En costas extrañas: marchando una de piratas

En costas extrañasSiempre me ha resultado sorprendente que Hollywood aún no haya entrado a saco en la obra de Tim Powers. Buena parte de sus novelas parecen candidatas casi perfectas para que el cine de aventuras haga de ellas un vistoso espectáculo de efectos especiales al estilo de La momia o su secuela, ambas de Stpehen Sommers. Y especialmente, este En costas extrañas parece haber nacido para pasar a la gran pantalla, por supuesto en cinemascope y, a ser posible, en glorioso y anticuado technicolor.

Sin abandonar ni su esquema narrativo habitual (la historia articulada en tres actos), su tipo de personajes (el protagonista atribulado que recibe palos y más palos durante toda la historia) o su concepción del mundo (el modo sorprendentemente “burocrático” en que funcionan la magia y lo mágico) deja a un lado su ambiente más popular, ese siglo XIX inglés poblado de poetas románticos, para pasar unas vacaciones en el Caribe del mil setecientos en compañía de algunos individuos no muy recomendables pero sin duda interesantes.

Por lo demás, la novela contiene pocas novedades. Gustará a los habituales de la obra de Powers y no será del agrado de aquellos que opinan que siempre escribe la misma novela. Es cierto que lo hace, en el sentido de que usa invariablemente ingredientes muy similares y mezclados de una forma muy parecida. No cabe duda de que a Powers podría acusársele de ser un escritor de fórmula. Solo que eso importa poco cuando la fórmula funciona y, usando una y otra vez los mismos mimbres narrativos, el autor consigue construir cada vez cestos muy distintos y todos interesantes.

Y Powers lo logra, al menos en mi opinión. Sabe dotar a sus, sobre el papel, sencillas tramas de recovecos inesperados, prolongando lo que, en manos de otros escritores, no pasaría de una novela corta por el método (fácil en teoría, pero no tanto cuando se trata de llevarlo a la práctica) de frustrar una y otra vez todos los caminos argumentales que pueden desembocar en el desenlace de la novela. Como lector, la experiencia resulta a partes iguales frustrante y gratificante y, después de ver una y otra vez cómo la historia parece llegar al final pero no termina de hacerlo, uno no puede evitar pasar la página preguntándose qué nueva artimaña narrativa usará ahora el autor para alargar su historia.

Al contrario que otros escritores, capaces de premisas prometedoras, pero cuyas tramas terminan escapándoseles de las manos, Powers no pierde nunca el control de su artefacto narrativo, y reconduce una y otra vez su historia hacia el lugar al que debe ir, haciendo que parezca natural y cerrando, uno tras otro, todos los cabos sueltos. Eso, unido a un envidiable manejo del ritmo y un uso sabio y dosificado de la documentación histórica, ha hecho de Powers uno de los mejores escritores de aventuras de finales del siglo XX.

En costas extrañas no es la mejor de sus novelas, pero puede que sea la más entretenida y mejor llevada de todas ellas. Es como si, justo antes de lanzarse de cabeza a escribir su obra más ambiciosa, La fuerza de su mirada, hubiera decidido tomarse unas vacaciones literarias en el Caribe y limitarse a pasarlo bien y hacer pasarlo bien a sus lectores. No cabe duda de que lo consiguió.

© 2006, Rodolfo Martínez

Un comentario

  1. Donde dices “su obra más ambiciosa”, quieres decir “su obra más aburrida” y el corrector ortográfico te ha jugado una mala pasada, ¿no? :-P

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