Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos

Rodolfo Martínez
Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos
Bibliópolis fantástica, Madrid, mayo 2004
ISBN: 84-96173-09-7

Para mí, La sabiduría de los muertos había sido poco más que un divertimento intrascendente, una incursión agradable en la creación de otro escritor. Sin embargo, muchas personas comentaban que de todas mis novelas esa era su favorita y que era una lástima que no hubiera tenido una difusión mayor de la que tuvo. De hecho, no fueron pocos los que se me acercaron preguntándome cómo se podía conseguir esa novela, de la que habían oído hablar muy bien pero no habían podido encontrar en ninguna parte.

Uno de los admiradores más entusiastas de La sabiduría de los muertos había sido, desde siempre, Luis G. Prado, quien más de una vez me comentó que mi novela holmesiana era, sin la menor duda, de todos mis textos el que tenía más posibilidades de funcionar comercialmente entre el gran público. De hecho, medio en serio medio en broma, llegó a decirme que si algún día daba el salto y se convertía en editor profesional, le gustaría publicarla.

Dicho y hecho: en cuanto Luis comenzó con su editorial Bibliópolis no tardó en ponerse en contacto conmigo para pedirme La sabiduría de los muertos. Me pidió también paciencia, pues quería ver si la la editorial se asentaba y conseguía una cierta estabilidad antes de lanzarse a la aventura de publicar un autor español. Ya había esperado bastante, así que hacerlo un poco más no importaba.

Entretanto aproveché para hacer varias cosas. Una fue cambiarle el título a la novela por Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos que, según un consejo de mi buen amigo Rafael Marín, debería hacerla más comercial al tener el nombre del detective incorporado al título. También volví sobre la historia y aproveché para hacer algunos cambios, redondear algunas cosas que, en su momento, habían quedado tal vez mal rematadas. También decidí incorporar otra narración holmesiana: “Desde la tierra más allá del bosque”, con lo cual la nueva edición incluiría todos mis relatos sobre el detective. No contento con eso escribí (y me divertí enormemente en el proceso) unas ficticias notas del traductor en las que aprovechaba para comentar algunos detalles curiosos del mundo sherlockiano. Y, para rematar la faena, incorporé algunos cambios en la historia que hicieran la aventura de la sabiduría de los muertos compatible con lo que se narra en Elemental, querido Chaplin, la novela holmesiana que Rafael Marín había escrito.

El proceso siguió adelante. Encontramos (en realidad lo hizo Luis) un excelente ilustrador que supo captar enseguida el espíritu que deseábamos para la portada y que hizo un excelente trabajo. Así, en mayo del año 2004, Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, en su nueva y definitiva edición, estaba lista para darse a conocer al público.

Las previsiones de Luis se cumplieron: no es que mi novela se convirtiera en un best-seller, evidentemente, pero mi libro es uno de los más vendidos de su colección. Así lo afirma Luis y así parecen demostrarlo las liquidaciones anuales de derechos de autor.

Reeditar la novela tuvo otra consecuencia, aparte de conseguir acercarla a un público mayor en una edición más a mi gusto. Y es que tras más de diez años de no haber escrito nada sobre Sherlock Holmes, el prurito volvió a mis dedos y sentí de deseos de volver sobre el personaje. El proceso de corrección de los textos, además de ser divertido, despertó en mí nuevas ideas. No tardaron mucho en germinar y, poco más de un año después, Sherlock Holmes y las huellas del poeta estaba lista para ser entregada a Luis, quien la recibió con alegría. Tras un paréntesis algo más largo, le seguiría Sherlock Holmes y la boca del infierno (prevista para dentro de un mes, cómo no, en Bibliópolis) y Sherlock Holmes y el heredero de nadie goza de buena salud y avanza a buen ritmo.

Nunca pretendí embarcarme en una saga de novelas con el personaje de Holmes como referente, pero las cosas han ido pasando así, a veces casi diría que para mi sorpresa. Otra sorpresa ha sido la enorme libertad narrativa que Holmes me ha dado, permitiéndome experimentar y hacer cosas nuevas sin miedo alguno a estrellarme, como si la figura del detective fuera una especie de colchón que me mantuviera a salvo, sin importarme lo que me arriesgara. Pero de todo ello hablaremos con más calma cuando lleguemos a las siguientes novelas.

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