Los fanzines de los 90: Parsifal

Conocí a José Luis Rendueles gracias al servicio de Correos (o quizá por culpa suya, nunca he estado seguro del todo).

Corría el año 1991. Un día por semana, por la tarde, estaba en casa de mis padres, seguramente frente a mi PC, o leyendo algo cuando alguien llamó al timbre. Respondí y oí decir a una voz joven, con un marcado acento asturiano, que tenía mi ejemplar de BEM y que si podía bajar a recogerlo.

Así y lo hiceParsifal 2 y en el portal me encontré a un joven de unos veinte años. Me explicó que el cartero le había entregado mi ejemplar por error (ambos sobres se habían quedado pegados) y ya que tenía que bajar a Gijón aquella tarde, había optado por traérmelo él mismo.

Hablamos un rato y me contó alguno de sus proyectos; entre ellos, la idea de un fanzine dedicado a la literatura fantástica y a la poesía. Quedó en llevarme un ejemplar cuando lo tuviera listo.

Así conocí Parsiffal (sí, con dos “f”), que bajo el subtítulo de “cuaderno de poesía y literatura fantástica”, tuvo listo unos meses después. Aquel primer número no podía ser más artesanal: tecleado en una máquina de escribir mecánica y maquetado a base de tijeras, pegamento y mucha paciencia. Las ilustraciones estaban “robadas” de aquí y de allá y el 100% del cuaderno se componía de colaboraciones de los integrantes de “Cartafueyu”, una asociación cultural de la que José Luis era miembro.

Tal como prometió, me trajo un ejemplar del fanzine. Le eché un vistazo, le dije unas cuantas cosas sobre él e incluso me ofrecí a colaborar. En un principio con la idea de publicar algo en él (como he contado en otras entregas, por aquella época estaba consiguiendo colar mis primeros cuentos por aquí y por allá y cualquier nueva posibilidad de publicación era una oportunidad que no desaprovechaba) pero también para echarle una mano mecanografiando los textos.

Así fue como salió el segundo Parsifal (ahora con una sola “f”). Los textos estaban, en su mayoría, mecanografiados con mi fiel PS2 y mi no menos fiel WordPerfect 5.0 para MS-DOS. Los títulos de cada relato, si no recuerdo mal, habían sido diseñados con un programilla llamado Banner Mania. Aquel segundo número ya incluía material de no integrantes de Cartafueyu (incluidos quien esto escribe y Javier Cuevas) y José Luis tiró de él más ejemplares que del primero, con la idea de distribuirlo entre el fandom.

Parsifal 4Los números tres y cuatro continuaron en esa línea. Y, poco a poco, el número de colaboradores de Parsifal iba en aumento. De algún modo extraño, José Luis se las arreglaba para caer bien allí donde pasaba y para sacarle a este un cuentecillo, a ése un artículo, al de más allá una bibliografía, a aquel algún poema, a aquel otro un par de ilustraciones… Era, en sus primeros números, un fanzine de aspecto cutre, incluso un pelín casposo (la maquetación en un procesador de textos para MS-DOS no daba para mucho más… eso pensaba yo hasta que conocí Un fantasma recorre Andorra, pero eso queda para otra entrega), pero se las apañaba para incluir material de gente que, por aquel entonces, estaba pegando fuerte en el mundillo. Personas como Juanma Santiago, Elia Barceló, Armando Boix, Julián Díez, Pedro Jorge Romero, Cristina Macía o Félix J. Palma pasaron por sus páginas.

Encanto personal, supongo. De algún modo, con ese aspecto de “aldeano cultivado” (como le llamó mi padre alguna vez), José Luis se las apañaba para resultar encantador incluso cuando repartía a diestro y siniestro su humor irreverente, bastante iconoclasta y a menudo demoledor. De hecho, creo que especialmente entonces.

Para el número cinco yo ya había jubilado mi PS2 y lo había cambiado por un PC más moderno, lo que nos permitió instalar Windows y tener acceso al PageMaker. Maquetando el fanzine con él, fuimos mejorando poco a poco su aspecto (o, como dijo Julián Díez en la AsturCon 2003, en la mesa redonda sobre fanzines moderada por José Luis, “había números en los que parecía que Rodolfo casi había aprendido a maquetar”).

Y número a número, el fanzine siguió adelante. De algún modo misterioso, allá donde fuera resultaba bien recibido, pese a que tanto en los editoriales como en la última página (titulada “Despidiéndonos”) José Luis no se cortaba un duro a la hora de repartir estopa a diestro y siniestro.

En medio de una de las guerras más encarnizadas que ha vivido el fandom, en una época en la que éste estaba fuertemente polarizado (bien en el entorno de BEM, bien en el Gigamesh) el fanzine de José Luis (y él mismo) supo arreglárselas para no alinearse con nadie, darle caña a todos y no llevarse mal con ninguno.

Parsifal 9No me preguntéis cómo lo hizo. Ni idea. Ni siquiera estoy muy seguro de que el propio José Luis lo sepa. O quizá sí, ese rostro sonrosado y de aspecto noblote, como del terruño (pero no pasemos por alto esa malicia que baila juguetona en sus ojos claros y esa astucia ancestral que casi podríamos calificar de “primigenia”), oculta muchas más cosas de las que pensamos, estoy seguro.

Parsifal duró diez números por expreso deseo de su editor. Allá por el seis decidió que estaba bien, que era una cantidad redonda y que mejor dejarlo antes de que se perdiera el entusiasmo. Esos diez números se complementaron con dos extras: el primero publicaba “La horda del sur”, una novela de fantasía heroica de Javier Cuevas; el segundo estaba compuesto por “Como gotas de lluvia”, un relato largo de Armando Boix.

Empezó alternando poemas con relatos, pero poco a poco los primeros fueron desapareciendo para dejar paso, casi en exclusiva, a los cuentos cortos. Enseguida se las apañó para conseguir ilustraciones originales y, de hecho, pronto empezó con los posters centrales en los que, casi sin excepción, alguna maciza y aguerrida hembra posaba para el público. De hecho, llegó a tener tantas ilustraciones que, para poder darles salida a todas, incluyó más de una vez, como separata, una selección de ellas. También publicó unos cuantos comics, pese a que el A5, no era precisamente el formato más adecuado para reproducirlos.

Pero el plato fuerte de Parsifal, casi desde el principio, fueron los cuentos cortos. Y, a lo largo de sus diez números de vida se las apañó para contar con casi todo el mundo que merecía la pena por aquel entonces. De hecho, José Luis estuvo a punto de publicar un fragmento de lo que luego sería La espada de fuego de Javier Negrete, aunque por aquel entonces aún se llamaba La jauka de la buena suerte. Recuerdo que el fragmento elegido ya estaba maquetado cuando, por algún motivo que no recuerdo, José Luis cambió de idea.

Fue el responsable, por cierto, de publicarme mis primeros poemas (un poemario titulado “Casino”, que se incluyó como separata en el número 3, y algún poema suelto en el 2), algo que supongo que nunca le perdonarán. Mis cuentos “La carretera” y “Todo fluye” (dos de mis relatos de ciencia ficción más satisfactorios, al menos para mí, de los que escribí en aquella época) también aparecieron en Parsifal, junto a algunas historias de las que quizá sería mejor no hablar, como “La respuesta”. Por no mencionar uno de los dos únicos comics que se han publicado con guión mío: “Una buena acción”, con un dibujo de Juan Rubén Alonso que mejoraba bastante el tonto guión que yo había escrito.

Publicó el cuento más famoso de Javier Cuevas, “La cosecha”, posteriormente rParsifal 10eeditado un par de veces; también “El dios que buscaba el mar”, cuento de la saga de Rauren Préndar (una serie que Javier debería intentar recoger en un libro, como le venimos diciendo todos desde hace años) y un space opera de factura clásica titulado “Mercenarios”.

Tras el cierre de Parsifal, la carrera de José Luis ha seguido por otros derroteros. Se ha convertido en un poeta de cierto prestigio y ha ganado varios concursos de relatos, tanto en asturiano como en castellano. Su obra publicada (un par de antologías de cuentos, algún poemario; cuentos y poemas incluidos en antologías compartidas) es más bien breve, pero siempre interesante.

Sin embargo, de vez en cuando la idea de hacer algo con Parsifal todavía está presente en nuestras conversaciones. Primero fue una antología que recogiera los mejores cuentos aparecidos en el fanzine, posteriormente una colección de libros de género fantástico agrupados bajo ese sello, más adelante…

Ninguno de estos proyectos pasó de la fase de idea, pero no me cabe duda de que, tarde o temprano, alguno de ellos (o todos, o algo en lo que José Luis aún no ha pensado) acabará viendo la luz.

Juanma Santiago calificó a Parsifal de “pequeño gran fanzine”, y algo de eso hay. En cierto modo, durante sus cinco años de vida, fue un reflejo fiel de la personalidad de su editor: vital, arrollador, dicharachero, inquieto y ocasionalmente irritante; y para mí fue un privilegio estar al lado de José Luis durante ese tiempo y echarle una mano.

Y todo porque dos sobres vinieron pegados. Para que luego digáis que no existe el destino.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.