Contradicciones, críticas, argumentos, fandomeo (2)

No estoy seguro de qué reacciones esperaba al post que dejé hace unos días con este mismo título. Supongo que, si lo pienso un poco, no esperaba ninguna, al menos públicamente. Contaba con que en general se diera la callada por respuesta. Y sí, ha sido así más o menos.

Sólo que no del todo.

Al fin y al cabo, la gente habla. Y lo que la gente dice se acaba sabiendo, tarde o temprano.

Y sí, ha habido reacciones. Y, como no podía ser menos, la reacción principal ha sido “Rudy está endiosado y no acepta una crítica”.

Lo cual, lo confieso, me ha resultado curioso. Pintoresco incluso.

Sobre todo porque esa opinión acerca de mi endiosamiento no viene de personas desconocidas, precisamente, sino de gente que ha ido siguiendo mi trayectoria y que ha visto cómo me he comportado todos estos años ante las críticas. Personas que han visto que, las dos únicas veces que le he “dado caña” a un crítico de mi obra no era por la crítica en sí, sino por el modo en que estaba hecha. No afirmaba que su opinión fuera correcta o incorrecta, equivocada o acertada, sino que había sido expresada de un modo escasamente argumentativo, lo que convertía la crítica en algo inútil.

Y sin embargo, se me considera “endiosado” y se opina que no acepto las críticas.

Y claro, a mí me da por sumar dos y dos. Y si pienso en que el tema de fondo de mi post era la falta de profesionalidad de las críticas, lo fandomeras que seguían siendo en muchas ocasiones, el poco rigor con el que a menudo estaban hechas y la falta de unos argumentos dignos de ese nombre que respaldaran las opiniones vertidas… bien, pensando en eso no puedo evitar preguntarme si será que el que no acepta las críticas no soy yo, precisamente.

Ahí queda dicho, para quien le pueda interesar.

11 comentarios

  1. Hummm… por mi experiencia (que es tan escasa que casi no merece la pena referirse a ella), las críticas no tienen un excesivo valor. Suelen ser tan contradictorias… Lo que un crítico destaca de una obra es lo mismo que a otro le repugna. La mayor parte de las veces te quedas con cara de gilipollas, sin saber muy bien qué pensar.

  2. En mi modesta opinión, no importa si eres crítico, escritor o el último mono de la cadena de producción. Por regla general la gente no acepta bien las críticas. Muy pocos son los que saben “asimilarlas” y sacar provecho de ellas. Tanto si estás de acuerdo con ellas como si no lo estás. El orgullo y el amor apropio es difícil de manejar a veces.

    Y aunque hable de esta manera, no implica que no sea consciente de que no estoy exenta de algunos de estos impulsos.

    Quien esté libre de culpa tire la primera piedra.

  3. No sé por qué te sorprendes. La capacidad de separar la crítica de X (sea X lo que sea: una persona, un texto, una película) del entorno de X es prácticamente nula, al menos en mi experiencia personal. La mayoría de la gente entiende que criticar un aspecto de X es criticar al que lo hizo, a la madre que lo parió, a un señor que pasaba por la esquina, y (más divertido), a todos los que alguna vez hayan hecho algo que recuerde X.

    Siempre me ha parecido un fenómeno curioso (y hablo en serio: realmente digno de estudio) que le digas a alguien, “la película X es mala”, o “el libro Y me parece pésimo” y se lo tomen como algo personal, siendo simplemente espectadores o lectores (si fuesen el autor lo podría entender). Vivimos en un mundo en el que lo “bueno” es el término medio, el compromiso; en cuanto expresas vehementemente una opinión extrema, la gente salta.

    En fin.

  4. No sé, yo me lo haría mirar.

    Puede que seas adorado, sin saberlo, en algún pequeño y primitivo templo de Britania. Yo, por si acaso, no probaría las setas en una buena temporada…

  5. Uf.

    Ser dios debe ser chungo. Pero ser dios de un puñado de britanos tiene que ser insufrible…

  6. En cuanto a lo que dice Marc: dos críticas pueden ser totalmente contradictorias entre sí. Y ambas pueden ser buenas crìticas si están bien argumentadas.

  7. Tal y como yo lo veo, una persona que ha invertido parte de su tiempo, y puede que de su dinero, en una lectura (o visionado, o escuchado, pero sobre todo lectura) de la obra de arte tiene derecho a dar su opinión donde la misma en cualquier medio que tenga a su alcance. A partir de ahí la crítica puede ser mejor o peor, e incluso veo lícito que el criticado critique la crítica. Lo que no acabo de ver es lo de pedir profesionalidad, yo no lo veo necesario, incluso tal y como están las cosas creo que es ponerle puertas al campo. Hoy día, Internet mediante, cualquiera tiene a su alcance medios de publicación, como pueda ser un blog. Yo creo que no es preocupante, porque al final cada uno acaba encontrando su sitio según el talento que tenga. Si el crítico es poco profesional, la mayoría de sus lectores se dará cuenta y se guiarán por otro.

    También hay que tener un poco en cuenta como funciona esto, cosa que creo que sabes perfectamente. Al final uno acaba siguiendo al crítico que piensa que tiene un gusto similar al suyo, o que aprecia más o menos los mismos detalles en una obra, independientemente de que sea el prestigioso crítico de un diario francés o un blogger.

    Por eso, y supongo que porque ni soy escritor ni nada que se le parezca, veo un poco absurdas las reacciones hiperbólicas que he visto de algunos autores, de más de un género, ojo. Conste que no lo digo por tí, tu postura me parece muy adecuada y digna en este aspecto.

  8. Evidentemente, ni se me pasaría por la cabeza perdirle profesionalidad a un tipo que se dedica a comentar en su blog lo que ha leído o a alguien que, en los corrillos de una HispaCon da su opinión sobre esta novela o la otra o la de más allá. Sería absurdo.

    Pero evidentemente, sí que puedes (y creo que debes) pedir profesionalidad a las personas que hacen crítica en una revista (coño, les están pagando por ello, entre otras cosas), o a aquellos que participan con sus críticas en una iniciativa que aspira a convertirse en un referente para una crítica literaria seria y rigurosa.

    Como siempre, los criterios por los que juzgas las cosas no son los mismos dependiendo del medio. No le pido a un restaurante “de trote” con un menú del día de 6 euros una calidad excepcional. Sí que se la pido a un sitio donde me clavan 50 euros por la comida.

    Pues, en las críticas lo mismo. No le pido al blog de aquí al lado que sea profesional en las críticas. Pero sí que se lo pido (qué coño, se lo exijo, tanto como ellos me exigen a mí) que lo sea al crítico que escribe en una revista especializada o al que colabora con una página web que pretende tener cierto empaque y convertirse en una página seria, rigurosa y a tener en cuenta.

  9. Me temo que por 50€ no puedes pedir calidad excepcional (al menos cenando); razonable, a lo sumo. Mírate los precios de los sitios considerados “de calidad excepcional” (Arzak, Berasategui, El Bulli, Atrio…) y 50€ no te daría ni para el aperitivo (suponiendo que los vendieran aparte).

  10. Bueno, es que ayer cené por 25€ en un sitio “barato” (una especie de bar restaurante, que venía recomendado), y el primero (que era un pica-pica) estaba bueno, pero el segundo fue un chasco y los postres normales. Y pienso que, hace unos años, por 4.000 pelas habría cenado más que bien en un japonés de calidad, por ejemplo… Vamos, que como te decía el otro día, en Barcelona los 25€ se han convertido en el estándar de cena barata, en todos los sentidos de la palabra.

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