La parte alta del ciclo

Han sido tres días de, para mí, actividad frenética. No sólo estamos en la recta final de la AsturCon, dando los últimos toques al asunto (hoy mismo deberían hacerse públicos los finalistas del concurso de cuentos, por ejemplo) sino que en los tres últimos días, desde que decidí cambiar mi blog y gestionarlo mediante WordPress (qué diferencia con el modo en que lo hacía antes, que sencillo y cómodo resulta ahora casi todo; lo único que echo en falta es poder justificar el texto a la derecha), he estado dedicando casi todo el tiempo libre que me dejaban mis otras actividades a formatear la página a mi gusto: traducir al castellano todos los literales que he encontrado por ahí (y aún me quedan unos cuantos más por encontrar), retocar aquí y allá el template que había elegido, traspasar los post de mi viejo blog a este…

A veces me comporto como la versión “de andar por casa”, digamos, de un maníaco depresivo, alternando ciclos de actividad frenética con otros en los que lo único que me apetece es tumbarme y no hacer más ejercicio que el necesario para cambiar de canal con el mando a distancia de la TV. Supongo que es algo que, más o menos, nos pasa a casi todos.

Y estos días, sin duda, he estado en plena “fase maníaca”. La “depresiva” llegará tarde o temprano, como llega siempre, pero no antes de que la AsturCon se haya celebrado y haya llegado a buen puerto, por supuesto.

O, a lo mejor, tampoco entonces. No sé. Si repaso mi pasado reciente, me doy cuenta de que llevo unos tres años que, tomados en su globalidad pueden considerarse como una fase maníaca continuada, con pequeños altibajos aquí y allá, pero manteniendo el nivel y sin bajar el ritmo más que ocasionalmente. Desde que terminé El sueño del Rey Rojo y Los Sicarios del Cielo y me puse a corregir Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos para su edición de Bibliópolis, no he parado. Y, en realidad, no me apetece parar.

Llevo unos tres años surfeando justo en la cresta de la ola, en cierto sentido. Y sí, sé que se tiene que terminar, tarde o temprano. Vendrá una nueva fase de tomarme las cosas con calma, relajarme, incluso “perrear” por ahí sin ganas de hacer nada.

Pero en realidad… no, no me apetece demasiado. Me lo paso demasiado bien haciendo cosas, preparando esto o lo otro, escribiendo nuevas historias, anticipando las siguientes que escribiré, organizando aquello, metiéndome por nuevos mundos (como el del rol en vivo) que hasta hace poco desconocía totalmente (y que en realidad, sigo desconociendo, apenas he tenido un atisbo de ellos; suficiente, sin embargo, para querer más) y explorando con más detalle los que ya conocía. No, no tengo ningunas ganas de que termine el ciclo.

Como he dicho, acabará haciéndolo seguramente. Pero mientras tanto, aprovecharemos el impulso de la ola todo lo que podamos.

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