Los fanzines de los 90: Elfstone

Elfstone 10No estoy seguro de si conocí a Santiago G. Soláns a través del Círculo de Lhork, o si ya había tenido contacto antes de eso con su fanzine Elfstone. En cualquier caso, sí que es cierto que él fue el detonante que me hizo abandonar el Círculo de Lhork: cuando su fundador decidió expulsar a Santi sin consultarlo con el resto de los socios ni someter el asunto a votación (y cuando poco después nos presentó unos estatutos en los que asumía el papel de líder supremo indiscutible y se rodeaba de un círculo interno que convertía a los demás en socios de segunda) decidí que era el momento de irme en busca de pastos más frescos.

Sí que recuerdo que empecé a colaborar con Elfstone cuando éste llevaba pocos números. Mi primera aportación al fanzine fue un artículo en el que intentaba analizar las principales claves temáticas de Stephen King. No era gran cosa, me temo, aunque posiblemente fuera mi primer intento de analizar con seriedad y rigor la obra de un escritor que me gustaba. En cierta forma sin ese “Stephen King: Maine, niños y monstruos” no habría existido “La apuesta de Asimov por la libertad: un análisis de El fin de la Eternidad”, que sigo considerando mi mejor artículo.

Santi (y sus colaboradores, que eran unos cuantos, no lo olvidemos) hacía Elfstone desde su Zaragoza natal. En el habitual A5 de la época, era un fanzine que se orientaba principalmente a la fantasía y en el que se alternaban relatos cortos y artículos. Poco después lo complementaría con un boletín informativo y, a medida que fue pasando el tiempo, Santi consideró que la cosa tenía que diversificarse.

Elfstone Especial CómicAsí nacieron los especiales de Elfstone, el primero de ellos dedicado a la Tierra media; y el segundo al cómic. En esos números se alejaba de su formato habitual y se pasaba a al A4, que le permitía ofrecer un producto de un aspecto más atractivo.

Más tarde se planteó la edición de libros y, de hecho, llegó a sacar el primer volumen de la colección “Tormenta de palabras”. Se trataba de una cosa llamada Las brujas y el sobrino del cazador que, de haber pasado las cosas del modo correcto, habría sido mi presentación en sociedad como escritor de un texto de extensión media. Sin embargo, la edición del librito se retrasó y, para cuando estuvo en el mercado, yo ya había publicado mi primera novela.

El aspecto de Elfstone iba mejorando en cada número, algo bastante habitual en la época, a medida que las herramientas informáticas de maquetación se iban volviendo más sofisticadas y accesibles. De hecho, hacia el final, Santi y sus compañeros del Grupo Elfstone se plantearon la posibilidad de reconvertir el fanzine en una revista profesional. Llegaron a salir dos números de ella (con un diseño sobrio y elegante, pero quizá un tanto “desangelado”) y luego, finalmente, la cosa pasó al limbo fanzinero al que casi todas las publicaciones amateurs parecen ir tarde o temprano.

Además, allá por 1994, Santi abrió la librería SaGa en Zaragoza, especializada en ciencia ficción y fantasía (y quizá también con algo de cómic, aunque no estoy muy seguro de esto último) y a partir de entonces, centró sus esfuerzos en ella. José Luis Rendueles, José Luis González y yo acudimos a la inauguración de la librería y allí tuve oportunidad de conocer a Gabriel Bermúdez, con el que llevaba un tiempo carteándome.

Elfstone 11Elfstone duró unos 12 números, los dos últimos de ellos como un intento, como ya he contado, de revista profesional. Eso lo convirtió en uno de los fanzines más longevos de la época. Y también en uno de los más característicos.

Junto con Kenbeo Kenmaro y BEM, era el lugar donde más me gustaba publicar por aquella época. Y además tuvieron el dudoso honor de estar a punto de ser los editores de mi primer libro. Fallaron por los pelos (y a veces me pregunto si la horrorosa foto de la contraportada de Las brujas y el sobrino del cazador no sería una venganza por no haber esperado a que su libro estuviera listo antes de publicar con otros), pero el entusiasmo y las ganas no les faltaron, ni en ese ni en ninguno de los demás proyectos en que estuvieron involucrados..

Eso es algo que quizá no he reflejado suficientemente en esta serie. Lo que motivaba todas esas publicaciones, lo que había tras ellas, lo que las hacía seguir un número tras otro, era entusiasmo puro y duro, a toneladas.

Y los integrantes del Grupo Elfstone, con Santi a la cabeza, tenían de eso en abundancia.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.