¡Más madera!

Leo en el siempre interesante blog de Julián Díez una entrada detallando los motivos por los que este año no piensa ir a la HispaCon. La verdad es que, aunque sí que planeo acercarme por Córdoba, sus motivos me parecen de lo más razonables e impecablemente expuestos. Y reconozco que me he pasado un buen tiempo dudando si asistir o no, en parte por las mismas razones que plantea Julián, en parte por otras que no tienen nada que ver.

Sin embargo, lo que me llama la atención de su post, no es la argumentación por la que ir a esta HispaCon se le hace más bien cuesta arriba (que, como digo, es impecable) sino todo lo que la rodea.

Y todo lo que la rodea es, básicamente, autobombo a costa de los demás.

El post no habla, en realidad, de por qué esta HispaCon de Córdoba da mal rollo. Habla de lo buena que fue la HispaCon del 2003 que organizó Julián (junto a otras personas, evidentemente) y de cómo estableció un modelo eficaz que muy pocos se han tomado la molestia de seguir. Y, claro, como no le han hecho caso al maestro, así nos van las cosas.

Es cierto, Getafe fue, no sólo una buena HispaCon, sino incluso que me atrevería a decir que fue una gran HispaCon, de las mejores a las que he asistido, y llevo haciéndolo ininterrumpidamente desde 1993. Y desde que se celebró así lo he dicho en todas partes donde he podido hablar de ella. Y no es menos es cierto que ha demostrado (como ya lo demostró Santiago de Compostela en 1999, ya que estamos) que sin dinero ni apoyo institucional se puede realizar una estupenda convención, siempre que se esté dispuesto a trabajar y se hagan mínimamente bien las cosas. Lo he dicho mil veces y no me cansaré de repetirlo.

Lo cual no tiene nada que ver con lo que ha hecho Julián en su post: básicamente demostrar lo bueno que es y lo bien que lo hace a costa de lo malos que son y lo mal que lo hacen otros. Ya sabéis, el viejo dicho, atribuido a Atila, que citaba Ross Webster en Superman III: “no basta que yo triunfe; los demás tienen que fracasar”.

Permitidme que cite un párrafo que incide sobre eso. Y que, evidentemente, reproduzco porque me toca de cerca (y, sí, me “toca lo que no suena”, en efecto):

Cuando organizamos la Hispacón de 2003 sin un solo duro de subvención institucional, ni siquiera el apoyo más allá de lo verbal de la Junta de la AEFCFT -cuyos miembros, tócate lo que no suena, anunciaron además la organización de otro evento propio una semana después de que nosotros nos hiciéramos cargo del asunto, tras no hacerse ellos cargo de él-, pensé que habíamos establecido un estándar: era posible hacer actos dignos con un poco de organización, atención hacia los asistentes, cuatro cositas. A partir de ahí, como se mostró al año siguiente en Cádiz, es posible hacerlo mejor si se tiene dinero.

Sí, la negrita es mía, como ya habréis supuesto.

¿Qué hace Julián en ese párrafo? ¿Miente? No, de ningún modo, dice la verdad (igual que lo hacía Obi-wan Kenobi al decirle a Luke que Darth Vader había traicionado y asesinado a su padre, por cierto). Los hechos son tal cual los describe, sin la menor duda, y los detallo un poco a continuación:

-En 2003 se decidió convertir la celebración de las AsturCones dentro de la Semana Negra de Gijón en algo continuado.

-Algunos miembros de la organización de las AsturCones estaban en la Junta de la AEFCFT.

-El anuncio de la AsturCon 2003 se hizo, en efecto, poco después de que Julián anunciase que se hacía cargo de la celebración de la HispaCon.

-El colectivo Avalón, organizador de la AsturCon (y parte de cuyos miembros, repito, lo eran también de la Junta de la AEFCFT), rechazó convertir sus encuentros en una HispaCon, algo que se le propuso en su momento. Ni le interesaba, ni encajaba en sus intenciones.

Así pues, lo que dice Julián se ajusta la verdad.

Una verdad, eso sí, expresada de un modo interesado, manipulador, sesgado y malicioso.

Una verdad dicha de tal forma que le haga quedar bien a él a costa de que queden mal los demás.

Una verdad contada como a él le interesa.

Hace unos dieciséis años que conozco a Julián (algo más, si contamos el periodo en que estuvimos carteándonos -haciéndose pasar él por otra persona, por cierto-, previo a nuestro encuentro). Y en ese tiempo lo he visto mantener ese comportamiento las veces suficientes para que ni siquiera me sorprenda.

Todos estos años, sin embargo, lo he considerado un amigo. No un amigo íntimo, pero sin duda un amigo. He visto los defectos de su carácter y no los he tenido en cuenta porque sus facetas positivas me compensaban sobradamente y hacían que nuestra relación mereciera la pena. Seguramente él ha hecho lo mismo conmigo. Es lo que se suele hacer con los amigos.

Sin embargo… bueno, supongo que algo ha ido cambiando con el tiempo.

Quizá los aspectos negativos de su persona han empezado a pesar más. O, simplemente, me estoy volviendo irritable e intransigente con los años. O a lo mejor, por qué no, estoy en plena crisis de los cuarenta y una de las consecuencias de ella, aparte de dejar a mi mujer para correr detrás de alguna pelandusca grupie o endiosarme hasta el extremo de no aceptar ninguna crítica, ha sido ponerme a arremeter sin sentido contra mis antiguos amigos.

En cualquier caso es cierto que el hecho de que para quedar bien él tenga que hacer quedar mal a los demás me molesta últimamente bastante más de lo que me molestaba. Y, salta a la vista, cuando para quedar bien él, es a mí y a los míos a los que tiene que hacer quedar mal… bueno, me molesta un poco más.

Sólo un poco.

Repito que ese comportamiento de manipulación de la verdad sin apartarse ni una coma de los hechos literales, no me sorprende en Julián. En el tiempo que hace que lo conozco lleva haciéndolo con cierta frecuencia, interpretando este o aquel acontecimiento según le conviniera y le favoreciera. De hecho, supongo que para su profesión de periodista le viene bastante bien. Nunca he tenido claro si aprendió a darle ese tratamiento informativo a los hechos porque era periodista, o se hizo periodista porque sabía darle ese tratamiento informativo a los hechos. En cualquier caso, eso es irrelevante.

Sin embargo, lo menos que puede hacer alguien que lleva años predicando desde un elevado altar moral y exigiendo un comportamiento ético e irreprochable a los demás, manteniendo imperturbable en el proceso su pose de buda serenísimo y sabedor de cuanto es bueno y correcto, es aplicarse el cuento a sí mismo.

No lo ha hecho hasta ahora, así que dudo que lo haga en el futuro.

Pero ya sabéis, la esperanza es lo último que se pierde.

© 2006, Rodolfo Martínez

5 comentarios

  1. Joder, como está el patio. Me lo he pensado mucho antes de escribir esto, porque es meterme en un asunto del que no tengo toda la información. Pero no me voy a hacer a un lado si dos de mis amigos se pelean. Y tu mensaje s muy duro. Es que de verdad que me ha dolido este comentario, Rudy. Porque, y te lo digo con la mano en el corazón, si para mí ha valido la pena todo esto de escribir ha sido porque de otro modo no hubiera conocido a tres personas a las que aprecio muchísimo (sí, sí, las típicas mariconadas de los mediterráneos). Tú, Rafa y Julián, de verdad que sois cojonudos los tres, y te juro que no he reconocido a Julián en este comentario. Se ve que estás cabreadísimo, pero deberías llamarle y solucionar el tema directamente con él. Imagino por dònde va la cosa (aunque está claro que no tengo todos los datos), pero no creo que haya pasado algo tan grave que no se pueda solucionar con una llamada.

  2. Yo no conozco más que de oídas a las partes interesadas, pero sí que es cierto que el mensaje de Rodolfo es muy duro. Y, siento decirlo ya que es un escritor al que, de cierta forma, admiro, pero le desmerece. En este mensaje se sacan a la luz cuestiones privadas, tales como pueden ser la impresión personal que el uno tiene del otro. En el mensaje que el señor Díez dejó en su blog no se entra en ningún momento en esas valoraciones. Es más, Díez en ningún momento pone nombres y apellidos a los que menciona, y Rodolfo sí (aunque, aclaro, no hace falta que el primero dé el nombre completo, se sobreentiende, o al menos cualquier enterado de tres al cuarto lo entendería).

    Venga, una llamada y todos tan amigos. Una disculpa, si tiene que ser doble mejor. Un abrazo y un cubalibre juntos. Internet no es el mejor medio para tratar este tipo de cosas, y en eso coincido con Juanmi (que si es quien creo que es, es un tipo que tiene muchas cosas que decir, se nota por como escribe).

  3. Sólo un par de apuntes.

    En el post que Julián dejó en su blog, sí que entraba en valoraciones personales. Mencionaba un cierto comportamiento y lo mencionaba de tal modo que no decía nada bueno de las personas de las que estaba hablando.

    Y, Juanmi, me parece muy bien lo que dices. Pero si alguien se mete en público conmigo, yo me defiendo en público, no en privado.

  4. Es curioso, todo esto. Me provoca, ante todo, algunas reflexiones como observador.

    La primera, por ejemplo, es que Juanmi1960 le pide a Rudy que se modere y reconduzca la situación al ambito privado. Sin embargo no he visto en el blog de Julián sobre las hispacones -causante de este pequeño \”incidente\” -un post semejante diciéndole que estaba metiendo el dedo en el ojo de unos amigos, y apelando a su moderación y a resolver las cosas de buen rollo. Me pregunto si somos conscientes a veces de las distintas varas de medir con las que esperamos de unos cosas que en, en cambio, pensamos que no debemos exigirles a otros.

    Por ejemplo, coherencia. Si te parece que no fué una buena idea organizar las AsturCones -el evento que según él anunciaron casi a traición los miembros de la junta de la Asociación en el 2003 -no les pidas luego que se entreguen tus premios Xatafi en ellas. Es un decir.

    También quisiera destacar que en el post de Julián se ignora -no sé si a drede -completamente a la Barnacón, Hispacón de Barcelona del año 2002, que también se realizó sin ayudas oficiales ni subvenciones, que abrió un nuevo modelo de hispacones autofinanciadas y a las que acudía gente que NO SOLO estaba relacionada con el fandom -pagando entrada -y en la que, por ejemplo, hubo proyecciones formato cine de peliculas de culto, cosa que no ha vuelto a verse en ninguna hispacón. Es decir, que también fué otro modelo de Hispacón muy eficaz, y sin embargo no se lo menciona en el post, quizá porque no era conveniente para el propósito perseguido por el texto.

    Y ya puestos me gustaría añadir, además, que noto cierta tendencia en el fandom a olvidar y ningunear a los organizadores de aquella Hispacón -que me parecieron muy eficaces, dado el desafío implicito -quizá por no tratarse de figuras de relieve intelectual dentro del propio fandom, o tal vez porque al no participar en estas guerras de egos que de vez en cuando se desatan, carecen de importancia a ojos de los combatientes.

    Reflexiones estas, por cierto, que hubiera hecho encantado en el hilo correspondiente del blog de Julián si no fuera porque tiene cierta tendencia a borrar mis intervenciones, y la verdad, me fastidia escribir en balde… :D

  5. Antxa; decías: \”Díez en ningún momento pone nombres y apellidos a los que menciona\”. Eso no es exacto. Desde el momento en que Julián dice:

    \”organizamos la Hispacón de 2003 sin un solo duro de subvención institucional, ni siquiera el apoyo más allá de lo verbal de la Junta de la AEFCFT -cuyos miembros, tócate lo que no suena, anunciaron además la organización de otro evento propio una semana después de que nosotros nos hiciéramos cargo del asunto, tras no hacerse ellos cargo de él-\”

    Ya ha dado absolutamente todos los nombres y apellidos: Sólo tienes que ir a la página de la AEFCFT, ver el listado histórico de Juntas directivas, y ver quiénes estaban al cargo el 2003. Es información pública. (Y eso si no estabas en estas cosas el 2003; es mucha la gente que ni siquiera tiene que ir a consultar el dato porque se lo sabe, porque ya estuvo allí.)

    O sea, que no: las valoraciones de Julián se dirigen a personas concretas, con nombres y apellidos conocidos (o averiguables), aunque no los liste uno por uno y con todas las letras.

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