Coincidencias y suspicacias

No hace mucho leía el libro de Hugh Thomas El imperio español: de Colón a Magallanes (traducción no muy afortunada, por cierto, del original Rivers of Gold) donde se narran los cincuenta años que van del descubrimiento de América al viaje de Magallanes y Elcano para circunnavegar el globo.

Allí me encuentro, en el capítulo dedicado a Américo Vespucio, con la siguiente frase:

El biográfo de Vespucio, Frederick Pohl, señala que la palabra “América” tiene tal eufonía y guarda tan afortunado paralelismo con las palabras “Asia” y “África” que la idea cde utilizarla sedujo de inmediato.

(página 383, según la traducción de Víctor Pozanco)

El nombre de Pohl despertó inmediatamente todas mis alarmas. Por un lado es un nombre sobradamente conocido para cualquier aficionado a la ciencia ficción (ahí están sus novelas Pórtico, Homo Plus y la que quizá es su obra más famosa: Mercaderes del espacio, escrita en colaboración con Cyryl Kornbluth). Pero resulta que unos días atrás había leído una interesantísima entrada en el blog de Juan Carlos Planells explicando que existían traductores que, intencionadamente, metían una “morcilla” en su traducción para así poder detectar si en el futuro alguien “fusilaba” su trabajo y se lo atribuía como algo propio. La idea me horrorizó en cuanto la leí, lo confieso. Evidentemente, no deseo que a nadie le roben su trabajo: el traductor se lo ha currado y tiene derecho a que le paguen por usar su traducción. Pero de ahí a pervertir deliberadamente lo que ha dicho el autor que estás traduciendo para así asegurarte de que nadie haga pasar tu traducción por suya… bueno, me parecía cruzar una línea ética que convertía al traductor de marras, de un profesional responsable en un miserable tan obsesionado por sus propias lentejas que no le importaba la dignidad de su propio trabajo.

Así que, como comprenderéis, en cuanto vi el nombre de Pohl sospeché que podía haber pasado algo parecido. Al fin y al cabo, el que “Pohl” no sea un apellido muy común, más la coincidencia del nombre de pila, me llevaron a pensar mal y enseguida intenté comprobar si lo que me temía podía ser cierto.

Pero no, esta vez el refrán no se cumplió. Es cierto que existe un Frederick J. Pohl, que nada tiene que ver con el autor de ciencia ficción, y que es autor de una biografía de Vespucio publicada en 1947 en la Argentina bajo el título de Americo Vespucio, piloto mayor. La coincidencia pues, no es más que eso, y yo pequé de excesivamente suspicaz.

La anécdota no pasa de una curiosidad. El hecho de que llevemos años leyendo traducciones “alteradas” deliberadamente… es un poco más serio. Pero todo cuanto se puede decir del tema, lo ha dicho Planells en su blog mucho mejor de lo que yo podría hacerlo, así que no me extenderé más.

2 comentarios

  1. En las noticias del salón del comic de este año se ha confundido a Steven Seagle con Steve Seagal, imagínate tú si hay gente que se llama igual o parecido…

  2. A mí me comentaron que se hacía algo parecido en la publicación de obras clásicas liberadas de derechos de autor, como La Celestina, El Quijote, etcétera. Consiste en alterar algunas palabras del texto para asegurarse de que nadie usa su publicación para ponerla en el dominio público. Además de las típicos comentarios del Catdrático de la Universidad de Minglanillas del Campo, claro.

    La cosa es que, cuando alguien edita una obra clásica, tiene derechos sobre la misma durante 70 años, y dicha publicación no puede ser digitalizada, ni copiada a mano, ni nada para ponerla a disposición pública con ánimo de lucro (incluso saltándote los comentarios del Catedrático, que tienen los derechos de vida del autor + 70 años asegurados).

    Parece una tontería, pero no es sencillo acceder a ediciones, por ejemplo, de Los Episodios nacionales en una edición que tenga más de 70 años. Así que lo más sencillo si quieres sacar una colección de clásicos es ir fusilando de otras ediciones reciente, confiado de que la obra ya no tiene derechos. Pero la edición sí, claro.

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