Algunas reflexiones sobre los premios Ignotus

Es muy probable que este año no gane el Ignotus a la mejor novela. Seguramente el ganador esté entre Mundos y demonios de Juan Miguel Aguilera y Danza de tinieblas de Eduardo Vaquerizo. Ambas son estupendas novelas y, si tuviera que apostar por alguna, quizá lo haría por la de Juan Miguel; y no porque la de Eduardo sea peor, sino porque la otra es la primera novela de Akasa-Puspa en unos cuantos años, y eso siempre puede influir a su favor.

Hace unos años era relativamente fácil saber cuál sería la novela ganadora: no se publicaban demasiadas y no era raro que hubiera una que destacase con cierta facilidad de las demás. Eso ha cambiado, y diría que es una suerte que haya sido así. Cada vez se publican más y mejores novelas, hasta el extremo de que hemos pasado de tener dificultades para que hubiera cinco candidatos a considerar la posibilidad de que sólo cinco no sean suficientes.

El resultado es que, a veces, se quedan fuera de las candidaturas novelas que uno no puede evitar pensar que merecerían estarlo. Ya pasó el año anterior. Y cuando lo comenté en público desperté un cierto revuelo que no estaba para nada en mis intenciones. Culpa mía, en cualquier caso: de las muchas formas que tenía de expresar lo que pensaba, la que finalmente elegí no fue ni la mejor ni la más diplomática. Pude haber dicho más o menos lo mismo que dije sin que nadie se molestase por ello pero… bueno, a estas alturas cualquiera que me conozca sabe que soy un tanto bocazas y que no siempre pienso en todas las consecuencias de lo que digo antes de decirlo. Y, como no puedo echarle a nadie la culpa por ser así más que a mí mismo, pues tendré que apechugar con las consecuencias de ello.

Otras veces habían pasado cosas parecidas, más o menos. Hubo novelas de género que se publicaron en colecciones mainstream, pasaron desapercibidas ante los aficionados y no resultaron nominadas. Los más veteranos seguramente recordarán la polémica que surgió ante la ausencia de los candidatos a los Ignotus de Olvidado rey Gudú, de Ana María Matute (callete insufrible de novela, por otro lado) unos años atrás. Y recordarán también el modo un tanto absurdo en que se quiso hacer de esa cuestión el pivote argumentativo para demostrar la inutilidad de los premios. Quizá sí era argumentable que podíamos estar ante un caso de “endogamia que no tiene ojos para lo de fuera”, pero no lo era menos que la novela resultaba tan coñazo que simplemente pudo no haberle gustado a ninguno de los socios que votaron aquel año.

El caso del año pasado, sin embargo, fue totalmente distinto: porque estábamos ante una obra publicada por un autor de género, en una editorial de género y una colección de género. Hablo, evidentemente, de Rihla, de Juan Miguel Aguilera.

Y este año no deja de ser curioso que una de las novelas que han quedado fuera de las candidaturas sea nada más y nada menos que El espíritu del mago de Javier Negrete. No sólo porque me parece de lo mejorcito que se ha publicado dentro del género escrito por un español durante el año pasado, sino porque seguramente en cuanto a ventas supera por bastante al resto de las novelas que están nominadas.

Es cierto que el número de personas que vota los Ignotus (y especialmente en primera ronda) es un escasísimo porcentaje de los lectores reales. Y que ni siquiera tiene por qué ser representativo de los gustos generales de estos. Sin embargo, no deja de resultarme chocante el que una novela tan popular como esta (continuación, a su vez, de otra novela enormemente popular) se haya quedado fuera de las candidaturas. No sé exactamente los motivos por los que ha pasado algo así, pero tengo pocas dudas acerca de que el escaso número de votantes de los premios tiene mucho que ver con ello.

De hecho, hace tiempo que hay un debate en el seno de la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) acerca del mejor modo de hacer que los Ignotus tengan una participación más amplia.

Por un lado, son los premios de la AEFCFT, y no deberían perder eso, cosa que pasaría si se abriera su participación a todo el mundo de forma indiscriminada. Por el otro, sin embargo, cuantas más personas se involucren en el asunto, mas representativos serán del gusto de los aficionados. Encontrar el punto adecuado de equilibrio no es tarea fácil, y no creo que demos con una solución mágica que arregle el asunto con sólo chasquear los dedos. Me temo que será cosa de años, de trabajo duro y de ir probando aquí y allá cómo funciona esto o lo otro.

Y está claro que el primer paso que se debe dar es el de aumentar la participación de los propios socios de la AEFCFT. Difícilmente podremos pedir a los demás que se involucren activamente en la elección de los Ignotus si nosotros somos los primeros que no lo hacemos. No recuerdo ahora las cifras exactas, pero sí que el año pasado el número de socios que votó la primera ronda (la que elige precisamente los candidatos) fue ridículamente reducido.

Este año se ha puesto en marcha la iniciativa de poder votar desde casa, enviando la papeleta por e-mail. No sé cuáles habrán sido los resultados, pero a priori parece una idea interesante que debería tener éxito: yo mismo reconozco que soy el primero al que le da una pereza enorme meter la papeleta de votación en un sobre y acercarme hasta la oficina de Correos más cercana; pero descargar la papeleta, rellenarla y enviarla por e-mail sólo me lleva unos minutos. Y ni siquiera tengo que moverme de la silla. No lo olvidemos: ya desde los tiempos de la lejana y mítica Nueva dimensión, se acusaba al fandom de ser un semillero de culos gordos y perezosos. Y cualquier cosa que elimine obstáculos y haga las cosas más cómodas debería ser positiva.

Sin embargo, no creo que la participación aumenté significativamente sólo con esa iniciativa. Tengo la sensación de que el reparo que muchas personas ponen para votar en primera ronda no es cuestión de pereza o comodidad. Lo que he oído o leído en algunas discusiones públicas, formulado de un modo u otro, ha sido con bastante frecuencia algo muy parecido a lo siguiente: “¿Cómo voy a elegir cinco candidatos si no me he leído todas las novelas-cuentos-artículos-lo que sea que se han publicado ese año?”.

Y realmente no lo entiendo. ¿Qué importa eso?

Vale, pongamos que se han publicado veinte novelas. Y que sólo has leído diez. ¿Es eso un problema? De esas diez elije las cinco que consideres mejores y proponlas como candidatas. ¿Que has dejado fuera otras diez que no has leído y que quizá fueran merecedoras de estar entre las nominadas? Es muy posible. Pero si lo piensas un poco, te darás cuenta que otras personas pueden estar en la misma situación que tú, sólo que las diez novelas que no se han leído son otras y, por tanto, la selección que van a hacer para elegir sus candidatos será totalmente distinta. Y de la confluencia de todo eso, de un montón de personas que se han leído individualmente sólo una parte, pero seguramente lo hayan leído todo tomados en conjunto, surgirá un grupo de candidatos. Que no será perfecto, evidentemente, pero sí una aproximación razonable y aceptable a esa situación ideal.

Claro que, para que eso funcione, tiene que participar un número de gente lo bastante grande y diverso. Y quizá estemos ante un caso de pescadilla que se muerde la cola. Quizá mucha gente no vote precisamente porque vota poca gente. Así formulado puede parecer absurdo, pero creo que describe la situación bastante bien.

¿Es entonces un problema de inercia, de simplemente vencer la reticencia inicial y echar a andar las cosas? Tal vez.

En cualquier caso es evidente que se debería hacer algo. Si queremos que los premios Ignotus signifiquen algo realmente importante hay que aumentar la participación en ellos de los aficionados. Eso es un hecho. No sé cómo, ni lo difícil que será ni cuánto tiempo llevará. Pero es algo que hay que hacer.

© 2006, Rodolfo Martínez

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