Jeff Noon (2): Polen

PolenJeff Noon vuelve al universo de su primera novela, pero esta vez parece tomárselo con calma. Si Vurt era un carrusel trepidante en el que la psicodelia más oscura desbordaba por los cantos de las páginas, este Polen es una novela más reposada, más meditada, en la el autor se toma su tiempo para meternos en ambiente y llevarnos por un viaje que, si bien es tan alucinante como el del primer libro, resulta bastante menos trepidante.

No lo comento como un defecto, aclaro. Polen no es para nada una de esas novelas de ritmo moroso que parecen invocaciones místicas a los bostezos. Simplemente, después de mostrarnos en el libro anterior todo lo que de deslumbrante, caótico y oscuro tenía el universo que había creado, en este se toma su tiempo para amueblarlo coherentemente y mostrárnoslo en detalle, sin que por eso la estructura o el ritmo narrativo se resientan. Sus personajes siguen tendiendo a lo desquiciado (la única opción cuerda en un mundo loco, como se suele decir), llenos de obsesiones y compulsiones y a menudo ocultos tras vistosos disfraces que no consiguen tapar su desesperación o su fracaso.

En su momento definí Vurt como una novela de coctelera, y Noon vuelve a usar aquí la misma fórmula, acudiendo a las mismas fuentes que en la anterior historia y añadiendo algunas nuevas, de las que las más evidentes quizá sean La Cosa del Pantano de Alan Moore y ciertos coqueteos con lo onírico al estilo de Neil Gaiman (por no mencionar algunos aspectos de trasfondo que a veces parecen remitir al Radix de A.A. Attanasio). Si bien hacia el final el ensamblaje de elementos tan dispares (ciencia ficción, novela negra, fantasía oscura, gore, nostalgia de los sesenta) amenaza con llevar la novela hacia el terreno de lo incoherente -con ocasionales roces con lo ridículo- Noon se las apaña para reconducir la riendas de su narración y terminar con elegancia su historia, convirtiendo de paso a Manchester en un nuevo archipiélago onírico por el que a más de uno nos gustaría chapotear.

Por lo demás, estamos ante una novela bien construida y narrada que no decepcionará a quienes les gustó su primera obra. Realidad y fantasía se equilibran a la perfección y el universo que Noon despliega ante nuestros ojos nos parece ahora más coherente, más comprensible, sin perder por ello un ápice de atractivo. En cierta manera, con Polen Noon se adentra en un género que podríamos llamar “literatura fantástica británica contemporánea” a falta de un término mejor, así que no es sorprendente encontrarnos a lo largo de esta novela con elementos que nos evocan obras de otros autores, como pueden ser los ya comentados Moore o Gaiman, o Clive Barker en algunas de sus novelas.

Solo un pero, y es el de la traducción, que insiste una y otra vez en perpetrar un molesto bilingüismo de los nombres de lugares y personas que hace que algunos diálogos resulten forzados. No es un escollo importante en la lectura de la novela, pero hay varias soluciones para evitar eso que se podían haber adoptado, sin demasiado coste para el traductor.

© 2006, Rodolfo Martínez

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