Exhumando: 1990-1994

Decía, en la entrega anterior, que 1990 no fue un mal año. Una novela y cuatro cuentos.

La novela era Donde yacen las sombras y fue mi primer intento de escribir terror. Nunca fue publicada, ni lo será jamás, pero la historia me seguía pareciendo interesante y durante mucho tiempo pensé en reescribirla. Lo que pasó al final fue algo un poco más complejo: acabó sirviendo de embrión para Fieramente humano, la novela que escribí en 2006 y, de hecho, parte de los personajes y sus peripecias sobrevivieron al trasvase.

Los cuentos fueron, por un lado, “El hijo de la noche” e “Hijos de la misma noche” y, por el otro, los dos primeros relatos de mi ciclo de Horizonte de sucesos. El resto de los cuentos de ese ciclo fueron escritos en los dos años siguientes, pero ya que forman una unidad, supongo que éste es el mejor sitio para comentarlos.

“Visibilidad nula” y “Por delante de su tiempo”, que así se titulaban, fueron escritos prácticamente seguidos. Y eran relatos a la manera de los Cuentos de la taberna del Ciervo Blanco de Arthur C. Clarke: varios tipos reunidos mientras otro les narraba una historia inverosímil y los desafiaba a probar que mentía. En cierto modo, esos cuentos fueron mis primeros (y casi únicos) intentos de hacer ciencia ficción hard, donde todo lo que se contara tuviera una explicación racional o fuera una extrapolación avalada por la ciencia actual. Visto hoy en día, mi éxito fue moderado, pero escribir aquellos cuentos y jugar una y otra vez con el mismo cuarteto de personajes resultó muy divertido.

En cuanto a los otros dos relatos, surgieron del mismo lugar, un reto que nos lanzó Carlos Díaz Maroto a unas cuantas personas: escribir una historia titulada “El hijo de la noche”. Mi contribución fue una especie de homenaje a Borges. Nada del otro mundo. Sin embargo, pensar en Borges me llevó inevitablemente a recordar a Lovecraft: descubrí a ambos autores casi a la vez y, pese a las más que evidentes diferencias entre ambos, había algo en su imaginería que me los hacía parecer muy similares. Jugando con esa idea escribí “Hijos de la misma noche”. Y, en realidad, ese cuento fue el punto de partida, aunque yo aún no lo sabía entonces, de buena parte de mi posterior obra holmesiana.

En el 91 continué con los cuentos de Horizonte de sucesos. E inicié Tierra de Nadie: Jormungand. Me planteé la novela lleno de ambición: iba a escribir un space opera de grandes proporciones en el que iba a meter cuanto sabía como escritor. El resultado fue irregular, como no podía ser menos. Aunque, para algunos, sigue siendo mi mejor novela. En fin.

Al año siguiente seguía embarcado en la novela, y escribí también el resto de los cuentos de Horizonte de sucesos.

1993 fue uno de mis años más productivos. Allí escribí mis cuentos “El hombre silencioso”, “Colmillo de Dragón” y las dos primeras entregas de una serie de fantasía heroica: “Una reunión inesperada” y “La cueva de Gréndel”.

También escribí La sabiduría de los muertos, mi primera novela holmesiana. “Desde la tierra más allá del bosque”, el relato donde Holmes y Van Helsing unen sus fuerzas para enfrentarse a Drácula, también es de esa época.

Y “Bailando en la oscuridad”, una novela corta en la que reaparecía Roy Córdal, mi detective privado, y que sigue inédita.

Y, finalmente, “Los celos de Dios”, que quedó finalista en el Premio UPC de aquel año. Además, Miquel Barceló me dijo que había posibilidades de publicarla. Estaba preparando una colección de novelas cortas con los finalistas que le parecieran interesantes, y la mía era una de las elegidas.

Tres cuentos son la cosecha de 1994, junto a una novela corta y una novela.

Los cuentos son “Victoria pírrica”, “Opositor, opositor” y “Un cuento que nunca escribiré”. Los dos últimos no son gran cosa (de hecho, son más bien malos), pero el primero aún me gusta, y fue editado y reeditado con el tiempo.

La novela corta era “Territorio de pesadumbre”, una especie de saga familiar dunesca en una Tierra devastada y en la que aparecía un personaje que quizá fuera el diablo. Años más tarde, la Semana Negra de Gijón la publicaría y sería posteriormente reeditada por Robel.

En cuanto a la novela, era La sonrisa del gato, que al año siguiente se convertiría en mi primera novela publicada. Era un cyberpunk con ambientación de space opera (lo que parece ser, fue considerado novedoso en algunos círculos y yo sin enterarme de nada, fíjate tú) y fue la primera de unas cuantas obras mías dedicadas a ese subgénero. Lo cual es irónico, porque no mucho antes yo había abominado públicamente del cyberpunk.

Como el destino tiene un sentido del humor más bien retorcido, me obligó a tragarme mis propias palabras a medida que pasaban los años e iba escribiendo “Un jinete solitario”, “Mensajero de Dios”, “Este relámpago, esta locura” y finalmente (espero) El sueño del rey rojo.

Por aquel entonces llevaba escribiendo unos diecisiete años, y unos siete publicando con cierta regularidad cuentos y artículos en las publicaciones especializadas. Seguía escribiendo novelas, pero más porque era algo que no podía evitar que porque realmente tuviera esperanzas de conseguir publicar alguna algún día.

Al año siguiente, todo aquello cambiaría.

(to be continued)

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.