Los fanzines de los 90: El fantasma / Artifex

El fantasma recorre que recorre AndorraPrácticamente todos los fanzines de los que hablo en esta serie han pasado a mejor vida. Éste es quizá la excepción, pues en cierto modo, sigue existiendo, si bien con un nombre distinto al que tuvo cuando nació y en un formato muy diferente. De hecho, hace tiempo que no podemos calificarlo de fanzine. Pero ahí está, dando guerra muchos años después de su primera encarnación.

Conocí a Luis G. Prado en 1995, en la segunda HispaCon de Cádiz, aunque llevábamos un tiempo carteándonos y yo había publicado ya alguna cosa en su fanzine, que por aquel entonces se llamaba…

Sí, ¿cómo se llamaba?

Porque empezó siendo Un fantasma recorre Andorra, pasó a llamarse El fantasma sigue recorriendo Andorra e incluso llegó a aparecer bajo el título El fantasma recorre que recorre Andorra antes de estabilizarse simplemente en El fantasma (lo cual trajo no pocos chistes y chascarrillos, evidentemente, acerca de “el fantasma de Luis”). El nombre original tenía que ver con un chiste privado que Luis explicó en alguna ocasión pero que mi mala memoria ha sepultado en las brumas del olvido y era un retruécano muy evidente de la famosa frase “un fantasma recorre Europa” (el fantasma del capitalismo, si no recuerdo mal; y quien lo dijo debió de ser Stalin, probablemente, aunque de nuevo mi memoria no es muy fiable). El baile de nomenclaturas de un número a otro (perdón, de un volumen a otro, porque El fantasma no tenía números, sino volúmenes) supongo que se debió, básicamente, a ganas de seguir un poco más con la broma.

Y la verdad, no tengo ni idea de bajo qué cabecera salió en aquel Cádiz de 1995. Quizá la última que he mencionado, aunque no podría asegurarlo.

Descubrí la existencia del fanzine a través de José Luis Rendueles, que por aquella época mantenía contacto epistolar con prácticamente todos los faneditores españoles. No esperé mucho a mandarle algún material (y otro tanto hizo Javier Cuevas) y Luis no tardó en publicarlo.

Algo de lo que, creo, los dos nos hemos arrepentido. Bueno, al menos yo sí. Se trataba de una cosa infame, horrorosa y abominable llamada “Superjuán, el último hijo de Xenón”. Cuanto menos se diga de aquello, mucho mejor, de verdad. Comentemos, simplemente, que en aquella época mi hambre de publicar (lo que fuera, donde fuera) vencía a cualquier otra consideración y que aquello fue una de las cosas que permití que se publicase que habría sido mucho mejor que permaneciese inédita (no la única, me temo, aunque no fueran muchas; o al menos eso creo). Y, tras esto, corramos un tupido velo sobre todo el asunto.

El fantasma vlo. 13Afortunadamente, Luis también publicó algún material mío un poco mejor en El fantasma. Inició una serie de fantasía heroica que yo estaba escribiendo por aquel entonces y que, me temo, nunca llegué a terminar. Se llamaba Hijo del halcón y no era gran cosa, es cierto; de hecho, la abandoné allá por el cuarto relato (en el fanzine llegaron a salir tres, si no recuerdo mal), pero aún hoy, la historia me gusta bastante y de vez en cuando todavía pienso en la posibilidad de volver sobre ella, ahora como una novela. Ya veremos.

El fantasma (o alguna de sus encarnaciones) era un fanzine atípico en aquella época. En un periodo en el que mandaba el formato A5 (con la única excepción de BEM, que reinaba sobre los demás, al principio indiscutible, luego en dura competencia), la publicación de Luis apareció en A4. Tenía una maquetación claramente amateur, pero al mismo tiempo, daba la impresión de que aspiraba a algo más, a que fuera un producto con una apariencia… “digna”, quizá sería la palabra. Supuse que estaría maquetado en PageMaker y así se lo pregunté a Luis en uno de nuestros primeros contactos epistolares. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me confesó que se curraba la maquetación del fanzine con WordPerfect para MS-DOS.

Quizá muchos no recordéis cómo eran los procesadores de textos para DOS, pero os aseguro que intentar maquetar una revista con ellos (usando distinto columnado, insertando ilustraciones, marcando un pie y una cabecera y todas esas cosas características de una revista) era… bueno, había que tenerlos bien puestos y contar con una amplia dosis de paciencia y capacidad de trabajo. O en las inmortales palabras que le dirigieron a Arnold Schwarzenegger en Mentiras arriesgadas: “Con dos cojones; gilipollas, pero con dos cojones”.

Luis los tenía, sin duda. Y tenía algo más. Tenía ambición. Creo que desde muy joven tuvo claro que él algún día se convertiría en editor profesional. Y a partir de sus primeros pinitos en el mundo de la fanedición empezó a encaminar sus pasos hacia esa objetivo.

Decía antes que lo conocí en 1995. Yo tenía treinta años; él, diez menos. Parecía exactamente lo que era: un chavalete recién llegado a la veintena, tremendamente serio y con ganas de impresionar y abrirse camino. Y de vender, sobre todo de vender. Con sus modales de seminarista (y los que hayáis visto a Luis alguna vez sabréis de que hablo) Luis suscribía a su publicación a cualquiera que tuviese la desgracia de entrar en el ámbito de influencia de su lenvensraum. Se le llamó “el que suscribe en el umbral”, y no sin motivo.

En Cádiz, en aquel lejano 1995 (qué jóvenes éramos, Dios mío, sobre todo él, aunque si veis alguna foto mía de la época… no, mejor que no), Luis se iba moviendo por aquí y por allá, preparando el siguiente número de su fanzine, consiguiendo nuevas colaboraciones para más adelante y, seguramente, planeando los siguientes pasos de la carrera que había decidido seguir.

El fantasma fue creciendo, mejorando en aspecto y diseño y consiguiendo buenas colaboraciones de distintos autores. Y, a medida que el fanzine iba madurando, el proyecto se diversificaba. Lo primero fue un último cambio de nombre, con lo cual encontraría su nomenclatura definitiva: pasó de El fantasma a, simplemente, Artifex. Y lo siguiente, la edición de libros. En un formato casi de bolsilibro (las viejas novelas “de a duro”) inició la serie “Artifex minor”. En uno algo mayor emprendió la publicación de “Artifex maior”.

Artifex Segunda Época vol. 3En ambos formatos salieron cosas tremendamente interesantes. Relatos de Armando Boix, novelas de Félix J. Palma o Eduardo Vaquerizo, antologías críticas de autores españoles y lo que, al menos para mí, resultó lo más satisfactorio a un nivel estrictamente personal: la recopilación de todas las historias de Tierra Vaga que Enrique Lázaro había escrito y publicado tiempo atrás, fundamentalmente en las páginas de Nueva dimensión. Desde que leí los primeros relatos de Lázaro (una fantasía tremendamente original, muy personal y del todo intransferible) me atraparon de un modo casi hipnótico, y poder disponer de todos en ellos en los dos volúmenes en los que Luis los editó fue una auténtica gozada. Ya que estamos, quizá habría que apuntar la posibilidad de que algún editor recogiera de nuevo esas historias y las volviera a publicar, ahora de forma profesional.

Y luego, un día, Artifex desapareció. O eso parecía. Luis llevaba unos diez años como faneditor y decidió dar el salto al mundo de la edición profesional. Llamó Bibliópolis a su editorial y arrancó con un par de títulos. Uno de ellos, un clásico inédito en español, con lo cual era una apuesta más o menos segura; el otro, sin embargo, se trataba de una obra de fantasía de un autor polaco totalmente desconocido por estos lares, así que el riesgo era bastante alto.

No hace falta decir que salió triunfante y que la obra de Andrzej Sapkowsky se ha convertido en una de las favoritas de los aficionados españoles a la fantasía. Hoy en día Bibliópolis es una de las editoriales de referencia dentro del género y se ha convertido en eso gracias a tres componentes que creo que definen a Luis a la perfección: trabajo duro y continuado, prudencia y paciencia.

Y entretanto, Artifex reapareció. Ya no como un fanzine, sino como una serie de antologías semestrales de relatos recopiladas a medias por Luis y Julián Díez. Con un diseño cuidado, sobrio y elegante (que a mí siempre me recordó al de los viejos libros de poesía) Artifex segunda época ganó rápidamente puestos en las preferencias de los aficionados. A medida que su trabajo como editor le dejaba menos tiempo libre, el proyecto fue quedando cada vez más en manos de Julián, hasta llegar al momento actual en el que Luis edita y Julián compila y coordina cada antología. Que recientemente, y merced a un cambio de formato (con la inclusión de, entre otras cosas, el color en la portada y la remuneración de las colaboraciones), ha entrado en su tercera época.

Artifex Tercera Época vol. 1Luis ha cambiado mucho en estos once años que han pasado desde que nos vimos en Cádiz. Pero, en cierto modo, sólo lo ha hecho para ser más él mismo. En mi imaginación aún sigue siendo aquel joven entusiasta de veinte años (claro que, en mi imaginación, yo mismo peso unos veinte kilos menos y tengo bastante más pelo) que andaba suscribiendo por ahí a todo el mundo a su fanzine. Sé que ahora es un respetable empresario (hmm, esa expresión es un poco contradictora, ¿no?), todo un señor editor y agente de escritores, pero me resulta difícil verlo así.

En los once años que llevo publicando profesionalmente, he conocido a muchos editores. Con todos ellos he mantenido buenas relaciones, en general, y algunos se han convertido en buenos amigos. Luis es uno de ellos, además de ser uno de los tipos más escrupulosamente honrados que me he encontrado en el mundillo, hasta el extremo de hacer cosas que no tendría por qué hacer porque considera, simplemente, que es su deber.

Os pondré un botón de muestra —y con esto ya termino— que refleja al mismo tiempo su prudencia y su honradez. Cuando decidió publicarme en Bibliópolis Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, no estaba demasiado seguro de cómo se iba a vender. Así que acordamos un porcentaje de derechos de autor ligeramente menor del habitual. Cuando vio que la novela se vendía sin problemas decidió subirme con carácter retroactivo los derechos de autor, sin que yo en momento alguno se lo hubiera reclamado. No tenía por qué hacerlo: al fin y al cabo habíamos firmado un contrato y yo me había mostrado de acuerdo con las condiciones reflejadas en él. Pero consideró que era su obligación y así lo hizo.

No son muchas las personas con ese comportamiento. Ni en el mundillo de la ciencia ficción ni fuera de él.

3 comentarios

  1. Y a mí, en realidad.

    De hecho, una cosa es que el origen más remoto de “Un fantasma recorre Andorra” fuera la frase de Marx y otra muy distinta que el título de Leiber no pueda ser uno de los eslabones del camino. Eso no lo sé.

    Y gracias por la info.

  2. Con Alejo me pasó exactamente lo mismo. Cuando vio que la colección funcionaba bien, me subió el precio de las ilustraciones de la portada con carácter retroactivo. Es decir, me pagó la diferencia de todas las que ya estaban publicadas.
    Es curioso lo que pasa en este mundillo, te encuentras los dos extremos más extremos de la honradez (y de la ausencia de ella). Está el que no te paga así lo maten y están estos casos. Es algo que habría que estudiar.

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