Victoria Pírrica

Rodolfo Martínez
Victoria Pírrica
Visiones 1997, AEFCF, octubre 1997.
Laberinto de Espejos, Berenice, marzo 2006

“Victoria pírrica” es uno de mis cuentos favoritos. Refleja mis obsesiones personales casi mejor que ningún otro y creo que expresa a la perfección lo que siempre he pensado que debe ser un cuento: una historia cerrada sobre sí misma, completa en sí misma.

En su introducción en la antología Visiones 1997, donde fue publicado por primera vez, Rafael Marín lo comparaba con un Expediente X. A mí me gusta más imaginarlo como una de aquellas historias de misterio y fantasía que poblaron muchas series de televisión en los setenta: un capítulo de En los límites de la realidad, tal vez, o puede que incluso un episodio de aquellas Historias para no dormir de Narciso Ibáñez Serrador.

En cualquier caso refleja uno de mis temas favoritos: el pasado y qué pasaría si pudiéramos cambiarlo, hasta qué punto nuestra vida sería distinta si hubiéramos girado a un lado en lugar de al otro en determinado momento, el hecho de que no seamos otra cosa que nuestros recuerdos. El fracaso del narrador era inevitable desde el primer párrafo y su amargura representa hasta cierto punto mi propia amargura ante los errores que uno ha cometido y que, por mucho que lo intente, ya no puede cambiar: lo que has hecho, hecho está, y así se va a quedar, hagas lo que hagas.

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