La junta de la AEFCF/AEFCFT (2000-2003)

El tema ha vuelto a salir no hace mucho, y creo que es tan buen momento como cualquier otro para hablar de ello y contar una serie de cosas que, aunque no son ni mucho menos un secreto, nunca las había puesto por escrito en un lugar a donde todos tuvieran acceso. Al menos no todas ellas.

La mayor parte de la gente que os hable de la Junta que estuvo al frente de la AEFCF (Asociación española de Fantasía y Ciencia Ficción) desde el año 2000 y que hizo el tránsito a la actual AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) os va a contar muy pocas cosas buenas de ella, o ninguna.

Y lo más seguro es que os dirán cosas que son ciertas.

Nuestra Junta se encontró con que la Asociación estaba en una situación irregular: económica, administrativa y puede que hasta legalmente. Una situación que, desde luego, no era culpa de nadie en particular (y mucho menos de la Junta anterior a la nuestra; algo que quizá no supimos dejar lo bastante claro en público, cosa que siempre lamentaré). En parte desde su fundación y en parte desde el primer relevo de juntas, la AEFCF no había cumplido una serie de requisitos que el estado exige de las asociaciones culturales. Nunca pensamos que hubiera habido mala fe en todo aquello, para nada, y siempre tuvimos claro que todas las juntas habían actuado de buena fe y creyendo que hacían las cosas de la forma correcta.

En cualquier caso, el asunto nos pareció serio. Grave. Mucho. Y las alternativas que teníamos no eran demasiadas. Una era intentar corregir lo que habíamos descubierto y ponernos al día con la administración. La otra, más radical, era cerrar el quiosco y abrir una nueva asociación.

Tratamos de evitar la segunda. Casi diría que desesperadamente. Hablamos e intentamos encontrar otras salidas. Sin embargo, cuanto más lo mirábamos, más veíamos que la primera acción acarreaba una serie de complicaciones y de posibles peligros que la iban haciendo cada vez menos recomendable.

Así pues, se decidió cerrar la AEFCF y tratar de partir de cero con una AEFCFT que naciera limpia de polvo y paja. Algo que no se consiguió del todo, me apresuro a declarar, hasta la Junta siguiente a la nuestra, la del periodo 2004-2005.

En resumen, hicimos una serie de cosas que, a nuestro entender, eran necesarias por dolorosas que resultasen.

El problema es que, en el proceso, perdimos de vista, o no supimos atender, unas cuantas cosas fundamentales. Obsesionados por arreglar las cosas, descuidamos a los socios y descuidamos la labor básica de la AEFCF: la promoción del género fantástico en español.

¿El resultado? Muchos socios desencantados que se dieron de baja, lo que echó al traste el trabajo excelente que la Junta anterior a la nuestra había realizado (habían cogido la Asociación en una época bastante baja y habían hecho una labor magnífica que tuvo como resultado -y quizá me estoy quedando corto- que se triplicase el número de socios). Algunos de esos socios fueron recuperados por la Junta siguiente a la nuestra. Otros, lamentablemente, se han ido para siempre.

Como consecuencia añadida, se creó la sensación entre muchas personas de que la AEFCF no servía para nada. Que estar en ella no valía la pena. Que lo que obtenías por tu dinero era poco menos que nada y que, en realidad, era una asociación inútil que no hacía absolutamente nada.

Y sí, todo eso fue culpa nuestra. Para nosotros lo importante era arreglar los problemas que encontramos en ella, problemas que considerábamos de índole gravísima. Y, demasiado centrados en ello, olvidamos o dejamos de lado una serie de cosas que siempre tendrían que haber estado en nuestra mente.

Hicimos lo que creímos que debíamos hacer. Y aún lo seguimos creyendo. Pero, ya fuera por falta de perspectiva o falta de capacidad, no supimos seguir adelante con lo que nos habían legado Juntas anteriores, especialmente la inmediatamente anterior a nosotros.

No puedo hablar por el resto de mis compañeros de entonces a la hora de explicar por qué esto fue así. No sería justo. Pero puedo hablar por mí.

Y, si pienso en mi labor en la Junta (primero como coordinador del “Pórtico” –el boletín interno de la Asociación- y luego como presidente) me doy cuenta de que sólo puede ser descrita con una palabra:

Incompetencia.

Tal cual suena. Sin paliativos. Me metí en una cosa para la que no estaba preparado y que no supe hacer. No servía para aquello. No era lo mío. No tenía las aptitudes necesarias.

Era incompetente.

Otra persona lo habría hecho mucho mejor, sin la menor duda. Y, mientras sus compañeros de Junta se ponían manos a la obra y arreglaban el desaguisado administrativo/económico en el que nos encontrábamos, habría sido capaz de mantener la ilusión de los socios y de presentar al mundo exterior un rostro para la AEFCF que fuera atractivo y atrajera a más personas.

No supe hacerlo.

Así que ya sabéis, si alguien os habla de mi labor en esa Junta, y da una valoración negativa de ella… bien, no está mintiendo. En tanto en cuanto hable de incompetencia, de incapacidad de hacer las cosas, está diciendo la verdad.

POSTDATA: Quizá más de uno de sorprenda ante estas palabras. Si yo mismo pienso que mi labor al frente de la Junta de la AEFCFT fue incompetente, ¿a cuento de qué armé tanta alharaca no hace mucho cuando alguien sugirió algo parecido? La respuesta debería ser evidente, pero como muchas otras cosas evidentes quizá sea necesario decirla en voz alta: no se dijo nada parecido. Porque una cosa es acusarme de incompetencia y otra muy distinta afirmar -o, para ser exactos, sugerir a media voz como quien no quiere la cosa- que hubo mala fe por mi parte, y la de mis compañeros, en el asunto.

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