Este relámpago, esta locura

Rodolfo Martínez
Este relámpago, esta locura
Premio UPC 1998. Ediciones B, junio 1999.
Callejones sin salida, Editorial Berenice, 2005.

Hacia el año 1996 mi producción de ciencia ficción se redujo casi a cero. No conseguía escribir CF: todo lo que salía de mis dedos era fantasía. Tenía acumulado bastante material inédito como para que la cosa no fuera muy preocupante a corto plazo, pero no escribir ciencia ficción significaba que no podría presentarme más al UPC, y estaba acostumbrado a escribir puntualmente una novela corta con destino al premio. Con más bien poca fortuna podríamos añadir. Cierto que había quedado finalista un par de veces (con “Los celos de Dios” y “El alfabeto del carpintero”), pero el premio en sí siempre se me escapaba. De hecho, tenía la preocupante sensación de que, cuanto mejor era la obra que enviaba, menos posibilidades tenía.

Escribí varios cuentos fantásticos, un psico-thriller en el que un pequeño elemento de fantasía era parte fundamental de la trama y una novela descaradamente fantástica que, sin embargo, resulto fallida por completo en su resultado final.

Y luego, a principios de 1997 se me ocurrió una nueva idea para una novela de CF. Comencé a escribir y, dos meses más tarde, lo dejé. La fantasía me llamaba de nuevo: concretamente una novela cuya trama prácticamente completa me vino a la cabeza en un flash una mañana de la que iba al trabajo.

Pero tampoco la terminé (aunque lo haría años más tarde y, bajo el título de Los sicarios del cielo ganaría el Premio Minotauro en 2005) y, mientras tanto, se acercaba el plazo final para el UPC de 1998. Volví sobre la novela de ciencia ficción y pensé que si eliminaba varias tramas secundarias podría reconvertirla en una novela corta y presentarla al premio.

Así lo hice y me llevé la mención del jurado, ex aequo con el mexicano Gabriel Trujillo. No estaba mal, me dije.

Pero en cierto modo sí lo estaba. Reconvertir “Este relámpago, esta locura” al formato de novela corta fue un error: las cosas más importantes que quería contar se quedaron en el tintero y el cambio de ritmo entre la parte escrita cuando estaba pensando en una novela y la segunda mitad, ya con la longitud del UPC en mente, era demasiado brusco, demasiado evidente. A veces pienso que “Este relámpago, esta locura” tenía la posibilidad de ser mi mejor obra de ciencia ficción, y en lugar de eso se quedó en una historia algo coja con algunos buenos momentos.

También fue una de las primeras veces donde di rienda suelta a mi obsesión por la mitología de los superhéroes. Uno de los personajes centrales estaba inspirado, sin molestarse demasiado en ocultarlo, en uno de los superhéroes de cómic más famosos y buena parte de la trama giraba alrededor de él, de sus motivaciones y habilidades. Es un tema que retomé años después, curiosamente, en mis novelas holmesianas con el personaje de Kent. Y seguramente acabaré volviendo a él algún día.

Como anécdota, comentar que aquel año de 1998 fue un tanto curioso. Presenté varias cosas a distintos premios y en casi todos obtuve un buen resultado (esta mención del UPC, un accesit en el Concurso de Cuentos de Carreño con “Piensa los que quieras”, el Premio UPV de relato fantástico con “Tarot”, y la Beca de novela corta de la Semana Negra con “Territorio de pesadumbre”). Lo curioso del asunto es que todos ellos fueron ex aequo con otros autores.

Casualidades de la vida. O eso, o el destino tiene un sentido del humor un tanto retorcido.

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