Los fanzines de los 90. Un paréntesis: Maser

Estrictamente hablando, el grueso de la etapa en activo de Maser, el fanzine que Jesús y Juan José Parera al principio y luego el segundo en solitario editaban desde Madrid, pertenece a la década de los ochenta del pasado siglo.

Sin embargo, llegó a publicar algún número en los noventa. Y, como no me cansaré de repetir, esto no es una crónica objetiva, ni ha pretendido serlo nunca.

Supe de la existencia del fanzine por las página de Nueva dimensión, revista a la que estuve suscrito desde el número 119 hasta su desaparición en el 148. De hecho, un día me llegó publicidad de Maser (sospecho que tenían acceso a la lista de suscriptores a ND, algo que con la actual ley de protección de datos sería impensable) donde se anunciaba, para el número siguiente, un relato de Rafael Marín, continuación de su novela corta “Nunca digas buenas noches a un extraño”, que yo había leído —y disfrutado entre la admiración y la envidia— en Nueva dimensión. Picado por la curiosidad, le escribí a Juan José y no recuerdo si simplemente le pedí aquel número o decidí suscribirme al fanzine, directamente.

El caso es que cuando llegó lo que había pedido, me encontré con que aquella supuesta continuación no pasaba del capítulo inicial. Marín no había llegado a terminarla ni parecía que la fuese a terminar jamás. Pese a eso, el fanzine me gustó: tenía un aspecto sobrio, elegante y bien maquetado y el material que contenía me resultó interesante. Así que seguí suscrito.

Ni se me ocurrió enviarle un cuento a ver si lo publicaba. Me parecía que Maser estaba, como dicen los anglosajones, “way out of my league”. Tenía un aspecto casi profesional: portada en cartulina de color, con lomo, impreso —o eso parecía—… en fin, me parecía que tenía demasiada calidad para que su editor se molestase siquiera en leer lo que yo pudiera mandarle.

Sí, era joven e ingenuo. Incluso inseguro respecto a mi valía como escritor. Ya veis cómo pasan los años.

Lo que sucedió después fue que, por motivos que aún hoy desconozco, Maser dejó de tener aquel aspecto casi de revista profesional y pasó a tener pinta de fanzine cutrillo-fotocopiado. Y recuerdo que al recibir aquel primer número tras la reconversión lo que pensé no fue “jo, qué putada” sino “eh, con esto sí que me atrevo”. Así que le envié un par de cuentos. Absurdo, ¿verdad? La publicación era la misma y si antes, desde mi punto de vista, tenía unos baremos de calidad demasiado altos para mí, ¿por qué iba a dejar de tenerlos ahora? Sin embargo, su aspecto actual me “imponía” menos y allí sí que me atrevía a mandar algo.

Para mi sorpresa, Juan José me escribió diciendo que aceptaba mis cuentos. Que “El chico de la moto es el rey” saldría en el siguiente número y el otro, “En los confines del Norte”, lo guardaba para más adelante.

Eh, tíos, iba a publicar. Joder, iba a publicar. ¡Hostia puta, iba a publicar!

Y, mientras esperaba ansioso al siguiente número del fanzine (creo que salían un par de ellos al año) recibí otra sorpresa. Un pequeño boletín en formato A5 donde Juan José daba salida a algún que otro artículo y a varias críticas o reseñas de libros. Lo llamó, evidentemente, Maser boletín informativo y al principio eran simplemente cuatro páginas, un A4 doblado, en realidad.

Eh, me dije. Qué idea. Aquí puede haber algo interesante, una nueva oportunidad de publicar. Repasé mi biblioteca, vi qué libros había leído últimamente y escribí unos cuantos comentarios sobre ellos. Se los mandé a Juan José. Al fin y al cabo, si había aceptado mis cuentos, a lo mejor también lo hacía con mis reseñas.

Y lo hizo. Para el número tres del boletín informativo, había un par de críticas mías. Una de ellas a Cánticos de la lejana Tierra de Arthur C. Clarke, si no recuerdo mal. Como la periodicidad del boletín era mucho menos espaciada que la del fanzine, salieron varios números del primero con artículos y reseñas firmadas por mí antes de que el número 10 de Maser llegase a mis manos con mi primer relato publicado.

Y con algo más.

Abrí el sobre y me encontré con unos cuantos billetes. No recuerdo el importe exacto, pero era un dinerillo. Pensé que había habido algún error y escribí a Juan José (ah, parece increíble: escribir una carta, imprimirla, meterla en un sobre y llevarla a Correos… cómo han cambiado las cosas en tan poco tiempo) informándole del asunto.

Ningún error. Juan José había decidido pagar las colaboraciones. Poca cosa, pequeñas cantidades, pero para mí era la rehostia. No sólo me publicaban: me pagaban por ello.

Era el paraíso.

Y supuso un acicate importante para mí, un estímulo no despreciable. Evidentemente, no escribía motivado por lo que Juan José pudiera pagarme, ni mucho menos, pero saber que había alguien que confiaba en mi trabajo lo suficiente, no sólo para publicarme en su fanzine, sino para compensarme económicamente por ello era importante para mí.

Durante los siguientes dos o tres años colaboré activamente en el boletín informativo de Maser, hasta el extremo de que algunos números (que pronto fueron creciendo de páginas) casi parecían un coto personal mío. Reseñaba casi cada libro que leía y empecé a escribir algún artículo que otro. Recuerdo especialmente uno en el que hablaba de que Harlan Ellison no me parecía gran cosa como escritor, más allá de su habilidad para los títulos largos y rebuscados. Fue respondido varios números después por Julián Díez. En el número 14 del fanzine volvió a salir otro relato mío, aquel “En los confines del Norte” que Juan José había decidido guardar para otra ocasión.

Para entonces Juan José ya tenía más material mío. Y entre ese material había una novela. ¿Una novela? ¿Para un fanzine?

Sí, porque Juan José empezó a hacer números monográficos de Maser y algunos de ellos los dedicó a publicar una novela de autor español (también sacó un especial compuesto exclusivamente por ilustraciones de su hermano Jesús, fallecido unos años antes y co-editor del fanzine). La primera novela, escrita por Francisco Arellano, mezclaba a Doc Savage con los mitos de Cthluhu. La segunda se llamaba Tornado y estaba escrita por Alfredo Benítez Gutiérrez.

Y la tercera…

La tercera estaba en manos de Juan José desde hacía tiempo. Se llamaba Después del pasado y adivinad quién era el autor. Ajá, muy bien, en efecto, lo habéis pillado. Se trataba de una historia ambientada en los primeros tiempos de Drímar y narraba una historia a lo Mad Max en medio de la ruinas de la civilización del siglo XX.

Creo que mi novela iba a ser el número 15 del fanzine

Sólo que no llegó a haberlo jamás.

Juan José decidió tirar la toalla. Maser cada vez le consumía más tiempo y esfuerzos, y los resultados no compensaban. El número de suscriptores era ridículo y los ejemplares que conseguía vender a través de alguna librería, escasos. Así que decidió cerrar el quiosco y dedicarse a otras cosas.

Mi novela ya estaba maquetada y Juan José tuvo el detalle de mandarme las pruebas de imprenta. Las encuaderné y ahí esta desde hace años ocupando un lugar en mi biblioteca: lo que estuvo a punto de ser mi primera novela publicada pero no lo fue.

Visto hoy, creo que Juan José se equivocó en sus apreciaciones. No en el sentido de que no debería haber cerrado fanzine: eso es algo que sólo él podía decidir. Y, si realmente se sentía cansado y el esfuerzo no le compensaba, no tenía sentido que siguiera con él.

Pero en un sentido más amplio sí que “compensaba”. Tal vez no para su editor, pero sí para la media docena de colaboradores que, bien en el boletín, bien en el fanzine, bien en ambos, dimos nuestros primeros pasos en el mundo de la publicación y fuimos perdiendo nuestro miedo escénico, puliendo nuestros defectos y aprendiendo unas cuantas cosas en el proceso. Maser compensaba, claro que lo hacía, y con creces.

Y creo que, pese a que sus ventas fueran bajas (quizá incluso más bajas de lo normal en un fanzine de sus características) su influencia en el mundillo no fue desdeñable. Y en cierto modo tengo la sensación de que marcó iniciativas posteriores. No me parece descabellado pensar que proyectos como Elfstone o Parsifal nacieron en buena medida gracias al ejemplo de Maser.

A mí me compensó, como he dicho. Y mucho. Juan José Parera fue mi primer editor y, durante todo aquel tiempo, un buen amigo. Aún lo es, aunque nos vemos poco y nos escribimos aún menos. Pero siempre es un placer encontrárselo en las HispaCones y hablar, aunque sea unos minutos, de lo que sea.

Hoy, Juan José sigue al pie del cañón con Términus Trántor, una auténtica enciclopedia on-line dedicada a la ciencia ficción y fantasía que es, sin la menor duda, una de las webs de referencia del género.

Durante un tiempo, creí que Juan José dejaría el fandom, al menos de un modo activo. Me alegra ver, sin embargo, que no se ha rendido y ahí sigue.

Por mucho tiempo, espero.

2 comentarios

  1. He encontrado esto intentando reflejar en Términus Trántor toda tu producción… Vano intento, por cierto. Imposible en todo caso.
    Han tenido que bajarme del techo a empujones. Me había hinchado tanto que me era imposible moverme. Gracias por tus palabras. Las aprecio muchísimo. En especial porque proceden de una persona a la que admiro y respeto en lo literario y en lo personal. Gracias.

  2. De nada, Juanjo. Ha sido un placer escribir esta entrada. Y ni siquiera he tenido que mentir.

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