Hal Jordan, el espectro de la llama verde. (1) De madero cósmico a conciencia atribulada

El Green Lantern de Gil KaneHal Jordan nace como personaje a finales de los cincuenta, en el lento renacimiento de los superhéroes que tendría su culminación en la década posterior de manos de Marvel Comics. Como ya había hecho anteriormente con Flash, Julius Schwartz, a la sazón editor de DC, recuperó parte del concepto, pero no la personalidad, de uno de los personajes clásicos de los años cuarenta[1]: Green Lantern, quien armado de un anillo de propiedades místicas (inerme ante la madera, su único talón de Aquiles) era capaz de hacer cuanto quisiera con el plasma verde que surgía de sus dedos, limitado solo por su imaginación (o la de sus guionistas).

En los cincuenta, como digo, se recupera el concepto del anillo de poder que su poseedor debe recargar cada día con una batería con forma de linterna, pero poco más. El nuevo Green Lantern ya no es Alan Scott sino Hal Jordan y obtendrá sus poderes mediante un gadget tecnológico, no místico, que le será entregado por un alienígena moribundo, miembro de los Green Lantern Corps, una especie de cuerpo universal de policía a las órdenes de los todopoderosos, y a menudo insufriblemente arrogantes, Guardianes de Oa. Al igual que el anillo anterior, este tendría un talón de Aquiles, y sería el color amarillo: por lo demás el plasma verde podía hacer cuanto se le ocurriera a su portador[2]. Este nuevo Green Lantern y toda la parafernalia de ciencia ficción que le rodea debe mucho, en cuanto a conceptos y situaciones, a la serie de los Lensmen, saga clásica de space opera obra del autor E. E. “Doc” Smith.[3]

Hal Jordan pasaría varios años como un personaje anodino y gris, y su colección sobreviviría en el mercado en un discreto segundo plano. Jordan era (como buena parte de los personajes de comic-book de la época) una criatura sin apenas personalidad, definida más por su traje y sus poderes que por unas motivaciones creíbles. Estamos aún en la edad de la inocencia, antes del advenimiento de Los Cuatro Fantásticos y los tebeos de superhéroes se limitaban a enfrentar a su héroe con el villano de turno, vencerle en pocas El juramento de Green Lanternpáginas y pasar otra cosa sin volver a pensar en ello[4]. El dibujo de Gil Kane, sin embargo, hace de esa primera etapa de Green Lantern algo entrañable y que aún puede ser releído (o más bien re-visto) sin demasiado sonrojo.

Tuvo que entrar en escena Denny O’Neil a finales de los sesenta para que el policía cósmico tuviera un rostro definido y una personalidad diferenciada, ayudado por el dibujo eficaz y tremendamente elegante de Neal Adams[5]. O’Neil (quien como guionista no pasa del montón, a menudo sus buenas intenciones son lastradas por una ejecución simplista) destacaba sin embargo en aquella época por encima del nivel habitual de la DC. Mientras no muy lejos Lee y Kirby habían construido un universo bigger than life y renovado el cómic de superhéroes mediante un truco tan sencillo (usado ya hace más de dos mil años por los rapsodas griegos) como dotar de debilidades y miserias humanas a sus criaturas semidivinas, DC Comics seguía empeñada en publicar una y otra vez la misma historia simplista en la que el problema más complejo era inventar un nuevo modo de vencer a lo invencible y donde la bandera de la casa, Supermán, no tenía más quebraderos de cabeza que elegir si esa semana tontearía con Lana Lang o con Lois Lane, o mayores crisis de personalidad que la motivada por haberse pasado varios meses sin dormir.

O’Neil se preocupó por introducir el mundo real en los personajes de la DC. Y si bien su intento estuvo demasiado cargado de moralina y hoy, a años vista, sus historias resisten el paso del tiempo más por la brillantez del trabajo de Adams que por los panfletarios guiones, lo que hizo no deja de tener su mérito. A muchos lectores tuvo que estremecerles la primera vez que vieron a un adolescente chutándose heroína, en una escena resuelta con gran elegancia por Adams, mostrándolo todo sin mostrar nada.

Green Lantern/Green ArrowSu premisa era bien simple. Green Lantern, como policía cósmico que era, no cuestionaba el orden establecido: para él la expresión “ley injusta” no podía ser otra cosa que un oxímoron flagrante. Cojamos entonces a un personaje con ciertos elementos de outsider y enfrentémoslos a ambos, a ver que pasa. Green Arrow acababa de salir por aquel entonces de una crisis personal y financiera que lo había dejado convertido de rico playboy a trabajador en paro y le había puesto frente a las narices algunas verdades desagradables de la vida: parecía el personaje perfecto, tanto ética como estéticamente, para servir de contrarréplica a Green Lantern.

Y el invento funcionó. Por primera vez un cómic de la DC se acercaba a problemas sociales del mundo real (las drogas, las guerras, las leyes injustas que favorecen a los ricos, el racismo…) y aunque como he dicho su acercamiento pecaba de simplista y moralizante, no dejaba de tener sus momentos conseguidos. Pero la verdadera importancia de los guiones de O’Neal estuvo (además de en haber servido de vehículo para el lucimiento de un espléndido Adams) en que tuvieron el buen tino de fijar con rotundidad y acierto los caracteres de ambos personajes.

De hecho, habría que esperar unos cuantos años, a la llegada de Mike Grell, para conseguir una interpretación del arquero verde que consiguiera hacernos olvidar la de Denny O’Neil. Y en realidad Grell se limitó a acentuar y explorar (magníficamente en ambos casos, es cierto) algunas de las características que O’Neil había diseñado para el personaje.

Speedy chutandose heroinaEn cuanto a Jordan (después de que Green Arrow, varios paseos por el universo y algún que otro trote por la América profunda le hubieran abierto los ojos), dejó de ser un incorruptible policía cósmico, incapaz de cuestionar las órdenes de sus patronos para pasar a convertirse en la Conciencia Atribulada oficial del Universo DC[6]. Era algo así como el veterano del Vietnam que vuelve a casa después de haber sangrado por su país y descubre que el Sueño Americano ha estallado en mil pedazos. Si bien Hal Jordan adoptaba generalmente un enfoque optimista ante los problemas de América (como si dijéramos, del mundo) sus crisis de personalidad sucedían con cierta frecuencia y, de vez en cuando, decidía recorrer su país y embarcarse en una suerte de road movie tebeística para encontrarse a sí mismo: en una de estas crisis terminaría dimitiendo de su cargo como Green Lantern y pasaría el testigo a John Stewart[7], elegido como su sustituto por el propio anillo.

La etapa O’Neil/Adams, tuvo además la virtud de mostrarnos la cara oculta de los Guardianes del Universo, esas “amables” criaturas que monitorizan el cosmos por su propio bien y son capaces de decirle a su cuerpo de policía que actúe de acuerdo a las leyes del planeta en el que trabaje, sin importarles nada la justicia o injusticia de las mismas. Lógico, al fin y al cabo su propósito no tiene nada que ver con la justicia, sino con el orden, conceptos bien distintos. Así, sin ningún rubor, reprenden a Hal Jordan por amenazar a un hombre que no ha violado ninguna ley terrestre pero mantiene a sus semejantes en la miseria y se lucra con ello, o llegan a condenar a uno de los Guardianes a perder su inmortalidad por haber caído en la debilidad humana de anteponer la vida de alguien conocido (y apreciado) por encima del “bien común”. A medida que pasen los años, ese rasgo frío y manipulador de los Guardianes irá acentuándose, e iremos descubriendo el terrible miedo que tienen a que sus sirvientes se vuelvan contra ellos (como ya hicieron en el pasado los Manhunters): ¿a qué si no dotar a los anillos de los Green Lanterns de esa indefensión contra el color amarillo? La justificación oficial es que una impureza se coló en la fabricación de la Batería de Poder Central de Oa, pero con el tiempo iremos descubriendo otras explicaciones más creíbles.

Pese a todo, Hal Jordan continuará sirviendo fielmente a sus amos, aunque no sin cuestionarlos: ha perdido la inocencia y aunque aún cree en lo válido de su misión y sus métodos nunca más los usará sin sopesar antes las consecuencias.

NOTAS:

  1. Esto, que fue en principio una casualidad, tendría con el tiempo repercusiones que nadie había pensado. Si se hubieran recuperado los héroes de los años cuarenta completos (es decir, tanto el nombre, como la apariencia, como el personaje) es posible que el concepto del Multiverso DC no hubiera llegado a nacer nunca. No habría habido ningún motivo para unir en una misma historia al Flash de la Edad de Oro con el de la Edad de Plata (en la historia El Flash de dos Mundos, verdadero origen de los universos paralelos en la DC) al ser estos el mismo personaje. Un hecho tan nimio como que un Flash fuera Jay Garrick y el otro Barry Allen (por no mencionar el uniforme diferente) fue lo que desencadenó el sueño que años más tarde devendría en una pesadilla de universos infinitos difícilmente controlables. Esa pesadilla, sin embargo, tuvo como resultado final la serie de doce números Crisis en Tierras Infinitas, posiblemente la mejor macro saga de super héroes al estilo clásico jamás publicada, así que fue para bien, al final.
  2. Años más tarde se intentaría vincular el origen de ambos tipos de anillos y sus consiguientes baterías de poder en forma de linterna. Alan Scott había encontrado un meteorito verde del que había tallado la linterna y el anillo, motivado por un sueño. En el tiempo anterior a Crisis en Tierras Infinitas no había ningún problema con la similitud entre anillos y baterías, al estar uno y otro Green Lantern en distintos universos. Pero luego, ya en el universo unificado post-Crisis, se nos contaría que los Guardianes, al construir su Batería Central, habían desterrado toda la magia del universo: un resto de esta habría caído en forma de meteorito verde a la Tierra y habría sido encontrado por Alan Scott. De ese modo, ambos anillos de poder, uno místico y otro tecnológico, estarían vinculados a Oa y los Guardianes.
  3. Años más tarde Steve Englehart reconocería la deuda al llamar Arisia a un miembro de los Green Lantern Corps. En la serie de los Lensmen, Arisia es el nombre de un planeta.
  4. Una excepción a esa tónica serían algunas de las historias de Supermán donde el Hombre de Acero (por medios a cual más inverosímil) volvía a Krypton o contemplaba partes del pasado de su planeta natal. Con el tiempo, esa tendencia a alejar a Supermán de sus escenarios y personajes más habituales desembocaría en lo que DC llamaba “historias imaginarias” (precursoras en muchos aspectos del What if? marveliano o de la actual línea Elseworlds de la propia DC) en la que desarrollaba argumentos que nunca fueron pero podrían haber sido. Es curioso que, en una de las peores etapas del personaje (la que va de mediados de los 60 hasta la llegada de John Byrne tras Crisis en Tierras Infinitas) las mejores historias del Hombre de Acero fueran precisamente esa “historias imaginarias” donde se narraban acontecimientos como la muerte de Supermán (no hay nada nuevo bajo el sol, como vemos), su desdoblamiento en Supermán-rojo y Supermán-azul (ejem) o cómo Krypton no estalló jamás y Kal-el vivió allí una vida tranquila como sidekick de Futuro, el superhombre de Krypton. Y, como no podía ser menos, la cumbre de estas historias imaginarias fueron las escritas por Alan Moore prácticamente al final de la etapa pre Crisis del personaje: El Hombre que lo tenía todo (donde nos presenta un fascinante Krypton que pudo haber sido y no fue) y ¿Qué sucedió con el Hombre de Acero? (donde cerraba, en cierto modo la etapa clásica de Supermán).
  5. O’Neil, Dennis; Adams, Neal; Giordano, Dick: Green Lantern/Green Arrow (en Clásicos DC, núms. 1-12. Ediciones Zinco, Barcelona, 1990. A partir de Green Lantern/Green Arrow núms.1-7, DC Comics, NY, octubre 1983/abril 1984. Publicado originalmente en Green Lantern núms. 76-89, abril 1970/mayo 1971).
  6. Hablar de Universo DC en los años sesenta puede que sea prematuro. Es cierto que los personajes compartían más o menos un entorno común y a menudo cruzaban de una colección a otra, pero no había aquel sentido de la continuidad que imperaba en las creaciones de su rival, Marvel. Los primeros intentos serios de crear un Universo DC coherente, con continuidad y un pasado consistente tendrían lugar a finales de los setenta y no sería hasta mediados de la década siguiente (después de limpiar y reorganizar la casa con Crisis en Tierras Infinitas) cuando tendría un cierto éxito. Incluso entonces quedarían numerosos cabos sueltos e inconsistencias, fruto de la negativa editorial de resetear desde el inicio todas las series, y tendría que llegar Hora Cero, diez años más tarde, para reestructurar por segunda vez el Universo DC y obtener por fin un cosmos tebeístico coherente.
  7. John Stewart es posiblemente el primer caso de un super héroe negro procedente del gueto (al contrario que el aristocrático T’Challa, la Pantera Negra, rey de un legendario país africano), con una actitud claramente hostil hacia el poder blanco y sus buenas dosis de arrogancia y desafío a la autoridad (aunque la Marvel, por supuesto, iría un paso más allá y presentaría a Luke Cage, Powerman, negro y presidiario; eran tiempos en que la Marvel se atrevía a ir un paso más allá en prácticamente todo. Me pregunto qué les habrá pasado a esos muchachos). Por otro lado Stewart no fue el primer sustituto oficial de Hal Jordan: cuando Abin Sur, agonizante, le dio la orden a su anillo de buscar a un humano que no conociera el miedo, este encontró dos, Hal Jordan y Guy Gardner, pero Jordan estaba más cerca. Años después Gardner quedaría en coma a causa de un accidente (en ese momento Jordan le pide al anillo que busque un nuevo remplazo y este es Stewart) y despertaría durante Crisis en Tierras Infinitas convertido en una especie de Harry el Sucio con Anillo. Giffen y DeMatteis le darían un giro cómico al personaje y lo incorporarían a su Liga de la Justicia.

© 2006, Rodolfo Martínez

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