Pues sí, “Servando” mola

Mi amigo Jesús Parrado tiene la costumbre de ponerles motes a todos los actores y a los que estamos a su alrededor se nos ha acabado pegando. Así, John Wayne se ha convertido en “la Chorina”, William Shatner en “el Xatu” (un ternero en asturiano), Roger Moore en “la Mura”, Pierce Brosnan en “Raulito” o Alec Baldwin en “el Ciruelu”.

Y, desde que se anunció quién iba a ser el nuevo James Bond, Jesús empezó a decir que aquel tipo no era ni podía ser Bond, que se llamaba Servando y era de Vegadeo. No preguntéis por qué precisamente de allí, aunque estoy seguro de que en los abismos insondables de la mente de Jesús, la expresión es perfectamente lógica.

Desde entonces nos hemos acostumbrado a llamar “Servando” a Daniel Craig. Y, de hecho, cuando el sábado quedamos para ir a ver Casino Royale, en realidad quedábamos para ir a ver “la de Servando” y así lo decíamos entre nosotros.

Íbamos con cierto miedo. El actor nos gustaba (lo habíamos visto, entre otras, en el Munich de Spielberg y el tipo era bueno, sin la menor duda), pero no acabábamos de verlo como Bond. Y, cuando vimos que la película se anunciaba como una suerte de “Episodio Uno”, los temores crecieron.

Sin embargo, he de decir que tanto el actor como la película nos convencieron. Completamente. Nos creímos a “Servando” como ese Bond, aún sin pulir, todavía sin desbastar, que nos presenta la pantalla; y su evolución a lo largo de la película hasta convertirse en el “Bond, James Bond” que es uno de los iconos más populares de nuestra cultura nos resultó convincente. La película nos enganchó, nos entretuvo y no nos decepcionó en ningún momento.

Y “Servando” nos gustó. Más aún, hubo momentos donde literalmente nos acojonó. Su interpretación de asesino frío, despiadado (ah, esos friísimos ojos azules) y carente de escrúpulos resulta escalofriante. Por no mencionar su arrogancia ofensiva, su humor agresivo, casi salvaje (un arma más en sus manos, tan mortal como lo puede ser la Walther PPK) y, sobre todo, su terquedad, ese volver siempre a por más, ese empeñarse en acabar lo que ha empezado sin importar cuánto le den, y os aseguro que este es posiblemente el Bond al que más han hostiado en toda su historia.

Es cierto que no es el Bond que conocemos y al que nos hemos ido acostumbrando a través de sucesivas entregas cinematográficas. Y tampoco es, me apresuro a añadir, el Bond de Fleming. Es, como lo ha sido siempre desde que Connery lo interpretara a principios de los sesenta, una lectura del personaje, una adaptación a los tiempos que corren. Algo que, digan lo que digan los puristas, se lleva haciendo desde la primera de las películas: Bond se ha ido adaptando por un lado a las características de los actores que lo interpretaban y por el otro a lo que pedían los tiempos para los que se estaba haciendo. Cada nueva entrega cinematográfica del personaje era una re-lectura y una re-creación del original.

Al igual que lo es ésta. Afirmar, por tanto que “este no es Bond” quizá sea cierto, pero también es estúpido. Porque, si somos estrictos, ninguna de las versiones que hemos visto para la pantalla eran “el auténtico”, el que creó Ian Fleming en su momento. O quizá, pensándolo un poco, habría que llegar a la sorprendente conclusión de que fue Lazenby (a pesar de parecer un Bond que acaba de bajar de su pueblo aislado en las montañas y mira a su alrededor con aire de paleto) el que más se acercó al personaje literario original.

Hace tiempo que 007, con licencia para matar, ha trascendido las intenciones de su creador. Es un icono cultural. Y, como cualquier icono cultural que goce de buena salud, está siendo continuamente reinterpretado, releído, readaptado y recreado para que refleje la época en la que vive sus aventuras. Así se ha hecho con Superman, con Sherlock Holmes, con Tarzán, con un montón de personajes que enseguida dejaron de ser propiedad de sus creadores y se asentaron en el imaginario colectivo.

Unas veces esa adaptación a los tiempos se ha hecho mejor y otras, peor. En ocasiones con más bien poca fortuna, es cierto (sí, intentemos olvidar a Timothy Dalton, por favor), y en otras se ha podido reinventar el personaje sin que perdiera lo esencial por el camino. Pero lo que han hecho los productores en esta entrega no es nada nuevo ni distinto de lo que ya hicieron en otras: básicamente, tratar de mantener vivo el personaje adaptándolo a las necesidades de cada época e intentar mantener las características básicas que definen el icono y que lo hacen reconocible y asimilable por el público.

Y tengo que decir que, al menos para mí, han tenido éxito. “Servando” convence y la película funciona.

No estoy seguro de si al acabar apareció en la pantalla la familiar frase de “James Bond will be back”. Pero espero que sí. Y que no tarde mucho en volver.

Ánimo, Servando, a por ellos, que puedes.

7 comentarios

  1. Pues sí, aunque a mí sí me parece el más cercano al original de Ian Fleming (desde luego, mucho más que el dibujo animado en que habían convertido a Pierce Brosnan). Tampoco importa mucho si se parece más o no, ni a mí (que no soy muy friki-Bond) ni a los productores y demás participantes, porque es evidente que lo que han buscado es esa actualización del mito de la que hablas. Una de las mejores pelis de la serie, bien llevada, violenta, trágica y mucho más sucia de lo que nos tenían habituados.
    Bien, Servando, bien…

  2. Efectivamente, soberbia. Hasta esta entrega, echaba muchísimo de menos los guiones en los que se reparten con sapiencia momentos de acción con otros de relajado glamour, que en mi opinión son la salsa del personaje.Por otro lado, los stunts, aunque dosificados, son escalofriantes.

  3. Tiene bastantes elementos del original, pero le falta quizá el refinamiento. Algo que creo que es deliberado: nos han querido presentar a un Bond todavía sin “desbastar”. Y supongo que con la idea de que ese aesino frío, cínico y sibarita se vaya formando en películas posteriores.

    Aclaro que Brosnan no me disgustaba (de hecho, en cuanto físico e interpretación es de los que más me gustan). Su problema es, como creo que comentó Rafa Marín, que sus películas son tan iguales unas a otras que terminas mezclándolas y no sabes cuál es cual.

    Para mí el Bond más infame sigue siendo Timothy Dalton. Y aunque Lazenby no me termina de convencer como 007, su película, Al servicio secreto de su majestad es una de las mejores junto con Desde Rusia con amor de Connery.

  4. No, no, yo no mezclo las pelis de Brosnan: las mezclo todas. Sobre todo las de Moore, que parece que los jovencitos de ahora, viendo lo cachas que está el Craig, le echan la culpa de todo a Brosnan porque es guapo (¿qué culpa tenemos los guapos?), y no se recuerda la penosa etapa de Moore, que era insoportable y ridícula. Brosnan rehizo la franquicia cuando Dalton le dio la puntilla con cierta ayuda de Indiana Jones, me temo.

    Insisto: a mí este tiarrón no me disgusta como Bond. Lo que me disgusta es la idea del año cero a estas alturas. O que no dejen claro la vieja idea del Bond generacional.

  5. Hombre, pues a mí lo del años cero no me disgusta. Quizá porque estoy aqcostumbrado a verlo en los tebeos de la DC cada cierto tiempo y casi me parece natural. A lo mejor es eso. Y lo del Bond generacional… es una idea de la que ya hablamos varias veces y que tiene su aquel, pero me temo que no terminó nunca de convencerme. Vale que se podría haber añadido una reconstrucción de memoria para que cada tipo que lo encarna conserve ciertos “recuerdos clave” de su encarnación anterior, o algo así. Pero, repito, que hayn decidido cortar por lo sano en plan “todo lo que pasó antes es anterior a “Crisis en Bonds Infinitos” y este es Bond recontado de nuevo desde el principio” no me molesta. Y me parece que lo han hecho bien. De hecho, ayer estuve releyendo “Casino Royale” y me parece que han hecho una buena adaptación, quedándose con lo esencial de la novela y añadiéndole unos cuantos elementos que la modernicen y la hagan encajar en el tono de la franquicia cinematográfica.

    Y que quede claro que para mí Brosnan era de los mejores Bond, quizá el mejor en algunos aspectos. En cuanto a “planta” y actitud, de hecho, me parecía mejor que Connery, pese a que sus películas (que me entretienen, al contrario que las de “la Mura” la mayoría de las cuales me aburren) se me olvidan enseguida.

    Dándole vueltas al asunto ayer, me di cuenta de que lo que han intentado en esta peli no es sólo un “año cero”, sino un truco que ya han ido probando varias veces a lo largo de la franquicia. Y es despojar a Bond de toda la parafernalia tecnológica y hacerlo enfrentarse al villano de turno casi por sí mismo, sin más armas que una pistola. Y, como creo que dije en tu blog, precisamente los mejores Bond para mi gusto son esos: “Desde Rusia con amor” (que es, por sí misma, de las mejores pelis de espías que se han hecho, sea Bond o no lo sea), “Al servicio secreto de su Majestad”, “Sólo para sus ojos” y, en menor medida, “Licencia para matar”, donde intentaron también algo parecido, pero, claro, Timothy no ayudaba mucho que digamos.

  6. Y, como ha dicho V, sin ser del todo el Bond de Fleming, sí que conserva varias características del original literario. Le faltarían el refinamiento (que supongo que la idea es que lo vaya pillando) y le sobraría el hecho de que a veces, más que despiadado, es burro, muy burro.

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