Desde la tierra más allá del bosque

Rodolfo Martínez
Desde la tierra más allá del bosque
Visiones 1996, AEFCF, 1996.
Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, Bibliópolis Fantásica, 2004.

A estas alturas no es ningún secreto que el personaje de Sherlock Holmes me fascina. No estoy seguro de si mi primer contacto con él fue a través de la serie de TV donde Peter Cushing encarnaba al detective o de aquellas ediciones de Molino donde se publicaban los relatos originales. Fue siendo muy joven, pero si lo pienso ahora es muy probable que la serie de televisión me acabase llevando al poco tiempo a interesarme por los cuentos de Holmes.

Desde que empecé a escribir siempre me ha gustado internarme en los universos de otras personas (¿alguien se sorprenderá si digo que entre los trece y los dieciséis años escribi varias continuaciones de Star Wars, de Las Fundaciones de Asimov o del 2001de Clarke?) y creo que escribí mi primer grupo de relatos sobre Sherlock Holmes a principios de los ochenta: en realidad no era el detective el protagonista, sino un descendiente suyo que, por alguna extraña circunstancia, vivía en la España del siglo XXI.

A mediados de los ochenta escribí un par de relatos más, ahora sí con Holmes de protagonista. Y volví sobre el tema a principios de los 90. El resultado final fueron una novela, un relato largo y un cuento. La primera y el tercero aparecieron en la primera edición de La sabiduría de los muertos, el segundo fue un intento de unir a Holmes y Drácula en una historia titulada “Desde la tierra más allá del bosque” (es decir, desde Transilvania, que es exactamente lo que significa) que se publicó en una de las antologías Visiones, editadas por la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción.

Al igual que me ocurrió con Las brujas y el sobrino del cazador, el relato tiene un buen arranque, pero el autor se cansó de su historia antes de llegar al final y la remató de forma apresurada y desganada. Pese a todo hay algunos momentos del relato que creo que siguen funcionando.

Cuando en 2004, Luis G. Prado me propuso reeditar La sabiduría de los muertos bajo el título de Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, decidí que era un buen momento para recuperar el relato. Al fin y al cabo, en esa edición pretendía recoger todo el material holmesiano que alguna vez había escrito y que aún conservara y siguiera considerando publicable.

Poco imaginaba yo que esa nueva edición de mis historias holmesianas no sería el final de mi relación con Holmes, sino un nuevo principio.

Pero esa es otra historia, claro.

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