Dune: El círculo cerrado de Duncan Idaho

La mayor parte de los relatos históricos distraen la atención de las influencias secretas que se hallan detrás de los grandes acontecimientos

El Bashar Miles Teg

DuneCuando un autor muere dejando inacabada la obra de su vida, especular sobre el remate que pudo haberle dado a esta es, sin duda, tentador. Más aún cuando su último trabajo publicado deja al lector colgado de un puente inseguro al borde de un abismo narrativo, incapaz de decidir cuál es el camino correcto.

Algo parecido fue lo que le ocurrió a Frank Herbert en su novela Casa Capitular: Dune, sexta de un ciclo que (según palabras del propio autor) iba a constar de ocho libros. Quedaban, pues, dos para rematar una saga que había comenzado hace unos treinta y cinco años (o en la cronología interna de la serie, unos tres o cuatro mil años atrás) y que, de un modo u otro, tuvo a su autor atareado durante la mayor parte de su vida. Poco después de publicada esta Casa Capitular: Dune, sin embargo, Frank Herbert moría sin dejar ninguna o muy pocas indicaciones de hacia dónde podían encaminarse los dos libros que quedaban para rematar la saga.

De hecho, su hijo Brian Herbert (responsable de resucitar el universo de Dune recientemente junto al escritor de franquicias Kevin J. Anderson) declaró su desánimo al no encontrar entre los papeles de su padre ninguna indicación sobre los libros que quedaban. Así que, en lugar de continuar la saga donde Frank Herbert la había dejado, decidió mirar hacia el pasado y narrar los orígenes del universo de Dune. Su primera intención había sido retroceder en el tiempo hasta los lejanos días del Jihad Butleriano, pero finalmente se conformó con presentarnos un escenario unos treinta años anterior al primer Dune y contar, en compañía de Anderson, las andanzas y peripecias del Duque Leto en su adolescencia y madurez. Tras el éxito comercial de esa primera trilogía, ambos autores deciden retomar la idea inicial y narrar la guerra del hombre contra las máquinas pensantes en tres nuevos libros.

El camino sigue abierto a las especulaciones, por tanto. Sólo Frank Herbert sabía cómo iba a rematar la dilatada (en su tiempo personal, en el de la cronología interna de la serie y en número de páginas) saga sobre el planeta Arrakis.

O puede que no. Es posible que él mismo no lo tuviera demasiado claro y confiara en ir encontrando un final definitivo a medida que preparaba los dos libros restantes. Imposible ya de saber.

Pero en las páginas publicadas (especialmente en las de la última novela) hay una serie de pistas que pueden apuntar en una dirección. Hasta qué punto esa dirección es fruto de mis propias interpretaciones de lector de muchos años de la saga o pueden coincidir con lo que Herbert tenía en mente tendréis que juzgarlo vosotros.

Dos veces he muerto por los Atreides. Y la segunda vez por una razón no mejor que la primera.

El ghola Mentat Duncan Idaho

Un gusano de arenaSabemos que Leto II, el hijo de Paul Atreides, vio algo terrible en el futuro de la humanidad. El deseo de evitar esos acontecimientos le llevó a su simbiosis con las truchas de arena y a someter durante dos mil quinientos años al universo conocido a un régimen inmovilista mientras, lentamente, iba seleccionando distintos sujetos en un programa genético que tenía, como fin aparente, producir seres humanos que escaparan de las facultades prescientes.

Durante esos dos mil quinientos años clonó una y otra vez a Duncan Idaho e insertó sus genes allá donde le pareció adecuado en su programa genético. Esto no puede ser un capricho: en los genes de Idaho tenía que haber alguna característica que Leto deseaba mantener y reforzar en la nueva humanidad que estaba creando.

No se trataba de ninguna característica física: en Dios Emperador de Dune queda bien claro que tanto a nivel de sistema nervioso como de coordinación muscular la humanidad está muy por encima de lo que era en la época del Idaho original.

Descartadas las aptitudes físicas solo quedan las mentales [1]: la implacabilidad de Idaho, su determinación casi fanática una vez estaba convencido de que tenía que hacer algo, su lealtad a toda prueba hacia aquellos que había decidido entregar su vida, su capacidad para adaptarse a ambientes hostiles. Las mismas aptitudes que en Dune hacen que los fremen lo adopten como a uno de los suyos casi al instante como si Idaho fuera un fremen perdido que hubiera retornado a Arrakis tras mucho tiempo.

Si Leto II quería conservar características fremen en el patrón genético de su nueva humanidad ¿por qué no echó mano de un verdadero fremen, quizá del Naib Stilgar, o de su hermano Liet-Kynes (su propio abuelo por línea materna), ambos representantes casi arquetípicos de lo que debía ser un habitante del desierto profundo?

¿Capricho? ¿Cierto sentido de la lealtad hacia un hombre que había muerto, no una sino varias veces, para proteger a los Atreides? O quizá otra cosa, quizá algo que atisbó con su visión presciente en las brumas del tiempo y que, estamos seguros, tuvo que hacerle sonreír ante la ironía.

Kehl y Shariat pueden tomarse aún en su antiguo significado entre gente que compone sus pensamientos en el Lenguaje de Dios

Maestro Tleilaxu Scytale

El Uno de los mayores enigmas del universo de Dune son sin duda los Tleilaxu, extrañas criaturas que apenas son mencionadas en la primera novela, y tienen un papel importante en las dos siguientes, aunque poco se dice de ellos aparte del hecho de que son expertos en manipulación genética y que sus Danzarines Rostro son capaces de copiar la apariencia física (e incluso el comportamiento) de quien deseen.

Pero es en Herejes de Dune y en Casa Capitular: Dune cuando se nos revela realmente el misterio de la Bene Tleilax. Por debajo de su apariencia insignificante o desagradable (son llamados una y otra vez “los sucios Tleilaxu” por el resto de los humanos) nos encontramos con un pueblo encerrado en una religión fanática y secreta que tiene casi como libro sagrado (para leer y aprender, y también para experimentar con él) el genoma humano, al que llaman una y otra vez “El Lenguaje de Dios”. De hecho, reconocen a Leto II, el Dios Emperador, como al principal profeta de su Dios y consideran que están trabajando con él, que su Sendero de Oro es también parte de los planes de ellos mismos.

Han conseguido, en cierto modo, una suerte de inmortalidad, al resucitarse una y otra vez a sí mismos en las pieles de sus gholas, a los que son capaces de dotar de las memorias de sus encarnaciones pasadas. De este modo, Scytale, el Maestro Tleilaxu que juega un papel destacado en la trama de Casa Capitular: Dune recuerda haber conocido a Paul Muad’Dib, que vivió más de cuatro mil años antes [2].

Aparentemente la cultura Tleilaxu es hija del Jihad Butleriano, esa ola de fanatismo (que quizá no lo es tanto como pensábamos, tal y como sabemos por Dune: la Casa Atreides [3]) que barrió con las máquinas pensantes en toda la galaxia y que tiene por norma fundamental “no construirás nada semejante a la mente humana”. Privados de la tecnología informática, los tleilaxu convirtieron sus propios cuerpos en tecnología, fruto último de la cual son: la clase gobernante, los Maestros, clonados a sí mismos una y otra vez; la mano de obra, los Danzarines Rostro, verdaderas herramientas multiuso; y finalmente la hembra de la especie, los tanques axlotl, que con el tiempo han devenido en enormes contenedores biológicos que los Tleilaxu utilizan para dar forma a sus desarrollos genéticos, desde los gholas a la carne de sligcerdo, pasando por la melange artificial.

Podemos suponer que su cultura basada en la bioingeniería no es más que una reacción contra el Jihad Butleriano, pero ¿de dónde sale esa religión llena de secretismo -de la que sus enemigos nada saben, al contrario, los consideran seres de dudosa moralidad, sin ética alguna y carentes de todo escrúpulo- y que atesora como la palabra de Dios el código genético humano? Evidentemente, el sentir religioso es una de las muchas formas que adoptan las sociedades secretas para su propia supervivencia -eso son los Tleilaxu al fin y al cabo- pero la explicación también puede ser otra.

Es inevitable pensar que la misma ineficacia de la Bene Gesserit en este asunto no fue más que el producto de un plan mucho más vasto que se hallaba completamente fuera de su alcance e incluso de sus conocimientos.

Dama Jessica

Hijos de DuneLa Bene Gesserit es, en buena medida, la responsable de todo lo que pasa en el universo de Dune. Es su programa genético en busca del Kwisatz Haderach (el hombre que puede estar en varios lugares a la vez) lo que termina desencadenando a Paul y su hijo Leto sobre el universo, haciendo que la humanidad esté confinada en sí misma durante dos mil quinientos años, sólo para reaccionar después con la violenta e inevitable Dispersión.

La Bene Gesserit es el poder detrás del poder: allí están, programando nacimientos, susurrando consejos en los oídos adecuados, creando religiones para su propio uso para luego esparcirlas por el universo. [4]

Aparentemente son ellas las responsables de que los fremen acojan a Paul y Jessica: la Missionaria Protectiva pasó por Arrakis hace tiempo e instaló en sus mentes leyendas seminales destinadas a proteger, cuando hiciera falta, a una Bene Gesserit en apuros.

Pero, ¿eso es cierto? Una leyenda tal no puede arriesgarse a ser demasiado específica, por fuerza tiene que ser lo suficientemente vaga y ambigua para adaptarse a las circunstancias concretas de esa hipotética Bene Gesserit que pueda necesitarla.

Sin embargo, las profecías y leyendas fremen son tremendamente concretas, hasta el extremo de que no hablan de una Bene Gesserit, sino de una Bene Gesserit y su hijo, e incluso llegan a describir parte del comportamiento de ambos. ¿Puede ser la Missionaria Protectiva tan eficaz, tan capaz de predecir con exactitud el tipo de ayuda y las circunstancias en la que sus Reverendas Madres la necesitarán?

Lo más probable es que no, que las leyendas fremen tuvieran otro origen (utilizado posiblemente después por la Hermandad, pero ajeno en principio a su Panoplia Profeticus) y de hecho a lo largo de la primera novela se sugiere que los fremen (inmersos en la especia, comiéndola, bebiéndola e incluso respirándola) pueden haber desarrollado una cierta presciencia latente y sus leyendas quizá no sean más que la forma en que el subconsciente colectivo de la tribu da forma a lo que vislumbra en el futuro.

Aunque la explicación también puede ser otra.

Dios creo Arrakis para probar a los fieles.

Dicho fremen

El La persecución de un pueblo o un grupo puede tener como consecuencia su extinción, pero también su fortalecimiento. El Emperador Padisha Shaddam IV lo sabía muy bien, al igual que sus antepasados, y no es extraño que convirtieran deliberadamente Salusa Secundus [5], su planeta prisión, en un centro de reclutamiento y adiestramiento para sus tropas de élite, los temibles Sardaukar. Con unas condiciones infernales, aquellos que sobrevivían a la prueba que el planeta les imponía podían, adecuadamente entrenados (tanto mental como físicamente) convertirse en un ejército fanático y letal. La mística del pueblo elegido ha funcionado bastante bien varias veces a lo largo de la historia de la humanidad.

El otro caso más notable de lo que acabo de exponer en el universo de Dune es, desde luego, el de los fremen: perseguidos de un lado a otro del universo, expulsados de sus hogares por los invasores, recalan finalmente en Arrakis, posiblemente el planeta más árido e inhóspito de la galaxia. Allí se convierten casi en un pueblo secreto, lleno de rituales feroces y con un sueño que los guiará durante generaciones: convertir Dune en un vergel.

Los fremen son como el planeta en el que viven: duros, crueles, nunca dan segundas oportunidades para la supervivencia de los necios; pero también son leales, y rápidos para el amor y para la rabia. Todo en su vida está ritualizado, algo que en principio no fue sino una necesidad (los rituales hacen que las costumbres necesarias en tiempo de peligro se memoricen y se transmitan más fácilmente) y que ahora es parte de su carácter.

Con el tiempo, sin embargo, a medida que su sueño se hace realidad (casi de la noche a la mañana) a causa de Paul Atreides y su hijo Leto, los fremen pierden su dentadura, suavizan su garra y se convierten en blandos habitantes del imperio. La frase “¿has notado la guapas que están las muchachas este año?” dicha por Leto a Stilgar, y que desencadena todo un torrente de pensamientos en el caudillo fremen, no puede ser más significativa: los fremen ya muestran las redondeces características de los cuerpos llenos de agua, están dejando de ser criaturas del desierto. Con el tiempo, incluso, su destino será aún más cruel, cuando Leto obligue a sus últimos restos a convertirse en Fremen de Museo, repitiendo una y otra a vez los rituales de sus antepasados pero ya sin significado alguno.

Y tal y como descubrimos en Casa Capitular: Dune hay un tercer pueblo oculto y haciéndose fuerte en el secreto. Los judíos, camuflados entre los gentiles y aparentando vivir entre ellos, pero honrando las tradiciones de sus padres y al Israel secreto. Un grupo de estos judíos (una de las cuales se ha sometido a la agonía de la especia y se ha convertido en una Reverenda Madre salvaje, a la usanza de las de los antiguos fremen) aparece en Casa Capitular: Dune en una de las subtramas más innecesarias de esta novela. Su presencia en el libro carece de sentido: nada de lo que hacen es relevante para que la historia avance, no son necesarios para dar forma a ninguno de los acontecimientos que se nos cuentan. Tal parece que su presencia es esta novela es necesaria, única y exclusivamente, para que puedan estar en la Casa Capitular (y en el interior de la no-nave donde habita Idaho) justo a tiempo para irse con Duncan cuando este decide robar la nave y escapar a algún lugar donde nadie pueda encontrarlos.

Somos una nave inidentificable en un universo inidentificable. ¿No es eso lo que queríamos?

El ghola Duncan Idaho

Finalmente todo confluye. El último ghola Duncan Idaho se apodera de una no-nave y huye a algún lugar donde la Bene Gesserit no pueda encontrarle. Lo que se lleva con él no puede ser más heterogéneo:

El último Maestro Tleilaxu superviviente, en el pecho del cual hay una cápsula de entropía nula con muestras genéticas de todos los logros Tleilaxu (y de todos los otros Maestros Muertos).

Una Reverenda Madre herética, natural de Dune, poseedora de un elaborado lenguaje de movimientos capaz de controlar a los gusanos de arena y que decide abandonar la Hermandad Bene Gesserit en busca de pastos (¿o dunas?) más frescos.

Una cierta cantidad de gusanos de arena incipientes con los que (ahogándolos y dejando que de ellos se desarrollen las truchas de arena) se puede convertir a cualquier planeta en otro Dune.

Restos de un pueblo perseguido, que sobrevive aferrado a unas tradiciones cada vez más rígidas y que no han cambiado en miles de años, acostumbrados a huir y a ocultarse. Y que además tienen entre ellos a una mujer que ha pasado por la agonía de la especia y se ha convertido en una Reverenda Madre, pero carece del entrenamiento Bene Gesserit.

El propio Duncan, un clon que lleva en su mente todos los recuerdos de sus encarnaciones anteriores durante más de tres mil años. Un hombre duro, fanáticamente leal a los suyos y capaz de tomar decisiones inesperadas por el bien de su tribu.

Con ese pasaje, la no-nave salta a través de un pliegue espaciotemporal, está a punto de ser atrapada por dos extrañas criaturas (que tal vez en un tiempo fueron Danzarines Rostro Tleilaxu, pero ahora han evolucionado a algo más) y consigue librarse de la trampa sólo para aparecer en un lugar remoto del universo. Duncan ha destruido los instrumentos de la nave justo en el momento del salto, para que no puedan seguirles, con la consecuencia de que no saben dónde están.

Así termina Casa Capitular: Dune y los interrogantes que quedan abiertos son muchos. ¿Quiénes son esos Danzarines Rostro evolucionados? ¿Qué será de la Bene Gesserit que los fugados dejan tras ellos? Y sobre todo ¿adónde han saltado y para qué?

La respuesta más obvia a la última pregunta es que buscarán un planeta adecuado para convertirlo en un nuevo Dune. La verdad quizá sea algo más sutil.

Como he dicho antes, tras el salto no saben dónde están (“somos una nave inidentificable en un universo inidentificable”, como dice Idaho después del salto) pero además, quizá tampoco saben cuándo están.

Dije antes que Leto podía tener como motivo para conservar a Idaho a su lado durante dos mil quinientos años algo que atisbó con su visión presciente en las brumas del tiempo, pero ese algo ¿estaba necesariamente en el futuro? ¿La visión oracular de Leto se extendía solo hacia adelante o también hacia atrás? ¿Acaso no lleva dentro de sí las memorias de todos sus ancestros, tanto masculinos como femeninos? ¿Es Idaho uno de ellos, a través de la madre de Leto, de origen fremen? Si es así, si vio todo eso, tiene que haberlo ocultado cuidadosamente, incluso de sí mismo, pues sus dictáteles ixianos entraban en funcionamiento solo con que Leto empezara a pensar en algo y lo registraban. Sin embargo, no hay la menor mención a eso en los diarios del Dios Emperador recuperados de Dar-es-Balat.

¿De dónde surgió el fanatismo religioso de los Tleilaxu, su increíble maestría en la manipulación de la carne viva? Quizá de un Maestro llegado de algún lugar innominado con los conocimientos suficientes para impulsar su incipiente ingeniería genética. Un maestro que se clonaría a sí mismo en la carne de un ghola pero se negaría a recordar sus vidas pasadas (¿o futuras?) para no contaminar la historia de su pueblo, aunque dejaría seguramente las suficientes advertencias para que los Tleilaxu desconfiaran de toda la galaxia durante los próximos milenios, y especialmente de las Bene Gesserit: ¿acaso no habían sido las brujas las culpables de la destrucción de Dune, el hogar del Profeta?.

¿Cómo se desarrollaron los fremen, cuál fue su primer líder, su primera Reverenda Madre? ¿Cómo aprendieron a controlar a los gusanos? ¿Cómo podían tener en sus leyendas una tan precisa que hablara de un extranjero, del hijo de una Reverenda Madre que les guiaría al paraíso, tan concreta que incluso les daría detalles del comportamiento de ese hombre? Sí, la Missionaria Protectiva de la Bene Gesserit puede explicar que estuvieran predispuestos en favor de la orden, pero su recuerdo de los detalles de la leyenda sólo puede ser tan definido porque realmente la recordaban como algo que había pasado. En otro tiempo. Quizá el embrión de ese pueblo, además de la migración Zensunni desde Bela Tegeuse tuvo mucho que ver con un grupo de judíos y una Reverenda Madre no Bene Gesserit.

¿Cuál fue el nacimiento de la Bene Gesserit? Por qué no una renegada de la Orden, dispuesta a reconstruirla desde el principio, a buscar a las hermanas adecuadas, a entrenarlas en espera de que la especia apareciera en un universo en el que aún no existía. Sin especia su vida sería más corta, y no tendría posibilidad de transmitir sus memorias a sus hermanas.

¿Quién fue el primer caudillo fremen? ¿Un hombre que no nació fremen, pero había nacido para serlo, que guió a los restos de un pueblo perseguido de planeta en planeta hasta encontrar el adecuado, portando consigo los valiosos gusanos de arena que un día harían de Arrakis el planeta más valioso del universo?

¿Cómo nació Dune? ¿De dónde surgió una criatura como la trucha de arena, capaz de encapsular el agua y convertir cualquier planeta en un territorio árido, apto para la supervivencia de su forma adulta?

Ah, pero es el pasado. ¿No lo comprendéis? No es sino el pasado.

Leto II en Dar-es-Balat

Paul contra FeydIgnoro si todo esto estaba en la mente de Frank Herbert. Y posiblemente ya nunca podremos saberlo. Pero la tesis que he expuesto explica buena parte de los puntos oscuros que hay durante toda la serie y es consistente (o al menos no contradictoria) con lo que se cuenta en la seis novelas de la saga.

Tenemos el caso de Sheeana, la Bene Gesserit herética, que acompaña a Idaho en su fuga, y que echa de menos las dos lunas de Arrakis, ahora destruido por el furor homicida de las Honoradas Matres, mientras espera pastorear nuevos gusanos de arena en el Dune en que se convertirá la Casa Capitular de la Hermandad. Dándole vueltas a sus planes de fuga con Idaho no puede evitar el pensamiento de “la próxima vez buscaré un planeta con dos lunas”. No sólo lo busca, sino que encuentra el Arrakis original. Si además aceptamos que la fundadora de la Bene Gesserit fue una Reverenda Madre venida del futuro, la búsqueda tan precisa por parte de la Hermandad de lo que debía ser un Kwisatz Haderach y su conocimiento de las líneas genéticas a combinar no resulta nada extraño. Que Sheeana no contase a sus primeras hermanas que su intento de crear el ser supremo tendría un éxito prematuro y que eso las tendría esclavizadas durante dos mil quinientos años puede ser una muestra del humor socarrón de la Reverenda Madre, algo de lo que da abundantes muestras a lo largo de Casa Capitular: Dune. Hay otra posibilidad: la Hermandad conoce perfectamente las consecuencias de intentar desarrollar un Kwisatz Haderach y, en su arrogancia, se propone cambiar el futuro, con la consecuencia lógica de que se limitan a crearlo.

El que Idaho recuerde todas sus vidas-ghola no deja de ser extraño, y más teniendo en cuenta que una y otra vez se afirma que en su cuerpo no hay células de todas sus encarnaciones. El salto en el tiempo que da en la no-nave podría explicar eso, hasta cierto punto: durante el salto recorre, al revés y en un flash, todas sus vidas pasadas. La predilección de Leto por él (el hacerlo resucitar y morir una y otra vez y usar sus genes para su programa de procreación) puede tener varios motivos: aparte de los que ya apunté antes, podemos pensar que si Duncan es su más remoto antepasado por línea fremen puede ser una manera de vengarse del hombre que, en última instancia, es su creador (y también su asesino).

La presencia de los judíos en Casa Capitular: Dune no tiene sentido en sí misma. Como ya he dicho carecen de la menor importancia para el desarrollo de la historia que se nos cuenta. Deambulan de un lado a otro durante todo la novela (sin influir en ninguno de los acontecimientos) e Idaho se los lleva en su fuga casi por casualidad. Su presencia solo cobraría sentido teniendo en cuenta novelas posteriores que no se llegaron a escribir: los judíos estaban destinados a jugar un papel importante en la futura serie. ¿Cuál si no servir de embrión para un pueblo perseguido con conciencia de haber sido elegidos por Dios? En todo el universo de Dune son los fremen los únicos que se ajustan a esa descripción. Su origen, pues, sería múltiple: por un lado la migración Zensunni, que en determinado momento llega a Arrakis. Pero cuando llega allí lo encuentra ya poblado por un pueblo duro y con una larga tradición mesiánica (la Reverencia Madre Salvaje que iba con el grupo original se encargaría de ello) y no es descabellado pensar que Zensunnis y proto-fremen se absorbieran mutuamente: muchas de sus características serían compatibles y hasta complementarias.

Incluso podríamos incluir a los dos viejecitos que salen al final, aparentemente Danzarines Rostro que han evolucionado hacia la conciencia individual durante la Dispersión, y que están a punto de atrapar la nave de Idaho en una especie de malla espaciotemporal. En ningún momento se sabe dónde ni cuándo están, pero parecen capaces de manipular el tiempo y el espacio. No es descabellado suponer que Idaho, al deshacerse de la malla, provoque un desplazamiento temporal de la nave.

Pero, aún cuando esta teoría fuera cierta, quedan cabos sueltos dentro de ella. Es difícil que todo sea consistente y carente de contradicciones en seis libros escritos a lo largo de un periodo de más de veinte años y el propio Herbert tuvo que sentirse tentado a rescribir alguno de los libros anteriores para eliminar, aquí y allá, ciertas inconsistencias [6]. En cierto modo, la idea de hacer de la serie un círculo en el tiempo (si es que realmente sus intenciones iban por ese camino) podía ser el medio de reforzar la coherencia interna de la saga, convirtiéndola en un todo autocontenido sin más explicación que ella misma.

Como he dicho, nunca lo sabremos. Pero podemos especular.

NOTAS:

  1. Hay otra posibilidad, por supuesto. Leto, con su omnisciencia casi completa, sabía que un día moriría a manos de Idaho, si bien ignoraba exactamente el cómo y el cuando a causa del fallo en su visión oracular causado por la presencia de Siona (la primera humana en escapar a la visión presciente). En cierto modo es fácil imaginar la agonía de Leto, clonando una y otra vez al que iba a ser su asesino (¿su salvador?) y preguntándose si sería esta vez, si ahora Duncan (ese Duncan y no otro) conseguiría su propósito. Y su decepción y su alivio cada vez que Idaho no era el instrumento de su muerte serían palpables. Esa especie de fascinación morbosa sería muy propia de alguien como el Dios Emperador.
  2. Esto está en contradicción con lo que sabemos por El mesías de Dune. El Scytale que aparece allí no es un Maestro Tleilaxu, sino un simple Danzarín Rostro. Podríamos pensar que se trata de otro personaje, pero a la luz de lo que luego sabemos de los Tleilaxu en las dos últimas novelas de la serie más parece que Herbert, en el momento de escribir el segundo volumen, no hubiera pensado aún en la diferenciación de los Tleilaxu en Maestros y Danzarines Rostro. En los últimos libros se define a estos como criaturas grupales, sin apenas consciencia propia, y capaces poco más que de cumplir las órdenes de un maestro: eso está en contradicción con el comportamiento de Scytale en El Mesías de Dune, claramente independiente y capaz de tomar sus propias decisiones. Lo lógico es, pues, pensar que ese Scytale es en realidad un Maestro (aunque con las capacidades multiformes de los Danzarines Rostro) y que identificarle como a un metamorfo es un error de transcripción. La otra posibilidad es que en esa época ambas subespecies no estuvieran aún completamente definidas.
  3. Lo que Brian Herbert y Kevin J. Anderson comentan en Dune: la Casa Atreides es que en realidad hubo una rebelión de las máquinas pensantes contra la humanidad y esta se vio envuelta en una guerra con sus creaciones que casi la llevó al exterminio. Brian Herbert afirma que esa idea vino sugerida por algunas de las notas de su padre. Desde luego, es consecuente con lo que pensaba Frank Herbert, tal y como vemos en la novela Destino: el vacío donde una inteligencia artificial termina proclamándose Dios en el momento mismo en que se vuelve consciente. Ambos autores desarrollarían esa idea en la nueva trilogía Dune: la Yihad Butleriana.
  4. Y de hecho, en los dos últimos libros de la serie, la Bene Gesserit se ve obligada a abandonar su papel de “poder en la sombra” para manifestarse abiertamente y luchar por su propia supervivencia a causa de la amenaza de las Honoradas Matres. Algún personaje llega a preguntarse si el único objetivo de la Orden no es otro (más allá de programas genéticos y ansias evolutivas) que el de la propia perpetuación.
  5. En Dune: la Casa Atreides se dice que Salusa Secundus es el planeta de origen de la Casa Corrino y que era un planeta acogedor antes de que se usasen contra él armas atómicas. Posiblemente fue ese ataque el que motivó el nacimiento de la Gran Convención que pena con la extinción el uso de armas atómicas sobre seres humanos.
  6. Ya he mencionado el doble origen de Scytale, como Danzarín Rostro y como Maestro. Pero hay más: el hecho de que Duncan, al ser resucitado como ghola en Dios Emperador de Dune recuerde a Leto como a un recién nacido, algo imposible, ya que el Duncan original (del que se nos dice que este ha sido desarrollado) murió varios años antes del nacimiento de Leto. El que en Hijos de Dune y Dios Emperador de Dune se diga que fue Lyet-Kynes el planetólogo imperial original, cuando este es realidad el hijo de Pardot Kynes, el hombre que por primera vez se propuso hacer realidad los planes fremen de ingeniería ecológica. Ciertas inconsistencias entre la primera novela y las siguientes sobre los rituales Bene Gesserit: en Dune se da por supuesto que la droga que usan estas no es la esencia de especia, aunque sus efectos son similares; en las siguientes novelas se nos habla explícitamente del trance de la agonía de la especia. Y, finalmente, la Cofradía: los dos Navegantes que aparecen en Dune son humanos en todos los aspectos, al menos en cuanto a su apariencia, y solo se les reconoce como Navegantes cuando uno de ellos pierde una lente de contacto y se ven sus ojos azules de especia. Edric, el Navegante que aparece en El Mesías de Dune solo es humanoide, con membranas entre los dedos y las extremidades algo atrofiadas, y no parece capaz de sobrevivir mucho tiempo fuera de su tanque de especia. En siguientes novelas de la serie, cada vez que se habla de los Navegantes, se da de ellos vagas descripciones que, sin embargo, insisten en sus cambios físicos.

Publicado originalmente en Gigamesh 42.

11 comentarios

  1. no sé, a falta de tener frescas las novelas, yo siempre vi Dune como un viaje hacia delante, si hubiera cerrado un círculo temporal me habría defraudado

    por otro lado, me recuerda mucho a Babylon5 la teoría, y en Babylon5 me gustó

  2. No sé si es el sitio adecuado donde preguntarlo, pero allá voy: ¿qué tal las dos novelas del hijo, las precuelas donde se narra la guerra contra las máquinas pensantes?

    V.

  3. Ufff.

    La primera trilogía de Brina Herbert y Kevin J. Anderson es una precuela directa del “Dune” original, donde explica la juventud del duque Leto y de algunos otros personajes… Se deja leer, típicamente best-sellera y no aporta gran cosa. Olvidable. Además, hacen justo todo lo contrario de lo que hacía Frank Herbert, quien se las había apañado para crear un space-opera lleno de intrigas barrocas sin contar nunca nada, sólo sugiriendo. Aquí cuentan pormenorizadamente, con lo cual el misterio se va al carajo.

    De la segunda trilogía, donde cuentan el Jihad Butleriano, sólo me leí la primera novela y me pareció bastante lamentable.

  4. De hecho, los libros resultan más interesantes por la información que aportan (siempre que aceptemos que esa información estaba en la mente de Frank Herbert como afirma su hijo) sobre el pasado de los personajes y el escenario que por otra cosa.

  5. Pues nada. Le den dos duros.
    Compré la primera de la trilogía del duque Leto y no la acabé; por eso preguntaba. El tema me interesaba mucho menos que lo que podría contarse en una trilogía de la guerra contra las máquinas pensantes, pero vaya, me has sacado de dudas.

  6. Por cierto, enhorabuena por el premio Domingo Santos, V. Acabo de ver el fallo del jurado y, sino ando muy despistado, eres el ganador.

  7. Muy buena teoria, me encanto y me quedo con ella como posible respuesta a todos los interrogantes.
    En Dune se dice que el agua necesaria para convertir a Arrakis en un vergel esta presente y en otro libro de la saga se dice especificamente que hay pruebas de que Arrakis no fue siempre un desierto, pero ya era un desierto cuando la emigracion desde Betelguese.
    Una pequeña objecion, los fremen no controlan a los gusanos, no como lo hace Sheeana al menos.
    ¿Cuál fue el nacimiento de la Bene Gesserit? Nacio junto con los Mentat y la Cofradia (de que forma no lo dice): la Cofradia para el estudio de las matematicas puras, los mentat como reemplazo de las maquinas pensantes y la Bene gesserit para el estudio de la politica, por lo que tendria que ser despues de la Jihad butleriana (aunque esto entraria entre los errores de la escritura tan prolongada).
    Saludos.

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