Susceptibilidad y unidireccionalidad

Supongo que soy yo, que tengo ideas raras.

Una de ellas es que cualquier actividad pública es susceptible de ser criticada, siempre que lo sea con argumentos. Es legítimo que se critique una entrada de este blog, un artículo o un relato que publique en una revista o una antología, una novela que escriba… Y además, mosquearme porque la crítica sea dura es una tontería. Es absurdo pretender que todo lo que haces le guste a todo el mundo; aunque supongo que es natural desearlo.

La otra es que la crítica es, por definición, una actividad pública más y, por tanto igualmente susceptible de ser criticada, siempre que lo sea con argumentos.

Pero parece que, en el mundo real, las cosas no funcionan así. En el mundo real parece haber una extraña unidireccionalidad. El crítico puede criticar pero no ser criticado. Y si además quien lo hace es el escritor, éste ha traspasado un límite prohibido.

De nuevo debo ser yo, que tengo ideas raras.

Porque cuando leo una crítica (de cualquier cosa pero también, y especialmente, de mi trabajo) lo único en lo que me paro a pensar es si está fundamentada y bien argumentada. La valoración final que haga de mi obra, aunque me importa (y, evidentemente, prefiero una valoración positiva a una negativa, tonto sería de desear lo contrario), la considero menos relevante que el hecho de que la crítica tenga unos argumentos dignos de ese nombre y que el autor se haya tomado la molestia de explicar y razonar sus juicios de valor.

Y quizá la rareza está en que cuando yo hago una crítica a una crítica que se me ha hecho espero exactamente el mismo trato: que se juzgue la validez de mis argumentos.

Pero no. Parece que no van por ahí los tiros.

Y es… pintoresco cuando menos, porque creo que basta con tener dos dedos de frente para darse cuenta de que las pocas veces que le he dado caña a una crítica no ha sido porque su valoración de mi obra fuese negativa, sino porque consideraba pobres los argumentos usados para esa valoración. Y lo que he intentado entonces ha sido demostrar precisamente eso, la pobreza de esos argumentos; tratando siempre de razonar, exponer y contra-argumentar. Con la pretensión, supongo que un poco estúpida, de invitar a la reflexión.

Y no, claro, no van por ahí los tiros. El resultado en el mundo real es que soy un engreído que machaca sin piedad a quien se atreva a hablar negativamente de lo que escribo.

Bueno, pues que así sea. A estas alturas de mi vida, la verdad, no tengo ningunas ganas de cambiar mi forma de ser.

POSTDATA: Quizá os preguntéis por qué nunca me he tomado la molestia de criticar una crítica positiva a mi obra mal hecha, que las hay, y unas cuantas. Bueno, la respuesta es sencilla: pese a lo que algunos parecen pensar, no soy imbécil.

© 2007, Rodolfo Martínez

5 comentarios

  1. Nah, pero si en esto son siempre los mismos cuatro anónimos. No entiendo cómo no se han cansado ya, supongo que son la variante Aquí hay tomate del fandom. ALGUIEN HA CRITICADO A ALGUIEN… ALGUIEN HA PUESTO ALGO EN SU BLOG… OYE QUE NO TE SENTÓ BIEN AQUELLO QUE ESCRIBIÓ OTRO HACE UN AÑO Y AHORA PUEDES DARLE… TODO ESTO DESPUÉS DE LOS GOOGLEADS… :p

  2. Hmmm… no, Alfredo. El problema no es que sean los cuatro trolls de siempre, o media docena de descerebrados sin nada mejor que hacer y demasiado tiempo libre.

    El problema (al menos para mí) es cuando esas actitudes vienen de personas cuya inteligencia respetas y cuyo criterio siempre te había parecido coherente. Y te aseguro que ha ocurrido. Cada vez que he tenido la osadía de argumentar que una crítica no estaba bien construida o razonada, la actitud de algunas de esas personas no ha sido otra que la de suponer que estoy endiosado, algo se me ha subido a la cabeza y no acepto que se hable mal de mí.

  3. A veces creo que falta algo de perspectiva, la verdad. Aunque normalmente se puede razonar con la gente inteligente, a menos que no quiera, claro. Pero esa es otra cuestión.

  4. Ya lo decía Harry Callahan: “Las opiniones son como los culos: todos tenemos uno”. Estoy de acuerdo en que en este país muchas veces la crítica peca de subjetividad, muchas veces no se valora la obra en sí, y se pone una novela acaer de un burro simplemente porque al crtico de turno no le gusta el género, el autor, o no comulga con su ideología.
    A mí no me vale que diga “¡Esto es una mierda porque lo digo yo!”. Quiero argumentos, y si dice que no le gusta que explique por qué no le ha gustado; si se queja de que está mal escrita, que explique en qué se ha equivocado el autor, porque si no, no estará emitiendo un juicio, sino dando una opinión, todo lo respetable que se quiera, pero una opinión. SU opinión.

    Enhorabuena por el blog. ¿Qué tal un post con consejos para futuros escritores? Estaba pensando en enviar una novela al premio UPC, y querría saber si es prudente registrar antes el manuscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual, o no. ¿Cuál es tu experiencia en el tema?

    Un saludo.

  5. No es la primer vez que me preguntan por lo del registro. Sé que otros lo hacen pero, la verdad, en toda mi vida jamás he registro mi manuscrito en la propiedad intelectual. Y nunca he tenido el menor problema: nadie me lo ha pisado, “fusilado” ni plagiado. Parto de la base de que el 90% de la gente (incluidos editores que aunque no lo parezca también son gente) va a actuar de buena fe en el 90% de los casos. Suena ingenuo, quizá, pero funcionando con esa premisa, nunca he tenido problemas. Si mi manuscrito les parecía interesante, me lo publicaban. Si no, me lo devolvían, pero nunca me lo han robado.

    En cualquier caso, cada maestrillo tiene su librillo, como se suele decir. Y si uno se siente más seguro psicológicamente registrando su manuscrito, tampoco veo nada malo en ello.

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