La madrastra que no imaginó Walt Disney

No recuerdo qué edad tendría cuando mis ojos se posaron por primera vez en un ejemplar de Blancanieves y los siete enanos viciosos. Pero era joven. Mucho. Tanto, que los dieciocho años me parecían una barrera lejanísima que no iba a alcanzar nunca. Ahora, pasado el tiempo, sé que era un tebeo italiano (un fumetti erótico) y que su dibujante era Leone Frollo. Es relativamente fácil encontrar información sobre él en la web, pero mucho más difícil conseguir ilustraciones, al menos de la obra que marcó buena parte de los sueños húmedos de mi proto adolescencia. En aquellos días, confieso que lo que menos me importaba era quién demonios dibujaba aquello, como no fuera para pillar otros tebeos suyos.

Por lo que recuerdo, la publicación original de esa versión de Blancanieves fue en nuestro país en formato revista, a blanco y negro, y el cómic en realidad ocupaba sólo unas páginas de cada número. Quizá me falle la memoria, pero creo que el resto de la revista estaba ocupado por reportajes fotográficos de mujeres desnudas o semi desnudas.

Luego, salieron unos tomitos donde se recopilaba el mismo material, pero ahora a color. O quizá fue al revés, la verdad es que después de tanto tiempo no estoy muy seguro. De lo que sí estoy seguro es de que, con el tiempo perdió el “y los siete enanos viciosos” de la cabecera y acabó quedando simplemente como Blancanieves.

Visto hoy, para las nuevas generaciones de adolescentes llenos de hormonas (como si a nosotros nos hubiera faltado de eso, claro), esos tebeos seguro que les parecen de un ingenuo que tira para atrás. Y ciertamente lo son.

Para el chavalete que era yo por entonces (en plena transición española, donde se celebraba la visión pública de un pezón femenino como una epifanía de la que había que apresurarse a gozar porque quizá no volviera a producirse), eran un festín para los ojos.

Vale, no se veía gran cosa: algún pezón que otro de vez en cuando, una teta entera por aquí y por allá y un ocasionalísimo desnudo integral femenino donde la entrepierna era un borroso triángulo negro en el que nada se distinguía. Y las historias no es que fueran una orgía constante de sexo explícito, poco más en realidad que una especie de perversión del cuento original donde la madrastra de Blancanieves estaba celosa básicamente porque su hijastra follaba más y encima tenía bien pillado por “donde no suena” al príncipe macizorro del que ella se había encaprichado. El contenido sexual no era muy explícito, como he dicho, y menos para los tiempos que corren, pero había abundantes subtextos de sadismo y dominación (y algún que otro momento de bestialismo camuflado) que de algún modo mi mente juvenil absorbía sin llegar a captarlos del todo.

No me fijaba demasiado en los personajes masculinos, seamos sinceros, pero así y todo, la mayoría de ellos me parecían o curiosamente afeminados (como el príncipe Harold) o brutos más bien grotescos que, como mucho, podrían despertar las pasiones de una neandertal (como Rodomonte). Era como si no hubiera términos medios. En cuanto a las mujeres, las había y abundantes. A cual más maciza, exuberante y con ganas de que se la trajinara, o de trajinarse, todo lo trajinable.

Y, por encima de todas ellas, incluso del personaje que daba título al tebeo, estaba Naga, la malvada madrastra, perversa y ardiente.

Uno se preguntaba, viéndola, para qué demonios perdía el tiempo el príncipe en enamorarse de Blancanieves cuando tenía aquel pedazo de hembra impresionante loca por sus huesos y al alcance de su mano. ¿Es que ese tipo no tenía ojos en la cara o qué?

No debía tenerlos, porque el muy cretino seguía emperrado en hacérselo con Blancanieves. Quien, por cierto, no tenía reparos en cobijar en su lecho a cualquiera menos a él: viajeros, caminantes, ángeles, los siete enanos viciosos del título… De hecho, recuerdo una historia (ya bastante avanzada la serie y, por tanto, perdido completamente la idea de parodia erótica del cuento original) en que Blancanieves se encontraba con Caperucita y ambas se lo montaban en el bosque. Incluso, si no me falla la memoria (que bien pudiera ser) más adelante aún, hijastra y madrastra se reconciliaban y, para celebrarlo, se lo terminaban haciendo entre ellas.

Pero, bueno, lo dicho, que el hombre no debía tener ojos en la cara.

Porque allí estaba Naga, altiva, ardiente, explosiva, loca por él, una mujer de armas tomar e instintos voraces, con un rostro en el que la malicia, la lujuria y la altivez se entremezclaban en un todo que te volvía loco con solo mirarlo. Y el principito (Harold se llamaba, como ya he comentado) emperrado en que no, que él quería a Blancanieves y a nadie más.

Dios da pan a quien no tiene dientes, amigos y vecinos.

En su momento, creo que tuve casi todos esos tebeos. Y seguí otra serie en la que, a juzgar por el dibujo, la mano de Leone Frollo andaba también detrás: Lucifera, una hija del demonio enamorada de un mortal que seguía emperrado en preferir a una rubia, hermosa y opulenta, aunque sosa y casta, en lugar de al peaso de morenaza que estaba loca por él. El personaje de Lucifera me recodaba a Naga, aunque sus facciones habían perdido buena parte de la altivez de la madrastra de Blancanieves y su nariz era ligeramente respingona, en lugar de gloriosamente recta como la de Naga. Así que esta serie me interesaba bastante menos.

Pasado el tiempo los fui perdiendo, aunque he conservado algunas ilustraciones, como podéis ver.

Al verlas, seguramente os diréis que a qué viene tanta alharaca, a cuento de qué tanto jaleo. Bueno, hay cosas que son imposibles de explicar: o las pillas o no las pillas. Y me temo que esta seguramente es de las que uno no pilla a menos que las haya vivido en las circunstancias adecuadas.

Doce, trece años, no tendría más. Y aquellos tebeos, aquella mujer de tinta y papel, aquella mala altiva y desenfrenada pobló mis fantasías de niño que intentaba hacerse hombre.

Llega un momento, por supuesto, en que la fantasía acaba dando paso a la realidad (bueno, también puede dar paso al encierro en una institución mental, pero esa es otra historia) y lo único que queda es… una sensación, un cierto sabor en el paladar de la memoria.

Allí, en lo más hondo de ella, sigue Naga, tramando artera sus planes, espléndida, voluptuosa y lejana, llena de malicia, astucia y lujuria. De vez en cuando asoma a las páginas que escribo; siempre disfrazada, deformada y oculta tras mil tamices y filtros.

Pero está allí.

11 comentarios

  1. Hola Rodolfo:

    Buacando informacion sobre Frollo, el autor de estos tebeos, he tropezado con tu página.

    Actualmente conservo unos 50 numeros de la edicion en plan revista en blanco y negro que se hizo alla por el 75-76. También tengo unos 20 o 25 números de la revista Emmanuelle, que así se llamaba esa a la que haces mención y que fue precursora en mostrar buenas mozas en tetas. Los pelillos aun no estaban permitidos, aunque alguno pudiera verse de soslayo. De la que no tengo absolutamente nada es de la edicion en color editada posteriormente en tomos.

    Pienso escanear este material (el de los comics) y publicarlo en una de las mejores páginas P2P de intercambio de comics de España, donde se puede encontrar practicamente de todo. Puedes darte un paseo por allí si eres aficcionado a los tebeos en general y recrear tu vista con series tan antiguas como nosotros y mas. :)

    http://comicrel.dreamhosters.com

    Alli puedes localizarme como raska y si te apetece dejarme un mensaje privado puedes hacerlo sin problemas.

    Pensaba escribir una introducción para ofrecer al personal que por allí pulula la notificacion del escaneo de la serie. Pero tras leer tu disertación, me ha parecido de lo más acertada para incluirla allí. Me encataría poder plasmarla en la sección de comic adulto, haciendo referencia a su autor y blog por supuesto. ¿Es esto posible?

    Un saludo

  2. Gracias por la información, raska. Estaré encantado de pasarme por la página que me indicas.

    Y, por supuesto, encantado también de que uses mi post en tu introducción. Será un placer.

  3. Excelente la obra de Frollo; si puedes date una vuelta por el museo erótico de Venecia… hay una buena seleccion de su trabajo (sin ir más lejos Frollo es Veneciano)

  4. Desconocía ese dato (confieso que no sé mucho sobre Frollo: leí sus comics en mi lejana adolescencia, pero hasta hace dos o tres años ni siquiera sabía su nombre), pero me lo apunto, desde luego. No es que entre en mis planes a corto plazo pasarme por Venecia, pero si algún día lo hago el museo erótico será parada obligada, sin duda.

    Gracias por la información.

  5. Hola Rodolfo y Rasca. Soy uno de la generación así que gracias por estos recuerdetes. Una de mis primeras lecturas hormonales fue precisamente Blancanieves y los 7… en una de las revistas Emmanuelle que dice Raska. Tengo un trauma porque me quedé a mitad de la historia donde Blancanieves busca novio y publican un edicto para buscarlo ¿Donde puedo bajar el cómic o la revista? Raska ¿tienes otra dirección? la que está ahí no funciona.
    mi correo es “saludosyanimo@yahoo.es”

  6. Hola Rodolfo
    salodos desde La Paz B.C.S.
    dejame decirte que me encanta tu forma de relatar y describir sobretodo este articulao, aqui esta version solo era un rumos a hora me quada bien confirmado su veracidad y por lo que he leido, como no me tope yo con esta lectura antes pero si dices que el principe no es lo suficientemente baronil jaa”… no te creas.
    me gustaron otros articulos que estuve leyendo tines muy buena pagiana… y saber que solo buscaba el nobre de los 7 enanos cuando di con ella…

    saludos SASEL

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