Los fanzines de los 90: Núcleo Ubik

Núcleo Ubik nació con una voluntad muy clara de desmarcarse de la línea que seguían buena parte de los fanzines de la época. Nada de comentarios complacientes sobre los otros fanzines; nada de críticas elogiosas de autores españoles sólo porque eran españoles; nada de una serie de vicios fandomitas y endogámicos, de aficionadete voluntarioso, que hacían más daño que otra cosa.

Iban a dar caña. Sin cortarse un duro. A agitar un poco el barco por aquí y por allá para que se fuera cayendo el lastre.

Núcleo Ubik 1La portada del número uno era bastante explícita. Una ovejita feliz que saltaba y correteaba con expresión bobalicona en el rostro. Hay quien dice (pero Alá sabe más) que originalmente la ovejita balaba algo que sonaba muy parecido a “BEEEEEEM”, aunque al final se impuso la prudencia… o se dejaron las cosas a la imaginación del consumidor, que todo puede ser.

En cualquier caso, la portada dejaba bastante claro el asunto. Aquella ovejita era una suerte de retrato robot del fandomita al uso: un borrego feliz en su paraíso imaginario.

Ellos no iban a ir por ahí.

Y ciertamente, no lo fueron. Es cierto que, vista hoy, buena parte de su actitud provocadora parece un tanto infantil, pero en aquellos tiempos seguramente era necesaria. El mundillo vivía una especie de sueño de falso optimismo donde todo era maravilloso, nuestros autores, los mejores del mundo y nuestras publicaciones, incomparables. Había motivos para ello: después de muchos años de ser la hermana pobre, la ciencia ficción española parecía estar empezando a despegar y era justo que eso se celebrase. Pero, como en todas las demás cosas, el exceso de optimismo amenazaba con volverse contraproducente.

Núcleo Ubik intentó luchar contra eso a su manera, que seguramente no fue la mejor, pero quizá sí la única que en aquel momento estaba a su alcance. Trató de aportar un cierto aire de profesionalidad a las publicaciones de la época y, aunque distó mucho de llevar sus intenciones a buen puerto, sirvió en cierta forma de revulsivo.

BEM era, sin duda, el fanzine hegemónico de aquella época. Lo fue sin discusión alguna durante la primera mitad de la década; y siguió siéndolo, aunque cada vez menos, en la segunda mitad. Núcleo Ubik tenía su aquel de “enfrentamiento al stablishment” y, por tanto, era en sí mismo una declaración de intenciones bajo las tapas de un fanzine.

En su maquetación, sobria, casi minimalista, primaba el aprovechamiento al máximo del formato sobre la vistosidad y, a veces y por desgracia, sobre la legibilidad. En cuanto al contenido, había buenos cuentos de autores españoles y extranjeros y artículos que intentaban elevarse por encima del nivel de la época y tratar ciertos temas con un mínimo de seriedad y rigor. Y, en general, proyectaba una cierta sensación de ser (o al menos de creerse) un poco la élite, la vanguardia, los que iban a marcar las tendencias por las que iría o debía ir el género fantástico español en el futuro.

Empezando por los creadores del invento (Julián Díez y Juanma Santiago, fundamentalmente) y siguiendo por los autores publicados (Elia Barceló, Félix J. Palma, José Antonio Cotrina, Rafael Marín, Daniel Mares, Eduardo Vaquerizo) la nómina de colaboradores era apabullante. Y sin duda el primer número de Núcleo Ubik fue una de las sensaciones de la HispaCon de 1994, donde fue presentado.

Núcleo Ubik 2/3Pero algo pasó. El segundo número tardó y tardó en salir. Finalmente, cuando ya nadie contaba con ello, lanzaron a la calle un número 2/3 con el que decidían cerrar el chiringuito. Era algo descomunal que sobrepasaba las 200 páginas en A5 y cuya encuadernación, por desgracia, tenía un formato un tanto otoñal: en cuanto abrías un poco el fanzine, las hojas tenían cierta tendencia a caerse al suelo. Incluía una de las cosas más raras que jamás he escrito, la novela corta “Un agujero por donde se cuela la lluvia” (Alejandro Salamanca aún me atormenta, cada vez que nos vemos, por el sufrimiento que le causó su lectura), junto a un montón de cosas más.

Y, con esto desapareció.

¿Del todo?

No lo creo. O al menos, no sin dejar un poso.

Tuvo la consecuencia de “cristalizar” algo que estaba desde hacía tiempo en el ambiente. El fandom llevaba polarizándose unos años: parte de él arremolinándose en el entorno del Grupo Interface, editores de BEM. El otro grupo parecía estar mucho menos claro: se hablaba de la TerMa (la tertulia fantástica madrileña), se hablaba de la primera Junta de la AEFCF, se hablaba de las personas cercanas a Julián Díez o Alejo Cuervo… o se hablaba directamente de “cenobitas”, nombre que acabó quedando como más o menos definitivo y que tuvo su origen en algo que comentaré en otra entrada de esta serie.

Como digo, el fandom llevaba unos años dividiéndose en dos bandos. (Quizá debería decir “parte de él”: sin duda la gran mayoría no se sentía implicada en aquello y lo único que quería era leer sus libros y fanzines e ir a sus HispaCones y que los dejaran en paz). Y, en cierto modo, la publicación de Núcleo Ubik marcó la “oficialización” de esa división. La Gran Guerra Fandomita había estado en marcha desde hacía tiempo, pero es posible que la publicación de aquel fanzine la sacara a la luz. Siendo estrictos podríamos decir que ni su publicación fue necesaria: el simple aviso de que algo así iba a salir a la calle ya calentó los ánimos; y tardaron en enfriarse bastante tiempo.

Muchos pensarán que eso no fue bueno. No lo sé. El enfrentamiento, la polarización, ya estaban allí, no los inventaron los editores de Núcleo Ubik. Y una vez que algo como eso existe, siempre he pensado que es mejor que la guerra tenga lugar a la luz del día y frente a todos que no en oscuros cenáculos y conciliábulos secretos.

Pero creo que la verdadera importancia del fanzine no está en esto, tanto como en el hecho de que en cierto modo sirvió como banco de pruebas para algunas cosas, quizá como preludio de algunas otras. No me cabe duda de que la línea editorial emprendida por Julián Díez como director de Gigamesh tuvo su embrión en aquel fanzine. Y, desde luego, algunos de los individuos que han tenido y tienen su importancia en el mundillo de la fantasía y la ciencia ficción españolas afilaron sus dientes en Núcleo Ubik.

No deja de ser curioso, un poco irónico quizá, el hecho de que algunas de esas personas que se presentaban a sí mismas como outsiders que aspiraban a darle caña a las vacas sagradas, se hayan convertido, con el paso del tiempo, en puro stablishment. Supongo que es algo que ocurre a veces, cuando la gente se hace mayor.

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