Obra breve (2)

Después de haber manifestado hace unos días mi malestar porque hace tiempo que no escribo relatos, he estado pensando en ello, dándole vueltas al asunto. Y resulta curioso que Rafa Marín, sin pretenderlo, haya puesto en su blog el dedo en la llaga de lo que estaba dando vueltas por mi cabeza en los últimos días.

Porque quizá me he dejado fuera uno de los motivos por los que apenas escribo cuentos. Tal vez no el principal y, desde luego, no el único, pero creo que sí uno importante, al menos de un tiempo a esta parte.

Y es, precisamente, este blog.

En los últimos dos años le he dedicado bastante tiempo a Escrito en el agua. Cierto que, sobre todo al principio, ha sido una actividad bastante irregular: del entusiasmo de los primeros momentos donde posteaba una vez al día, y a veces más, la cosa fue descendiendo hasta llegar a su punto más bajo en el otoño de 2005, donde pasé algo más de un mes sin actualizar. Poco a poco fui recuperando el ritmo y ahora he alcanzado, eso creo, una estabilidad bastante cómoda: tres actualizaciones semanales mínimas —lunes, miércoles y viernes— y alguna entrada ocasional fuera de las planificadas.

Y me he acostumbrado a escribir para mi blog con cierta constancia. Con altibajos, sin duda, pero arreglándomelas para mantener el ritmo (aunque sea con la ayuda ocasional del “reciclaje” de material escrito para otros medios) y sin que me agobie pensar en las tres actualizaciones semanales. Al contrario, en cierto modo mi mente se ha autoentrenado a lo largo de todo el proceso y ahora casi podemos decir que cada cosa que hago (un libro que leo, una película veo, comentarios en otros blogs, conversaciones en las reuniones semanales con los locos avalonios, algo oído por casualidad en el curro o visto en la televisión…) es “bloguizable”. Y si digo “casi” es porque hay ciertos aspectos de mi vida, demasiado íntimos, que sólo considero aptos de pasar a lo que escribo tras una codificación más profunda que, de momento, sólo me pueden proporcionar novelas, cuentos o poemas.

En cualquier caso, todo esto no es nada nuevo. Es parte de la mirada del escritor: contemplas todo cuanto te pasa como posible material para tu literatura.

La diferencia es que ahora lo considero, ya no como material novelizable o narrable, sino, tal y como acabo de decir, bloguizable (diría “bitacorizable”, si fuera un poco más castizo, pero en realidad no sé cuál de los dos neologismos me parece más horrible). O sea, he cambiado la perspectiva: en algunos casos la he ampliado, en otros me he limitado a trasladarla. Quién sabe, es posible que algunas de las ideas que he ido barajando en los últimos meses para ciertas entradas del blog, hubieran sido convertidas en un cuento en otras circunstancias. No todas, sin duda, pero quizá si alguna.

Desde cierto punto de vista, es una lástima, supongo.

Desde otro… pues todo lo contrario. Antes de Escrito en el agua, muchas de las pequeñas ideas que se me ocurrían acababan muriendo sin haber encontrado su cauce de expresión. No tenía un lugar donde dejarlas salir. Algunas de ellas sobrevivían y terminaban adoptando la forma de un relato corto, o un artículo, pero la mayoría morían antes de haber nacido.

Sin embargo, ahora tienen su lugar. Con la ventaja de que pueden adoptar la forma que yo prefiera o considere más adecuada para ellas, porque ya no están sujetas a convenciones de género o extensión… más o menos. Tiempo atrás podría haber pensado “ah, estaría bien escribir un articulillo sobre esto o un comentario sobre aquello” para luego decirme “ya, ¿y dónde lo publico?”. En cambio, ahora, la segunda parte ha desaparecido: tengo un lugar donde hacer públicas esas cosas.

¿Tan importante es eso?, quizá os preguntéis. Para mí sí. Siempre he pensado que el proceso literario no está completo hasta su publicación. Lo que escribo necesita lanzarse en busca de un público: que puede ser de una persona o de un millón (ja, ya me gustaría), pero eso en última instancia no importa. Escribir sabiendo que no podré publicar es, para mí, paralizante. Mata el proceso creador. Escribí durante muchos años antes de publicar nada, cierto, pero lo hice siempre teniendo en mente la publicación como objetivo final; lejano, tal vez, pero alcanzable.

O sea, mi blog se ha convertido una herramienta literaria más, otro género que tocar. Más efímero que mi obra publicada de un modo más tradicional, quizá; sin duda la mayoría de estas entradas no están destinadas a perdurar (claro que quizá tampoco el resto de mi obra, pero eso ya es otra cuestión).

Es una actividad que no me quita demasiado tiempo (la prueba es que, en los dos años que llevo, mi producción novelística no se ha visto reducida) pero quizá sí algo. Lo bastante para haber acentuado una tendencia preexistente y hacerme pasar de escribir muy pocos cuentos a casi ninguno.

Debería sentirme mal por ello, pero curiosamente no es así. Y supongo que mientras escribir para el blog me siga despertando las ganas y el entusiasmo no lo lamentaré ni sentiré que he perdido algo por hacer otra cosa que quizá no mereciese la pena. Un día, a lo mejor, me canso, repaso lo que he hecho y veo que todo este trabajo ha sido para nada.

Aunque lo dudo. Al fin y al cabo, nada de cuanto he escrito a lo largo de mi vida ha sido inútil. Incluso lo más efímero y lo menos valioso acabó teniendo su utilidad. Si no como otra cosa, como práctica y rodaje. Como semillero de obras futuras. Pero siempre, de un modo u otro me ha resultado útil.

Así que seguiremos adelante durante un tiempo. Ya veremos cuánto. Sospecho que bastante.

5 comentarios

  1. Hace ya tiempo que hablamos de esto, y sostuve que con los blogs había nacido algo parecido a un espécimen literario nuevo, por primera vez en siglos, tanto en su naturaleza -algo que puede ser narrativ, ensayo o artículo, o una mezcla en varias proporciones de todos ellos y más cosas- como en la nueva relación que establece entre escritor y lectores. Hace muy fácil escribir, más inmediato, y te libra de las ataduras de ceñirte a género, extensión, adecuación del formato y otras exigencias de los editores.
    Lo malo es que no se cobra por hacerlo, resulta incómodo leer en la pantalla, no te puedes llevar el texto para leerlo en cualquier sitio y, de momento, lo que escribes está condenado a ser desplazado velozmente hacia el limbo por nuevas cosas -nuevas entradas- que atrapan la atención del lector velozmente. El ritmo hace que todo sea un poco efímero, lo cual es injusto con muchas de las cosas que se pueden leer en los blogs.
    Lo primero tiene mala solución, me temo. Lo segundo se va solucionando, pero en textos largos el papel sigue cansando mucho menos que la vista, por mucho que hayan mejorado las pantallas. Lo tercero va teniendo solución a base de nuevos juguetitos digitales conectados de mil maneras, y el cuarto inconveniente… no sé, a lo mejor la idea de Sergio de reunir los textos que más nos motiven -que no tienen por qué ser necesariamente los mejores- en un PDf descargable es una solución para el olvido.
    Tiene, como todos los medios, muchos inconvenientes y algunas ventajas. pero está aquí, y a mí al menos me ha servido para volver a escribir con cierta frecuencia, me ha resultado un ejercicio agradable, y sobre todo, me ha permitido dar salida a muchas cosas que me apetecía mucho escribir y que dificilmente hubieran tenido salida en papel.
    Según algunos esto también ha sido malo. Perdiendo el tiempo en estas tonterías efímeras, dejamos de escribir “para el papel” cosas ” de verdad”.
    A mí esas cosas me parecen gilipolleces. Al menos en mi caso, me he reencontrado con el placer de escribir por gusto y porque me lo piden las tripas, y hasta creo que eso ha puesto en marcha otras cosas. Me parece casi imposible que al echar la vista atrás uno pueda pensar que no ha merecido la pena, pero, por supuesto, es una impresión muy personal…

  2. Es más, en mi caso el blog está consiguiendo que tenga ganas de escribir en papel cosas que antes no se me habrían ocurrido, o me hace recordar otras que tenía pensado escribir en papel y por las que había perdido interés. Todo depende de cómo se plantee uno la actividad de mantenr un blog, y con qué intenciones. En este sentido lo considero una experiencia muy positiva.

  3. Un sólo apunte, aunque en general estoy de acuerdo con lo que decís en un alto procentaje. Y es el siguiente: lo de ceñiter a ciertas ataduras, no tiene por qué ser malo. Quiero decir que la libertad total que da un blog no tiene por qué ser necesariamente buena: al contrario, precisamente porque puedes hacer lo que quieras y como quieras puede dar lugar (y eso, claro, depende de cada uno, de su propio carácter) a dejarte llevar por vicios de pereza y a no trabajar lo bastante las cosas. Ceñirte a ciertas convenciones de formato o género te obliga en cierto modo a tener una disciplina, y eso es bueno.

    Repito, es un simple apunte. No invalida lo que habéis dicho.

  4. Estoy totalmente de acuerdo. De hecho yo trato de actualizar mi blog ahora todos los días, o al menos alternando un día sí y otro no cuando dispongo de menos tiempo, por pura autodisciplina. Es más, yo en el mío no habló de todas las cosas porque sí, trato de mantener una serie de temáticas comunes o que puedan interesar a otras personas. Si ya desde mi perspectiva ese tipo de limtaciones son positivas, cuanto más para alguien que crea empleando como medio la palabra. Yo veo los blogs como una herramienta muy potente cuando uno trata de hacer algo más que exponer pajas mentales intrascedentes del día, independientemente de la temática que se trate o el interés que uno ponga en el tema. En eso hay grados y cada uno se adapta al que cree más conveniente. Por eso creo que los blogs no pasarán de moda, y si lo hacen es porque surgirá otro medio de expresión en la red en que se pueda hacer lo mismo y con más posibilidades aún. Bueno, no comento más que menudo rollo me ha salido.

  5. Ya sé por donde vas con lo de las exigencias, y en efecto, a menudo son necesarias, sobre todo cuando uno no se disciplina a sí mismo y no se exige lo máximo por principio.
    La verdad es que nunca me planteé no repasar los textos escritos para el blog exactamente como si fuesen para su publicación en una revista o un libro. Es una cuestión de respeto por uno mismo (al fin y al cabo muestras algo de tí a los demás), y nunca me planteé siquiera la posibilidad de que eso cambiara con el medio.

    A menudo me plantean más problemas las respuestas o los comentarios, pues con las prisas no los repaso lo suficiente (mi comentario anterior aquí me cabreó mucho una vez leído, y estuve a punto de pedirte que lo borraras para repetirlo).

    Basta, en efecto, con ver los textos que la gente escribe para sus SMS para darse cuenta del daño que hace el no tener que ceñirse a las convenciones.

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