Susceptibilidad y unidireccionalidad
Lunes, Mayo 21st, 2007 Pertenece a A mi alrededor, El mundo real | 5 comentarios »- El mismo día, hace dos años: Enrique V, Acto IV, Escena III
Supongo que soy yo, que tengo ideas raras.
Una de ellas es que cualquier actividad pública es susceptible de ser criticada, siempre que lo sea con argumentos. Es legítimo que se critique una entrada de este blog, un artículo o un relato que publique en una revista o una antología, una novela que escriba… Y además, mosquearme porque la crítica sea dura es una tontería. Es absurdo pretender que todo lo que haces le guste a todo el mundo; aunque supongo que es natural desearlo.
La otra es que la crítica es, por definición, una actividad pública más y, por tanto igualmente susceptible de ser criticada, siempre que lo sea con argumentos.
Pero parece que, en el mundo real, las cosas no funcionan así. En el mundo real parece haber una extraña unidireccionalidad. El crítico puede criticar pero no ser criticado. Y si además quien lo hace es el escritor, éste ha traspasado un límite prohibido.
De nuevo debo ser yo, que tengo ideas raras.
Porque cuando leo una crítica (de cualquier cosa pero también, y especialmente, de mi trabajo) lo único en lo que me paro a pensar es si está fundamentada y bien argumentada. La valoración final que haga de mi obra, aunque me importa (y, evidentemente, prefiero una valoración positiva a una negativa, tonto sería de desear lo contrario), la considero menos relevante que el hecho de que la crítica tenga unos argumentos dignos de ese nombre y que el autor se haya tomado la molestia de explicar y razonar sus juicios de valor.
Y quizá la rareza está en que cuando yo hago una crítica a una crítica que se me ha hecho espero exactamente el mismo trato: que se juzgue la validez de mis argumentos.
Pero no. Parece que no van por ahí los tiros.
Y es… pintoresco cuando menos, porque creo que basta con tener dos dedos de frente para darse cuenta de que las pocas veces que le he dado caña a una crítica no ha sido porque su valoración de mi obra fuese negativa, sino porque consideraba pobres los argumentos usados para esa valoración. Y lo que he intentado entonces ha sido demostrar precisamente eso, la pobreza de esos argumentos; tratando siempre de razonar, exponer y contra-argumentar. Con la pretensión, supongo que un poco estúpida, de invitar a la reflexión.
Y no, claro, no van por ahí los tiros. El resultado en el mundo real es que soy un engreído que machaca sin piedad a quien se atreva a hablar negativamente de lo que escribo.
Bueno, pues que así sea. A estas alturas de mi vida, la verdad, no tengo ningunas ganas de cambiar mi forma de ser.
POSTDATA: Quizá os preguntéis por qué nunca me he tomado la molestia de criticar una crítica positiva a mi obra mal hecha, que las hay, y unas cuantas. Bueno, la respuesta es sencilla: pese a lo que algunos parecen pensar, no soy imbécil.
© 2007, Rodolfo Martínez
