Hasta que llegó su hora: la esencia del western

Hasta que llegó su horaTras el éxito de la llamada “trilogía del dólar” (Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo) Sergio Leone estaba preparado para embarcarse en lo que había de ser el proyecto de su vida. Sin embargo, las circunstancias dirían otra cosa.

Leone quería rodar lo que luego sería Érase una vez en América, una historia de gangsters judíos durante la Prohibición que terminaría convirtiéndose en su testamento cinematográfico. Sin embargo, los grandes estudios, atraídos por el éxito de sus westerns almerienses, querían que siguiera en el género que le había dado fama.

Así pues, se llegó a un compromiso. Leone rodaría un nuevo western, tras el que podría embarcarse en el proyecto que realmente deseaba hacer. La historia en realidad sería mucho más complicada, pues Leone tardaría varios años en encontrar financiación para su enorme proyecto y antes de emprenderlo aún rodaría un western más, Agáchate ¡maldito!, que se desarrolla durante la revolución mejicana.

La crítica ha intentando vendernos que, en realidad Hasta que llegó su hora, Agáchate ¡maldito! y Érase una vez en América forman una nueva trilogía en la que se detallan las distintas “fronteras” o momentos cruciales en el desarrollo de los Estados Unidos: el ferrocarril, los conflictos en el vecino México y la Prohibición y el ascenso de la mafia. La idea, aunque interesante, tiene su aquél de castillo de naipes que sólo se sostiene en pie mientras no la miremos demasiado de cerca.

En cualquier caso, acicateado por la promesa de la productora, Leone se embarcó, con la ayuda de Bernardo Bertolucci y Dario Argento, en la confección del primer borrador de Hasta que llegó su hora. Leone concluyó lo que creía que era el guión definitivo, pero no tardaría mucho en darse cuenta de que, si filmaba lo que tenía, se encontraría con una película inacabable entre manos. Así pues, llamó a Sergio Donati para que le ayudara a encarrilar la historia y eliminar de ella lo prescindible. Incluso así, estaba claro que se rebasaría por bastantes minutos el metraje convencional de una película comercial. De hecho, Leone llegó a rodar algunas secuencias que eliminó del montaje definitivo: incluso así Hasta que llegó su hora terminó rondando los 160 minutos.

Siempre nos preguntaremos por qué la distribuidora española no respetó su título original, ese Érase una vez en el Oeste que en cierta forma resume las intenciones de Leone y sus colaboradores: destilar la esencia misma del western en un único film que en cierto modo fuese compendio y culminación del género. Por no mencionar el reconocimiento, implícito en el título, del carácter legendario, casi fantástico, de la historia del oeste americano.

En Hasta que llegó su hora está resumido casi el género entero: el ferrocarril, los pistoleros a sueldo, los bandidos, el personaje enigmático que llega de ninguna parte buscando venganza, los pioneros, la mujer de dudoso pasado y carácter indomable… faltando tal vez las guerras con los indios y los conflictos ganaderos para que la película estuviera completa.

Pero Leone no se conforma con destilar y compendiar el western: también destila y compendia su propio estilo narrativo, llevándolo a límites casi enervantes: esos obsesivos primeros planos, esas composiciones interminables en las que la música de Morricone se convierte en un personaje más, ese aspecto de sucio y polvoriento que tiene su oeste, los enfrentamientos no verbales -mirada tras mirada tras mirada- entre los distintos personajes y, ocasionalmente, la mirada perdida en el vacío de los grandes espacios en esos breves pero reveladores planos de Monument Valley.

Uno de los mayores aciertos de la película es, sin duda, el casting. La inexpresividad de Charles Bronson al servicio de los obsesivos primeros planos de Leone, el atrevimiento de haber convertido a Henry Fonda en el villano por antonomasia, Jason Robards componiendo un personaje entrañable y peligroso al mismo tiempo y, por supuesto, Claudia Cardinale luchando en soledad (como sólo puede hacer una mujer en un mundo que no ha sido diseñado para ella) por salir adelante.

Añadamos a eso una posible lectura fantástica de la historia (¿está vivo el personaje de Bronson, o es quizá un fantasma que vuelve del más allá buscando venganza? Es algo que la película nunca desvela), una producción cuidada de un modo casi maniático y, especialmente, el ritmo en el que está narrada toda la película, un ritmo que llena de impaciencia al espectador (la secuencia de los créditos iniciales en la estación del ferrocarril, detallista hasta la obsesión, nos dice bien claro por dónde van a ir las cosas) y que contribuye a mantenerlo al borde del asiento durante toda la película.

Y con todos esos elementos tenemos algo que, sin duda, puede calificarse de obra maestra.

La edición en DVD, en dos discos, es impecable. Tanto la imagen como el sonido han sido remasterizados con cuidado para darnos la mejor calidad posible.

Los comentarios en audio son un nuevo acierto. Puesto que ya no tenemos al director con nosotros para hablarnos de la película, poner frente a ella a dos directores como Milius y Carpenter (ambos obsesionados -aunque de un modo muy distinto- con la misma épica con la que lo estaba Leone) es una auténtica gozada.

Publicado originalmente en Bibliópolis, crítica en la red.

© 2004, 2007, Rodolfo Martínez

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