Los fanzines de los 90: BEM

Hay mucho que decir sobre BEM. Y, dependiendo de quién os cuente la historia, os hablará maravillas o echará pestes de ella. Como ya dije al principio de esta serie, mi pretensión no era en ningún momento presentar una visión objetiva de lo que significaron las publicaciones amateurs de ciencia ficción en la pasada década, sino más bien narrar, hasta cierto punto, mi crónica sentimental con algunas de ellas. He intentado, dentro de lo posible, mirar las cosas con una cierta distancia, implicándome en el recuerdo pero sin cegarme por la nostalgia.

Y confieso que he estado postergando la entrada de BEM, anticipando desde el principio que iba a resultar polémica. No tanto por las repercusiones que pudiera tener entre quienes la leyeran, sino por mí mismo. Hay partes de mi historia personal con BEM que me sigue resultando incómodo recordar y sobre las que, de hecho, prefiero no incidir. Para los cotillas, básteles con saber que lo que hace unos años fueron buenos amigos, ahora no pasan de un corteses conocidos. Los que quieran especular por los motivos de ese cambio, adelante, están cordialmente invitados. De todas formas, lo harían aunque yo no dijera nada, así que…

BEM sigue existiendo, ahora como una web dedicada a las noticias sobre el mundo del fantástico. De hecho, la página (aunque en otra formulación y bajo otra URL) ya existía antes de la desaparición del fanzine de papel.

En cierto modo, la actual web es una suerte de back to the basics, un retorno a los orígenes, pues BEM nació como una hoja informativa dedicada a recoger noticias sobre el mundillo de la CF y la fantasía. En principio no eran más que cuatro páginas en A4, con una maquetación similar a la de un periódico, donde se daba cuenta de quién había publicado qué y dónde, cuándo se iba a celebrar este acontecimiento o el otro, o quienes eran los finalistas a éste o a aquel premio. La llevaban Ricard de la Casa y Pedro Jorge Romero y este último tenía su propio fanzine, el interesante no ficción que se sustentaba básicamente en artículos que intentaban analizar el género fantástico con rigor y seriedad. Con el tiempo, no ficción se integró dentro de BEM, al igual que lo hizo Factoría de Fantasía y Ciencia Ficción, un proyecto de Ricard que nunca llegó a ver la luz como ente separado y en el que se pretendía dar cabida a relatos cortos. Con estas tres patas se articuló el trípode que era BEM y sobre el que durante mucho tiempo supo mantener un envidiable equilibrio: las noticias y comentarios, los artículos de fondo y los relatos. De hecho, durante algunos números, el sumario de la publicación se presentaba dividido en esas tres partes: BEM, no ficción y Factoría.

La evolución del fanzine fue rápida, casi de un número a otro y pronto tuvo un aspecto que lo hacía destacar con facilidad por encima del resto de la época. No sólo por su formato en A4, sino por su impecable maquetación y su calidad de impresión. No tardó en convertirse en la publicación de referencia para el fandom. Y para muchos escritores que empezaban (y algún veterano que otro) colar un cuento en sus páginas era un objetivo prioritario.

No tardé en colaborar con ellos, en su sección “La firma invitada”. Allí escribí un artículo metiéndome con Michael Moorcock, cuyas creaciones (después de muchos años de conocerlas a través de las adaptaciones al cómic que Roy Thomas y P. Craig Russell habían hecho) me habían resultado profundamente decepcionantes. Unos números más tarde, Albert Solé me respondía dándome cierta caña y, poco después, yo respondía a su respuesta, en un tono que, visto ahora, me parece demasiado solemne y pomposo. Supongo que debería haber entrado en su juego y haber respondido en el mismo tono entre jocoso e irónico que Albert había usado en su artículo. Intentaré hacerlo la próxima vez.

Luego… llegó el escándalo. En las páginas de BEM apareció una “cosa” (porque llamar artículo a aquella sarta de frases venenosas y mala baba es darle un tratamiento que no merece) titulada “Alejo Cuervo y sus cenobitas: el panorama de la ciencia ficción en España”. Bajo aquel título el entonces director de Blade Runner Magazine, Carlos Mesa, daba suelta a su rabia porque Alejo y un grupo de colaboradores de su entorno habían decidido abandonar su revista. Mesa se desahogaba a fondo, sin cortarse un duro en acusar a Alejo de todo lo imaginable y, no contento con esto, entraba en descalificaciones personales difícilmente justificables; desde la forma de vestir de algunos, la gordura de otros o los dientes estropeados de aquellos. Cristina Macía le respondió unos números más tarde con contundencia y eficacia (en su “réplica de una cenobita a un pitufo”) y fue la responsable de que a partir de entonces se conociera a Mesa en el fandom como Charlie Table, el Pierre Cardin de la ciencia ficción.

Los editores de BEM argumentaban que ellos se habían limitado a publicar un artículo de opinión y que no entraban a valorar lo adecuado o no de ésta; y que incluso habían concedido el derecho de réplica a los implicados.

Eso puede ser cierto. También lo es que generó un alto nivel de mal rollo entre muchas personas. Y no me creo que los chicos de BEM desconocieran que eso iba a pasar.

Fue ese artículo el que bautizó durante muchos años a la gente del entorno de Alejo Cuervo (y, por extensión, a algunos de los integrantes de la TerMa —tertulia madrileña de literatura fantástica— más cercanos a Julián Díez) como “cenobitas”, y uno de los primeros pasos públicos que se dieron en lo que fue la guerra más sonada del fandom de esa época. Una guerra con momentos más beligerantes que otros, incluso con sus treguas y sus intentos de acercamiento.

Se nos ha querido vender la moto de que esa guerra polarizó por completo al fandom en dos bandos enfrentados a muerte. Sin embargo, la realidad era bien distinta: la mayor parte de los aficionados activos al género pasaban bastante del asunto. Para ellos lo importante era que las publicaciones salieran a tiempo y tuvieran buen material. Que los editores de un sitio tuvieran algo contra los de otro, o que el colectivo X arremetiera contra el Y, ni les interesaba ni les importaba. Esa supuesta polarización de los aficionados en dos bandos irreconciliables afectó, en realidad, a muy pocos (aquellos más cercanos a cada uno de los entornos en danza) aunque causó mucho ruido, evidentemente.

Entretanto, BEM siguió creciendo. Creciendo en páginas, en ambición, en contenidos… y en editores. Joan Manel Ortiz y José Luis González no tardaron en unirse a Pedro y Ricard. Y, durante un breve periodo, Javier Cuevas y yo mismo formamos parte del Grupo Interface, que fue como decidieron denominar al colectivo encargado de la revista.

En un principio yo iba a encargarme de seleccionar los cuentos para BEM, y así lo hice durante algún tiempo, más bien breve, sobre todo porque vi enseguida que poco podría trabajar en el asunto (entre otras cosas, estaba haciendo la mili y eso no me dejaba mucho tiempo libre) y llegué a la conclusión de que figurar sin dar el callo no tenía sentido. Lo hablé con ellos, se mostraron de acuerdo y pasé a convertirme en un colaborador más.

Durante ese breve intervalo tuve, como curiosa anécdota, mi primer intercambio epistolar con Julián Díez. En realidad, yo no sabía que estaba hablando con él: quien se me presentó fue otra persona (no recuerdo ahora el nombre que me dio) que afirmaba ser el seleccionador de cuentos para la revista Gigamesh y me proponía un intercambio de material: yo le pasaría los relatos que no aceptase para BEM a ver si les interesaban a ellos y a cambio él haría lo propio. Me pareció una propuesta razonable y la acepté y durante algunos meses intercambiamos correspondencia (postal, por supuesto, el correo electrónico aún estaba, para mí, algunos años en el futuro). Luego, en la HispaCon de Gijón en 1993, Julián se me acercó y reconoció que él era la persona que se había carteado conmigo; no recuerdo si me explicó el motivo de su pseudónimo, aunque supongo que temería que viniendo de alguien como él (claramente, el “delfín” de Alejo Cuervo por aquella época, o esa era la imagen que proyectaba) su propuesta fuera mirada con desconfianza.

Como ya he dicho antes, durante un tiempo BEM no tuvo competencia digna de ese nombre en el ámbito de las publicaciones amateurs dedicadas al género fantástico, e incluso en los primeros tiempos de Gigamesh como revista profesional, el fanzine del Grupo Interface seguía siendo hegemónico. Hay quien piensa que eso se les subió a la cabeza y que, en cierto modo, se creyeron por encima del bien y del mal. Que se acostumbraron, tal vez, a que se les concedieran ciertos espacios de privilegio que acabaron considerando como algo natural.

Sin duda cometieron errores. Posiblemente pecaron de prepotentes más de una vez. Claro que, puestos a repartir palos, tampoco podemos decir que el comportamiento del “otro bando” fuera exquisitamente correcto. Así pues…

Como he dicho al principio, mi relación con los miembros del Grupo Interface se fue volviendo más tibia y lo que era una buena amistad (en algunos casos una muy buena amistad) acabó enfriándose. Desde el punto de vista de ellos, estoy seguro, el responsable fui yo. En cuanto a mi punto de vista… bien, no voy a entrar en temas personales. Digamos simplemente que sigo sintiendo aprecio por alguno de los antiguos editores de BEM; los otros se han convertido en simples conocidos con los que puedo mantener una conversación cortés, llegado el caso, pero con los que no tengo intención alguna de mantener una relación más estrecha.

BEM duró diez años, setenta y cinco números. Un hito al que pocas revistas, amateurs o profesionales, se han acercado. En ese periodo, por sus páginas pasó de todo: buenos —y malos— cuentos de los principales escritores españoles del género y de algún que otro extranjero, algunos excelentes artículos o secciones fijas interesantes como la de libros extranjeros de Pedro Jorge Romero. Otras secciones, me temo, se convirtieron en idas de olla difícilmente justificables, como los “Pisadas” de Miquel Barceló, que degeneraron rápidamente de una columna de opinión más que atractiva hacia una suerte de vendetta personal contra todo aquel que Miquel sintiera que lo había atacado, generalmente Julián Díez —al que se hacía referencia como el Joven Director— o alguien de su entorno o el de Alejo Cuervo —el Astuto Comerciante—.

Lo cual, por cierto, siempre me pareció un ejercicio de irresponsabilidad editorial por parte del Grupo Interface. La excusa del “no nos hacemos responsables de las opiniones de nuestros colaboradores” siempre me ha parecido más bien floja y sin demasiada sustancia. Porque, al fin y al cabo, parte de la labor de un editor es —o al menos debería ser— la de controlar el contenido de lo que edita y recortar las alas a sus colaboradores si consideran que están transitando un terreno peligroso, inadecuado o, simplemente, ajeno a los propósitos de la publicación. Y no, no estoy abogando por la censura; pero si a alguien le encargas una columna de finanzas, es tu labor como editor darle un toque cuando empieza a hablar de moda o la cría del berberecho bermellón australiano y sus delicias gastronómicas.

Pero temo que me estoy saliendo del tema. Y es más bien hora de que vaya encarrilando esto hacia el final. Así pues, perdonadme la digresión.

Si uno repasa hoy las páginas de BEM (algo que es posible gracias al CD en el que los propios editores recopilaron toda la revista en formato PDF y que supongo que no será muy difícil de conseguir) encontrará aún mucho material valioso, de todas clases, condiciones y tamaños. Y creo que deberían ser recordados por eso más que por sus errores: durante diez años supieron estar puntualmente al pie del cañón —mensualmente al principio, cada dos meses después, periodicidad que revistas con aspiraciones más profesionales no han sido capaces de mantener, ya que estamos— y trataron de ofrecer a su público el mejor material posible.

Y sin duda lo consiguieron, en buena medida. Pese a las exageraciones —y ocasionales mentiras directas— de sus detractores, pese a que el comportamiento editorial del Grupo Interface no siempre estuvo a la altura de su propia revista, BEM fue durante casi una década la mejor publicación periódica de ciencia ficción y fantasía en España.

Le pese a quien le pese.

19 comentarios

  1. “lo que hace unos años fueron buenos amigos, ahora no pasan de un corteses conocidos”

    ¿Amigos? ¿Tú? ¿Pero aún te queda alguno? ;-)
    Por cierto, deberías repasar la ortografía, la gramática… esas cosas. Queda mal que un super-escritor super-galardonado cometa tantas faltas :-(((

  2. Le quedan un montón Frank. Eso es lo que tiene ser un tío claro, sincero, legal, y que no se ve obligado a esconderse detrás de un seudónimo como tú para atreverse a lanzar una puyita.

  3. Pues sí, Frank, reconozco que soy el primer sorprendido de que aún me queden amigos, teniendo en cuenta mi actitud endiosada y mi canallesco comportamiento. Créeme, es un enigma que aún hoy me deja perplejo.

    Te agradezco tus comentarios sobre mis faltas de expresión, ortografía y gramática. Ciertamente escribo demasiado deprisa y no corrijo todo lo que sería menester. He repasado el post y he procurado corregir aquellos errores que encontré. Aunque, estoy seguro, se me han pasado muchísimos por alto. Estaré encantado de que me los señales, para así poder corregirlos también, no vaya a ser que mis editores lean esto y dejen de publicarme ante lo horriblemente mal que me expreso. Algo que, estoy seguro, te dejaría desolado.

  4. Es que los amigos de Rudy somos unos seres despreciables: vanidosos, ególatras, borrachines. ¡Algunos hasta escribimos y todo!

  5. Es curioso y en algunas ocasiones trágico (no en esta ocasión) como la historia cambia según quién la cuente, como cada cual arrima el cuenco a su mesa con mayor o peor acierto, vertiendo humedades en el brusco deslizamiento hacia uno.

    Sólo puedo comentar que, como tu mismo dices, eres parcial como cualquier otro ser humano, en tu caso hasta la saciedad y la desolación más absoluta.

    También es curioso observar el interés de algunos en revisar la historia de tanto en tanto. ¿Para animar el cotarro adormecido? ¿Para desviar la mirada indiscreta? ¿Para centrarla de nuevo sobre ti? No hace falta que me respondas, son unicamente preguntas retóricas.

    Da la sensación, siempre, que buscas el cuerpo a cuerpo como si las emociones fuertes se hubieran convertido en indispensables para tu vida diaria, como una droga que te hace vivir, soñar o que te lanza a escribir ficción.

    Al final llegas a la conclusión (personal) de que siempre estas polemizando con el resto del mundo (es un decir retórico, claro) en busca de protagonismo que rinde beneficios estrafalarios y te convierte en personaje tragicómico de sainete cutre. El artículo me trae sinuosamente a la memoria aquel otro barato ejercicio de estilo: “he visto a tu madre hacer esquinas esta noche” como delicado sinónimo de adjetivación.

    Por cierto y a modo de reflexión: también Hitler, Stalin y Pinochet tenían muy buenos, maravillosos e incondicionales amigos. Tener o no tener, no es esa la cuestión.

  6. Llegué a esta polémica en el fandom a finales de los 90, cuando pude acceder a Internet y descubrí este mundo, buscando información sobre una de mis mayores aficiones de toda la vida. Al poco de estar conectado descubrí el Sitio de Ciencia Ficción y la lista de correo electrónico de BEM, primera lista a la que estuve suscrito. Poco después me suscribí también a la revista, más o menos un año antes de que desapareciera. Un poco con la revista (aquel Pisadas de Miquel Barceló en los últimos números), y sobre todo en la lista de BEM, donde el recrudecido enfrentamiento entre partes nos llamó a buscar de donde venía tanta inquina por aquello de enterarnos de a que se debía todo aquel berengenal.

    De entre todos los implicados sólo he cruzado un par de palabras en el infierno de lo real con Rudy, poco más que un hola y adiós, por eso creo que puedo hablar con cierta objetividad del asunto. Y, estimado Alfonso, creo que de todo lo leído sobre el asunto, esta entrada de Rudy me parece de lo más comedido y equitativo. Creo que en la entrada está perfectamente señalado y señalado la exposición objetiva de los hechos de la opinión personal, y por tanto subjetiva, de Rudy. Creo que existe comprensión hacia el grupo Interface, y creo que el artículo es más conciliador que otra cosa. No sólo no busca la gresca, sino que creo que incluso existen puentes tendidos para el que los quiera ver (aunque puedo equivocarme en mi interpretación).

    Pido disculpas por los errores gramaticales y faltas de ortografía del mensaje. Creo que tengo derecho a cometer estos errores dado que no soy escritor. Además, tengo prisa porque me espera en la mesa una dorada a la sal con patatas a lo pobre.

  7. “Estaré encantado de que me los señales, para así poder corregirlos también, no vaya a ser que mis editores lean esto y dejen de publicarme ante lo horriblemente mal que me expreso.”

    Ba, ba… cometer un par de erratas en un blog, algo que se escribe a vuelapluma, no tiene mayor importancia. Pero ya que pides que te ayudemos a mejorar, y puesto que no soy quien para hacer tal cosa, te sugiero que leas esto que ha escrito un crítico profesional. Estoy seguro que te servirá para detectar errores y pulirlos en el futuro:
    http://www.que-leer.orange.es/queleer/contenidos/346@CRITICA.html

    Espero que te sea útil.

  8. Pienso yo, Alfonso Escamez (o Frank, o A. Ballesteros, o Carablanca, o como coño quieras firmar), y es una opinión personal, sinuosamente subjetiva, que tus problemas con tu madre no tienen nada que ver con lo que se está hablando aquí. ¿A qué viene eso de contarnos lo que hace por las esquinas? De verdad, creo se te ha ido completamente la bola. Si me permites un consejo (retórico, ya que te gusta la palabra aunque no sé si sabes lo que significa), deberías de tratar el tema directamente con ella, o con el tipo que te dijo que la había visto en una esquina. Aquí nadie había dicho nada sobre tu madre hasta que tú la has citado. Tus asuntos personales (a mí por lo menos) no interesan si estamos hablando de revistas de ciencia ficción. Entiendo que hay una relación entre ese problemilla tuyo familiar y tu falta de amigos (además de tu forma de escribir decididamente ridícula) que te hace ver con envidia a personas como Rudy. Pero tranquilo tío, nada que no pueda solucionar unos cuantos años de psicoterapia. Por cierto, que esa comparación con los amigos de Hitler, Stalin y Pinochet, veo una obsesión tuya por buscar una figura paterna fuerte, algo que la vida, trágicamente, te ha negado (así como cualquier otro conocimiento sobre tu verdadero progenitor), lo que no deja de ser lamentable.

  9. Para PacoPepe:

    No seas vulgar.

    No soy culpable de que tu nivel de inteligencia no llegue a percibir las alusiones tanto por el estilo empleado como por las palabras utilizadas.

    El estilo es ya un mensaje en si mismo (estoy seguro de que Rodolfo si lo ha captado)
    El ejemplo de las esquinas establece un paralelismo entre el texto y el mensaje del mismo (estoy seguro de que Rodolfo no se le ha escapado)
    En la frase final se hace evidente que falta algo…
    “Tener o no tener, no es esa la cuestión”… y te la continuo un poco más: “… sino ser o no ser…” En este caso Rodolfo lo ha pillado en la primera palabra.

    Por último: tu vulgar intento de insultar sólo hace patente tu minusvalia. Deberías ser más consciente de tus limitaciones. No me molestas.

  10. Alfonso, chavalín, lo que me alucina es que un tipo que escribe de un modo tan patético y trasnochado se atreva a dar lecciones de corrección.
    A mí tampoco me molestas, tan solo me das risa.
    Y un saludo para tu señora madre.

  11. Alfonso, qui s’excuse, s’acuse.
    Tus explicaciones sobre lo que querías decir realmente te ponen en evidencia.
    Me temo que se te ha visto el plumero.

  12. Estooo, Alfonso, minusvalía lleva acento en la “i”. Vas dando lecciones a los demás y ni siquiera cuidas tu ortografía.

  13. Pues tampoco le ha puesto acento a la i de “Rodolfo sí lo ha captado”. Parece que Alfonso tiene verdaderos problemas con los acentos, jajajaja.
    ¡Listillo!

  14. En fin, como acabo de decir en el blog, no deja de ser pintoresco que un post escrito deliberadamente con cuidado para eludir cuestiones espinosas, no pisar susceptibilidades y no generar malos rollos, haya generado todo esto.

    Al amigo Alonso Ballesteros (de nada por el nick, por cierto), sólo comentarle que conozco de sobra la crítica que me recomienda. Y que he reflexionado a fondo sobre ella. Y que el problema no es que ponga mal mi novela (a lo mejor, sorprendentemente, hasta estoy de acuerdo con lo que dice) sino que no se moleste en argumentar y se limite a sentar cátedra. Y de una crítica así, pocas enseñanzas se pueden sacar.

    A Alfonso Escamez, decirle que me temo que me presupone una inteligencia mayor de la que tengo, pues no he entendido ni la mitad de esas alusiones que, según él, he pillado al vuelo.

  15. Y entretanto, el cocido que nos zampamos en Santander estuvo de puta madre…

    (No, no me he equivocado de entrada del blog; es por meter algún comentario con sentido y que hable de algo que vale la pena…)

  16. (Mataría por un buen cocido, ay)

    Y, Gorin, ya que estamos: ¿acentos o tildes? ¿Acentos gráficos? Y me da igual lo que diga la RAE, una solución quiero…

  17. VMGB: ya te explico en pribao lo de las tildes. En cuanto al cocido, me atreveré a decir, públicamente incluso, que fue un asunto serio… :)

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