El Superman II de Richard Donner

Superman II Siempre me había parecido una película más bien irregular, con momentos que me gustaban mucho junto a otros francamente olvidables, por no mencionar que me daba la sensación de que había cosas en el guión que no terminaban de encajar. Cuando, unos años después de verla por primera vez, oí la historia de que en realidad Donner había empezado a rodarla y luego lo habían echado y sustituido por Richard Lester, las cosas empezaron a encajarme y comprendí la diferencia de tonos y de forma de narrar que había notado de un modo inconsciente.

Luego supe que, en realidad, a Donner le faltaba poco para terminar la película cuando los Salkind decidieron despedirlo y que, de hecho, había bastantes secuencias rodadas con Marlon Brando que no se pudieron usar a causa del contencioso que el actor tenía con la productora —arguyendo que se lo había contratado no para una, sino para dos películas, quería que se le pagase el doble: doce milloncetes de dólares de la época en total— y que tuvieron que volver a filmarse con Susannah York. El material rodado por Lester (sumando las secuencias nuevas más el material que volvió a filmar y que ya había filmado previamente Donner) viene a ser un treinta por ciento de la película que vimos finalmente en el cine; una cantidad lo bastante significativa para poder suponer sin temor a equivocarse que el Superman II planeado originalmente iba a ser muy distinto.

Durante mucho tiempo, los fans especularon con cómo habría podido ser esa película, ese Superman II concebido de acuerdo a la idea original de Donner.

La llegada de las nuevas tecnologías ha permitido en los últimos años recuperar momentos cinematográficos que se creían perdidos y ponerlos al alcance de los aficionados a un precio asequible. Lo cual no siempre es bueno. En realidad, siempre he pensado que, en el fondo, no queremos que se cumplan nuestros deseos, que preferimos seguir especulando no vaya a ser que el sueño hecho realidad no resista comparación con lo que habíamos imaginado.

¿Está a la altura de nuestras expectativas el Superman II “real” de Donner o era superior el que había en nuestra mente?

Supongo que cada cual tendrá una respuesta distinta a esa pregunta. La mía es que sí, que está a la altura y hace que, por fin, me reconcilie con una película que me había tenido oscilando todo este tiempo entre el placer y el descontento.

No hará falta que explique que estoy hablando de la edición en DVD que incluye las cinco películas del Hombre de Acero para la pantalla grande —en sus distintas versiones—, además de mucho material adicional (y de episodios completos de la serie de animación de los Fleisher o del serial cinematográfico de George Reeves). Y supongo que tampoco será necesario añadir que lo primero que he hecho tras hacerme con “la caja” ha sido ver ese Superman II del que llevo un rato hablando.

Soy consciente de que no estoy viendo exactamente el Superman II que Donner quería. Hasta donde ha sido posible (buscando y rebuscando por todas partes el material filmado originalmente y, en ocasiones, usando pruebas de pantalla de los actores) ha intentado recrear la película, pero estoy seguro de que no siempre le ha sido posible (algunas secuencias se habrán perdido; en otros casos ha tenido que echar mano, por narices, del material filmado por Lester, como en el caso de la lucha entre Superman y los tres supervillanos en las calles de Metropolis). Así que en realidad estamos ante algo que no es del todo lo que el director planeó, sino lo que el tiempo y las circunstancias le han permitido reconstruir.

¿Estamos ante una película distinta a la que vimos en su momento? Sí y no. La historia es sustancialmente la misma, pero esta versión “restaurada” a los propósitos originales de su director permite comprender mejor muchos de los elementos narrativos que en su momento me parecieron fuera de lugar o forzados. Al mismo tiempo, la relación con el anterior film es ahora mucho más consistente y creíble. De hecho, ya no es la explosión de la bomba atómica de París (escena que desaparece en la nueva versión) lo que saca a los supercriminales de la Zona Fantasma, sino el misil lanzado por Luthor que Superman desvía al espacio en la primera película. Este nuevo montaje está lleno de momentos como este, donde se nos hace referencia a la primera entrega o, simplemente, se nos muestran las consecuencias de los acontecimientos ocurridos en ella; haciendo de este modo que ambos films funcionen como una sola historia en dos partes, algo que la versión anterior no terminaba de conseguir por completo.

Como he dicho, la historia es sustancialmente la misma, aunque despojada de buena parte de los momentos cómico-zafios que Lester había introducido y con una trama mucho más coherente y menos forzada. Ojo, la bufonadas de Lester me resultaban simpáticas, no lo niego, pero no terminaban de pegar con el tono del resto de la película ni, mucho menos, con el de la primera. Tienen más sentido en Superman III, dirigida por Lester desde el principio, y que ya se desliza con claridad hacia la semi-parodia desde la secuencia inicial.

De los cambios que se han hecho, el primero, y quizá el menos relevante, es el modo en que Lois descubre la identidad secreta de Superman. Supongo que es cuestión de gustos, pero esta nueva secuencia (recuperada —como bien se aprecia por el peinado distinto y las diferentes gafas que lleva Clark— a partir de una prueba de pantalla) me convence bastante más que la que vimos en su momento. Entre otras cosas, hace que Lois participe activamente en el desvelamiento del asunto, en lugar de limitarse a ser todo un tropezón por parte del torpón de Clark.

Algo más adelante tiene lugar lo que, más que un cambio, es un trastocamiento del fluir temporal: pues ahora Superman y Lois hacen el amor antes de que el primero pierda los poderes (con lo que, puestos a especular, podría quedar justificado uno de los momentos más discutibles del Superman Returns de Singer). Y no, no es no es una idea de última hora de Donner, o un intento de cambiar las cosas sólo para demostrar que lo que él iba a hacer era muy distinto a lo que hizo Lester: cuando Superman habla con Jor-el y le dice que quiere comprometerse con una humana aunque para ello tenga que renunciar a sus poderes, Lois asiste a la escena vestida únicamente con la camiseta de Superman. Es fácil suponer que para entonces ya han tenido una cierta “intimidad”.

Pero los cambios realmente importantes están casi todos en las secuencias que se desarrollan en la Fortaleza de la Soledad, y especialmente en el modo en que Superman pierde y posteriormente recupera sus poderes. En los diálogos entre el Último Hijo de Krypton y su padre se ahonda en la relación entre ambos (esbozada en el film anterior) y se explica por fin la enigmática frase de “el padre se convertirá en el hijo; y el hijo, en el padre”.

Uno de los mejores momentos de la película es cuando Superman habla con el fantasma electrónico de Jor-el y éste le revela que, para poder comprometerse con una humana, debe renunciar a ser lo que es. Frente a la conversación un tanto sentimentaloide con Lara que habíamos visto en el cine, asistimos aquí a un Jor-el que sabe que su hijo está cometiendo un error, pero sabe también, como cualquier padre, que debe dejar que cometa sus propias equivocaciones.

El otro momento cumbre, emotivo sin ser caer en lo fácil, es la contrapartida del que acabo de mencionar: el Jor-el fantasmal devolviendo sus poderes al Hombre de Acero, sacrificando en el proceso todo cuando queda de él y, por tanto, de Krypton para dárselo a su hijo. Y resolviendo, de paso, uno de los momentos argumentalmente más débiles de la versión anterior.

A punto de acabar la película, estamos ante una Fortaleza de la Soledad destruida y una Lois conocedora de la identidad de Superman. Un final así no sería nada novedoso en estos tiempos (no después de que Lois y Clark se casaran en los comis y en la televisión) pero por aquel entonces habría parecido una herejía: al fin y al cabo se suponía que una de las constantes del personaje es esa Lois enamorada eternamente de Superman y eternamente burlona hacia Clark. Por lo tanto, el Hombre de Acero debe volver a dejarlo todo como estaba y para ello recurre de nuevo a la artimaña de hacer retroceder el tiempo, al igual que en la película anterior. No es la solución más brillante (si ya me pareció una tontería en el primer Superman, imaginaos ahora) pero al menos es coherente con lo narrado hasta el momento y, en cierto modo, cierra la historia de forma adecuada.

Pocos cambios más hay. Básicamente supresiones del material rodado por Lester: toda la secuencia de París, como he dicho y, gracias sean dadas a los cielos, el ridículo duelo de superpoderes en la Fortaleza de la Soledad, donde Superman y Zod y sus secuaces de sacaban de la manga habilidades a cual más tonta y absurda.

(Es curioso porque siempre sospeché que esas dos secuencias eran de Lester y no de Donner. Y no por ningún brillante rapto de sagacidad: simplemente, hace tiempo que me di cuenta de que el peinado que Superman lleva en esas secuencias es distinto al del resto de la película —el pelo no se ondula del mismo modo y el rizo sobre la frente no está igual— y eso me llevó a pensar que habían sido rodadas posteriormente. A veces ser un friki obsesivo sirve para algo.)

Hemos tenido que esperar casi treinta años, pero ahora, por fin, las dos primeras películas de Superman forman la unidad temática y narrativa que se pretendió que formaran. La espera ha sido larga, pero ha merecido la pena.

8 comentarios

  1. Yo no puedo dejar de pensar en esos espermatozoides de acero compitiendo por ser el primero en llegar y fecundar, atravesando los tejidos de Lois como si fueran papel…

  2. “Hombres de acero, mujeres de papel”, un divertido cuento de Larry Niven sobre el tema. Cada vez que el adolescente Clark Kent se hiciera una paja, sus superespermatozoides se pondrían en órbita alrededor de la tierra dispuestos a fecundar a todas las mujeres del planeta.

  3. Lo del viaje atrás en el tiempo se planteó y rodó primero para la segunda película. Según dicen las distintas versiones, a los productores les gustó tanto esa escena que le “sugirieron” a Richard Donner casi a última hora que incluyera esa escena de alguna manera en el final de Superman. La Película.

    Por eso, me imagino yo, cuando Superman vuelve del viaje en el tiempo y se encuentra con Jimmy Olsen y Lois, a sano y salvo tirada en mitad del desierto con su coche, no hay ninguna grieta que engulla su coche.

  4. Se llama “Hombre de Acero, mujer de kleenex”. Es de Larry Niven y está en la antología “Sexo alienígena” (creo que editada por Destino en Cronos). El relato de Niven, en realidad un seudo artículo en el que se hace una aproximación desde la ciencia ficción dura a los poderes de Superman, es de lo mejor del libro. Que por otra parte, no es gran cosa.

  5. Bueno, en el fondo, no nos engañemos, este nuevo “montaje” no es más que una chapuza, un remiendo que llega tarde y mal a lo que quería hacer Donner, precisamente porque ha de mezclar el material que hayan podido recuperar del metraje original e inevitablemente usar el de Lester.

    Pensaba que habría cambios más profundos, como el combate entre Superman y los villanos en Metropolis, que está en buena parte en clave de humor y rompe la seriedad que requiere el momento. Seguro que Donner lo habría hecho completamente distinto.

    En fin, que menos da nada, pero casi que preferiría que se hubiesen rodado de nuevo las escenas que hacían falta para ver un autentico Donner´s cut con actores distintos pero que hubiesen hecho claramente desmarcarse de la versión de Lester.

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