro aire”, acompañadas por la adecuada mirada de circunstancias, son más que suficientes). Y si bien es cierto que, en ocasiones, una mala interpretación puede más o menos ser camuflada con un buen montaje, eso no siempre funciona.

Por otro lado, Lucas no es un gran dialoguista; a veces ni siquiera demasiado bueno. De hecho, esta nueva trilogía funciona visual y narrativamente cuando se limita a mostrar lo que ocurre, pero en el momento en que varios personajes interactúan y se definen a través del diálogo parecen malas marionetas movidas por un titiritero no muy hábil. En parte lo compensa con su habilidad para estructurar la trama de forma impecable: el resultado es que, narrativa y dramáticamente la historia está perfectamente dosificada y el autor mantiene siempre sujetas las riendas de lo que narra. Y esas cosas se notan.

Las novelizaciones de Star Wars, por otro lado, no suelen ser nada del otro jueves. Más allá de la primera, escrita hade casi treinta años por Alan Dean Foster (aunque en su momento firmada por Lucas) el resto se han limitado a narrar de un modo simplón y sin florituras el guión en que se basaban. Destaca, por lo infecta que resulta, la adaptación del Episodio I, novela escrita por el incompetente Terry Brooks y que, para rematar la faena, cuenta con una edición española de juzgado de guardia: el libro ha sido traducido por tres personas distintas y, a poco que lo leamos, nos damos cuenta de que cada una de ellas ha traducido un tercio de la novela sin que nadie se haya molestado en unificar términos; el resultado es que la traducción de determinados nombres, objetos y hasta planetas va cambiando a medida que leemos.

Sin embargo, La venganza de los Sith de Mathew Stover resulta una sorpresa más que agradable en el paupérrimo panorama de lo que suelen ser las novelizaciones. Escrita con desparpajo, buen hacer y entusiasmo, no sólo se deja leer sino que es capaz de meterte en el universo de Star Wars y de hacerte sentir los personajes de un modo bastante más eficaz que la película que adapta.

Desde las primeras páginas (un prólogo donde se cuenta el rapto de Palpatine y la expectación que genera en Coruscant cuando se sabe que Skywalker y Kenobi acuden al rescate) Stover demuestra que es capaz de insuflar más vida y entusiasmo al universo de Star Wars que su propio creador.

Nada de lo que se narra en la novela se aparta de lo que hemos visto en la pantalla: la novelización no contradice la película, ambas cuentan la misma historia. Pero en el papel somos capaces de comprender las motivaciones de los personajes, se nos antojan seres creíbles y dejan de ser marionetas movidas para que encajen en una historia prefijada para convertirse en criaturas de tres dimensiones.

Stover es, además, un narrador más que apto y, con sencillez y sin florituras, es capaz de meter al lector en la historia y, sobre todo, de implicarlo en ella, cosa que Lucas no consigue en la pantalla: cierto que nos apabulla con lo grandioso de sus imágenes y juega con habilidad con continuas referencias a nuestra nostalgia de las películas originales, pero el resultado está lleno de altibajos y no termina de convencer.

Por el contrario, la novelización de Stover funciona narrativamente y, de hecho, es capaz de explicar de un modo más convincente y creíble que el film buena parte de la historia que está contando.

En cierto modo, es una muestra de lo que hubiera podido pasar si Lucas, al igual que hizo en el Episodio V, hubiera dejado la dirección y los diálogos en manos de profesionales competentes y se hubiera limitado a hacer lo que mejor sabe: coordinar y supervisar, dar su visión personal a todo el conjunto. Películas que nunca veremos, pero que novelizaciones como ésta nos dan un atisbo de cómo podrían haber sido.

Publicado originalmente en Territorio incierto (Bibliópolis)

© 2007, Rodolfo Martínez

10 comentarios

  1. Cariño, recuerda ir a buscar el pan cuando llegues a casa, que si no luego ya no hay…

    XXX

  2. Hables de lo que hables, tú eres el monotema… ¿que pasa, has llevado a tus trolls a una escuela egocéntrica de adiestramiento o qué?
    Y es que, al final, van a tener razón.
    Como para no endiosarse…

  3. Bueno, V, es lo que tiene ser un fan indiscriminado de algo: lo pillas todo, lo lees todo… o al menos lo intentas. Y en el proceso de vez en cuando encuentras cosas que merecen la pena. Y las que no la merecen… pues te dan más de algo que te guste, aunque sea un “más” mal hecho y a menudo sin demasiado interés.

    Para media docena de novelas y tebeos de Star Wars que merecen la pena, me tragué centenares que ni de lejos. Pero curiosamente, los disfruté todos.

  4. “Rodolfo Martínez: estoy empezando a pensar que un día de estos, de tanto mirarse el ombligo, va a ser absorbido por sí mismo.”

  5. Le llevo leyendo mucho tiempo, señor Rodolfo, aunque no había comentado nunca. No obstante debo admitir que no sabía que fuera usted tan famoso, a juzgar por los comentarios envidiosos que leo aquí.

  6. No, yo tampoco sabía que fuera tan famoso. Pero, como supongo que, además de arrogante y pagado de mí mismo, debo ser un ignorante, es normal que no lo supiera.

  7. “Rodolfo Martínez: estoy empezando a pensar que un día de estos, de tanto mirarse el ombligo, va a ser absorbido por sí mismo.”

    O eso, o acabaré partiéndome la columna vertebral intentando chupar mi propia polla, como comentaban en “Cleks”.

    Ya puestos a decir tonterías…

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