Contradicciones, críticas, argumentos, fandomeo (4)
Miércoles, Diciembre 20th, 2006 Pertenece a A mi alrededor, El mundo real | 27 comentarios »
Acaba de salir el primer número de la revista Hélice, dedicada a la crítica del género fantástico; de hecho, el subtítulo de la publicación es “Reflexiones críticas sobre ficción especulativa”. Tras ella está el colectivo Xatafi y cuenta con una nómina de colaboradores nada despreciable.
Cuidadosamente maquetada, se distribuye en PDF, y uno puede descargársela fácilmente de la web que la acoge. Aunque comprendo que la viabilidad comercial de un proyecto de estas características es como poco dudosa, me parece una lástima que no se haya dado el salto a la publicación en papel y a intentar distribuir de ese modo la revista, aunque sea a través del circuito de librerías especializadas.
No diré que me parezca la revista perfecta, ni mucho menos: para empezar, la encuentro un poco aquejada de “titulitis” (personalmente me importan las opiniones vertidas en sus páginas y cómo están argumentadas; que el “opinador” sea químico, ingeniero, doctor en filosofía o capador de berberechos me resulta irrelevante), por no mencionar que su insistencia en usar el término “ficción especulativa” me parece un tanto trasnochada y algo acomplejada. Pero sí que creo que es una publicación necesaria y no puedo por menos de alegrarme de que una iniciativa como ésta haya visto por fin la luz.
El artículo-reflexión-declaración de intenciones de Fernando Ángel Moreno no puede ser más revelador en cuanto a las motivaciones y la filosofía que animan a Hélice: una crítica seria, rigurosa, centrada estrictamente en lo literario y, por tanto, alejada de tics fandomitas; una crítica que tienda sobre todo al análisis argumentado, sin que por eso el juicio de valor tenga por qué estar ausente de ella, indudablemente. Destacar, aparte de eso, su explicación de por qué es necesaria, e incluso útil, la crítica; o su sensata separación del análisis de la riqueza literaria de un texto y las cuestiones del gusto o el disfrute de ese texto. No diré que yo mismo podría haber escrito ese artículo (de hecho, no podría haberlo escrito: es más que evidente que Fernando Ángel Moreno demuestra un conocimiento de la Teoría de la Literatura infinitamente más amplio que el mío), pero sí que comparto buena parte de las ideas que en él se vierten.
Y como el movimiento se demuestra andando, el resto de la revista se encarga de poner en práctica parte de lo expuesto en las reflexiones con que se abre la publicación. Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con las críticas que pueblan sus páginas, pero eso es irrelevante. Llevo mucho tiempo diciendo que lo que importa de una crítica no es lo bien o lo mal que ponga a la obra criticada (pero, claro, parece que aún hay quien no se ha coscado de que nunca he arremetido contra una crítica negativa de mi obra por ser negativa, sino por estar mal hecha) sino lo bien o lo mal argumentada que esté. Y estas no sólo lo están bien sino que (y es muy de agradecer) no han sido escritas para lucimiento personal del crítico ni para que nos pasmemos ante lo mucho que sabe y lo ingenioso, gracioso y ocurrente que es. Son análisis (en ocasiones más detallados que otros) bien argumentados y centrados estrictamente en los aspectos literarios de la obra a la que se enfrentan. Podrán estar mejor o peor realizadas: pero el tono y la filosofía que las anima son, a mi entender, los correctos.
La revista es mejorable, como todo en este mundo. Y me sigue pareciendo una pena que no haya dado el salto al papel (aunque repito que entiendo que tiene una más que difícil salida comercial). Pero empieza con buen pie y, sobre todo, llena un hueco que era necesario llenar desde hacía ya unos años. No porque este tipo de críticas no existieran antes en el mundillo (se podían encontrar, aquí y allá, de forma ocasional), sino precisamente por la pretensión de la revista de convertir en norma lo que hasta ahora era sólo una excepción.
Fue en el número 28 de la revista Gigamesh, allá por el 2000, cuando dije que una de las grandes asignaturas pendientes del fantástico español era que carecía de una crítica profesional. Profesional, no en el sentido de que viva de eso, sino de que encare su labor crítica con profesionalidad; que deje de ser crítica de “amiguetes” o de “lectores enteradillos” y se convierta, por fin, en una herramienta válida de análisis literario. Ya cuando asistí en la pasada HispaCon de Dos Hermanas a la mesa redonda sobre crítica que moderaba Fernando Ángel Moreno, vi que sus propósitos iban en esa línea. Y la recién nacida Hélice me lo acaba de confirmar.
Se ha dado un primer paso en el camino correcto. Y se supone que ese es siempre el más difícil.
Reconozco que espero los siguientes con interés.
