The right stuff (1): Elegidos para la gloria

Elegidos para la gloriaEl libro de Tom Wolfe era difícil de adaptar a la pantalla: tenía todas las papeletas para terminar convirtiéndose en una película desalabazada, sin ritmo, sin una estructura clara que permitiera al público navegar por sus imágenes sin perderse. Sin embargo, Philip Kaufman supo escribir un guión que respetaba lo esencial del libro original pero tenía su propia personalidad y se apartaba de la novela allí donde cinematográficamente era necesario.

Eso, unido a un estupendo reparto y a una dirección más que eficaz dieron como resultado posiblemente la mejor película que jamás se haya filmado sobre el programa espacial americano (algunos de cuyos momentos han sido plagiados posteriormente hasta la saciedad: recordemos el momento “elegidos para la gloria” de la impresentable Armaggedon, por ejemplo). Divertida en algunos momentos, dramática en otros, ocasionalmente irónica y desmitificadora (impagable la escena de Lyndon B. Johnson aporreando la limusina porque la mujer de Glenn no quiere hablar con él), épica cuando tiene que serlo, Elegidos para la gloria es una cinta que resiste sin problemas el paso del tiempo y que casi puede verse como un magnífico documental sin perder un solo instante su categoría de obra de ficción.

Los personajes de los distintos aviadores y astronautas quedan reflejados gracias a unas interpretaciones de los actores que hacen que nos los creamos, que los sintamos reales, sin plantearnos un solo instante que lo que vemos en la pantalla no son las personas originales sino otros hombres que las están encarnando, apropiándose de sus vidas y sus ademanes para presentarlos ante nosotros.

Uno de los grandes aciertos de la película es, sin duda, el personaje interpretado por Sam Shepard, que en un principio parece por completo prescindible y que sin embargo, rematado el film, se nos revela en cierto modo como el foco alrededor del cual ha estado girando toda la historia.

Elegidos para la gloria es un perfecto complemento al libro de Tom Wolfe en el que está basada, pero también es una estupenda película por méritos propios: un magnífico retrato de una época de nuestro pasado cercano.

© 2006, Rodolfo Martínez

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