Here lies one whose name was writ in water
-Epitafio en la tumba de John Keats

Archivo de Junio, 2006

Cada cosa en su sitio, un sitio para cada cosa

Viernes, Junio 30th, 2006 Pertenece a Juntaletras, Visto y oído | 8 comentarios »

Soy raro, sí, lo sé, hace tiempo que soy consciente de ello. Y en cierto modo, supongo que soy un ingenuo. Cosas que en el fondo ya sé siguen sorprendiéndome. Y por más que vea una y otra vez que ocurren y que la gente las acepta con naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo, a mí me siguen pareciendo que no son de recibo.

Pero será mejor que me explique.

Que os cuente una pequeña historia. Una… batallita de abuelete, si queréis.

Venga, vamos alla:

Cuando empiezas en esto de la literatura, es normal que intentes publicar donde sea, presentarte al premio que sea y tratar de sacar tu material adelante como sea. Incluso (sí, lo has hecho) permites que se te publiquen cosas que, en el fondo, tú mismo sabes que no son buenas. Pero es disculpable: tienes hambre y no pasa de ser un pequeño pecadillo de juventud… que luego es probable que lamentes en tu madurez, pero qué le vamos a hacer, nadie es perfecto.

Luego, si tienes suerte, consigues publicar. Te vas haciendo, tal vez, un nombre y un huequecito. Logras sacar adelante unas cuantas novelas con editores profesionales. No se venden demasiado mal y con el tiempo hasta consigues reeditar alguna. Escribir no sólo no te cuesta dinero, sino que lo ganas; no para vivir de ello, vale, pero sí lo suficiente para que sea un estímulo interesante. Te vas haciendo un nombre, como decía. Vas alcanzando un cierto estatus.

Y, por tanto, eres consciente de que debes dejar de hacer ciertas cosas. Cosas que estaban bien cuando eras un escritor amateur que estaba dando sus primeros pasos, dejan de ser de recibo cuando te mueves por el circuito profesional de edición.

Y una de esas cosas es presentarte a concursos de cuentos claramente establecidos para dar oportunidades a escritores que empiezan y que aún no han dado el salto al mundo profesional. Pequeños premios, concedidos aquí y allá por tertulias o asociaciones culturales, por ejemplo.

No está bien que hagas eso, y en el fondo lo sabes. Quizá mires a otro lado, prefieras no pensar en ello y cierres los ojos. Pero lo sabes.

Por un lado acabas dando una imagen bastante pobre de ti mismo. Coño, que ya has pasado al siguiente nivel: publicas con asiduidad con editores profesionales, quedas finalista en premios de novela más o menos importantes. Lo lógico sería que dejases el campo libre a los que vienen detrás de ti. Has abandonado el mundillo del escritor aficionado, te guste o no; lo que no significa que te hayas convertido en un escritor profesional en el sentido estricto de que vivas de ello, es cierto, pero sí en el sentido de que te mueves en entornos claramente profesionales y no amateurs. Y lo menos que puedes hacer es dejar el campo libre para que los que llegan ahora al mundillo de los aficionados tengan su oportunidad.
Pero es que además, eres consciente de que es que es injusto que hagas eso. Porque sabes bien que si envías un cuento a un pequeño concurso de relatos, no vas a competir en pie de igualdad con el resto de la gente que se presente. Sí, los organizadores jurarán y perjurarán que no se han dejado impresionar por tu nombre. Pero, francamente, es difícil de creer. Al fin y al cabo si le dan el premio a un autor conocido, ellos mismos se harán conocidos y su premio, pequeño quizá y poco importante, alcanzará así cierta notoriedad e incluso prestigio.

Y, vamos a ver, ¿para qué demonios necesitas eso? No me digas que es por el dinero, joder, que estamos hablando de cantidades ridículas; no me puedo creer que seas tan rata. Entonces, ¿por qué? No lo entiendo, francamente. No puede ser cosa de ego. Al fin y al cabo, ya has publicado media docena de novelas; te has llevado unos cuantos premios; has quedado finalista de otros; incluso te están traduciendo al francés, al polaco, quién sabe si al turco; se te invita a este congreso o al otro festival; los aficionados reconocen tu nombre y disfrutan de tu obra. Tu ego no puede ser tan pobre, tan inseguro, que necesite apabullar a un puñado de escritores que están empezando y luchando duramente por abrirse un hueco. ¿Qué pasa, que necesitas demostrarles quién es el maestro, el mejor, el imbatible, poner quizá en su sitio a esos jóvenzuelos advenedizos? Si es eso, necesitas ayuda, amigo.

Pero, sobre todo, ¿es que no te das cuenta de que es un paso atrás? Desde que empezaste a escribir, tu objetivo era la profesionalización. Incluso algún día, por qué no, no importa lo loco que sea el sueño, vivir de lo que escribías. Y estás ahora mucho más cerca de ello que hace diez años, o cinco, o tres. Así que tu siguiente paso debe ir en esa dirección. Has subido un peldaño más en la escalera que lleva a tu sueño. Lánzate al siguiente. Quizá no puedas subirlo, qué le vamos a hacer. Pero, coño, no bajes al peldaño inferior sólo para sentirte bien y satisfacer tu ego. Ten un poco de dignidad y amor propio, hombre.

¿No? ¿Sigues en tus trece? Bueno, allá tú. Es tu vida. Pero me resulta chocante que precisamente tú, que te quejas de la falta de profesionalidad de críticos, de editores, de distribuidores, tú que estás perorando una y otra vez sobre eso, seas el primero en dejar de comportarte como un profesional.

Bueno, vale, sí, la vida está llena de pequeñas contradicciones. Cierto.

Pero, coño, algunas duelen más que otras.

© 2006, Rodolfo Martínez

© 2006, Rodolfo Martínez
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The right stuff (2): Lo que hay que tener

Jueves, Junio 29th, 2006 Pertenece a Juntaletras, Visto y oído | Sin comentar »

Lo que hay que tenerEl programa espacial americano ha sido presentado de muchas maneras: como una saga épica, como un aburrido proceso burocrático, como una aventura científica, como un fracaso, como una maniobra de propaganda, com un intento de hundir económicamente al bloque soviético…

En su libro, sin embargo, Wolfe adopta una nueva perspectiva: lo presenta como la aventura de unos pioneros, y nos muestra las peculiaridades de todos y cada uno de esos hombres, reduciéndolos a su verdadera talla de simples mortales y, al mismo tiempo, dotándolos de la aureola de héroes míticos.

Wolfe decide centrarse en las vidas de los primeros astronautas, los hombres que, desde un punto de vista objetivo, no eran más que un accesorio innecesario (y a menudo molesto) para llevar a buen puerto los objetivos del programa espacial: un animal entrenado habría sido igualmente útil y mucho menos problemático.

Y sin embargo fueron esos hombres los que hicieron que el pueblo americano apoyara el programa espacial, se entusiasmara con él, recibiera a cada uno de los astronautas como a un Ulises que regresaba a Itaca después de sus proezas en Troya. Fueron esos hombres y el entusiasmo que despertaron en el público los que consiguieron realmente que el programa espacial despegara, obtuviera la financiación necesaria y, durante algo más de una década, nos hiciera creer que la exploración espacial era un sueño al alcance de la mano.

Wolfe los retrata tal y como fueron, sin ahorrarnos sus pequeñeces y miserias, pero sin ocultarnos su grandeza; sin reverencia, pero con respeto. Su lucha con los científicos (para los que los astronautas eran menos útiles que un mono amaestrado y mucho más molestos), su vida junto (o sin) sus esposas, su ascenso a la categoría de superestrellas mediáticas, sus miedos, temores y obsesiones, sus sueños. Todo eso está en un libro magnífico, desmitificador y creador de mitos a un tiempo,.

No estamos aún ante el Tom Wolfe ácido, iconoclasta y airadamente irónico de La hoguera de las vanidades, sino a un escritor mucho más a gusto con el tema que ha decidido diseccionar, un escritor que aún no desprecia la sociedad que está describiendo, como si lo haría más tarde, que se permite narrar los tropezones de sus héroes, mostrándonos sus pies de barro pero sin ensañarse con ellos. Porque, si algo trasciende todo el libro, es que está escrito con cariño (un cariño no exento de ironía, un cariño que no oculta los errores), incluso con admiración, pero sin cerrar nunca los ojos.

© 2006, Rodolfo Martínez

© 2006, Rodolfo Martínez
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¿(In)justicia estelar?

Miércoles, Junio 28th, 2006 Pertenece a A mi alrededor, Paseando por la calle | 1 comentario »
Hace tiempo alguien me sugirió que rescatase algunas de las entradas que tenía en del primer Escrito en el agua, aquel que nació en mi antigua web como una columna de opinión y que acabé dejando unos años más tarde.

Con ese propósito he creado la sección “Rescate en el tiempo”, donde poco a poco iré incluyendo algunos de aquellos articulitos. No todos: hay muchos que no merecen el rescate. Otros, pese al tiempo transcurrido, sí que me siguen pareciendo interesantes.

Empezamos pues, por este “¿(In)justicia estelar?” y ya iremos subiendo, con calma y sin prisas los que nos parezcan que aún merecen la pena.

Vivimos en una época en la que todo se construye para ser asimilado al primer golpe de vista: no hay tiempo para saborear, solo para engullir, una época en la que el símbolo máximo quizá sea la revista conocida como Reader’s Digest: especializada en abreviar textos, en presentar a sus lectores resúmenes de libros, famosa por llegar incluso al absurdo de extractar, no solo los textos de otros, sino aquellos compuestos específicamente para sus páginas.

Si un lector se asoma a una página de reseñas (y especialmente en ese vertiginoso carrusel que es la web) no podemos pretender que se lea media docena de comentarios, así que le ponemos delante el más rápido de los resúmenes: cinco (o diez, aunque mejor cinco, es más rápido de contar) estrellas, o bombillas o asteriscos, o lo que sea. De esos cinco, algunos estarán destacados sobre el resto. Así, de la media docena de novelas que se reseñan sabremos al primer vistazo cuáles merecen la pena, cuáles han obtenido más de la mitad de las estrellas (o bombillas, o asteriscos o lo que sean) y podremos entonces tomarnos nuestro tiempo para leer esas ochocientas palabras en las que el autor apenas habrá tenido tiempo de argumentar sus juicios sobre el texto que analiza.

Quizá algo así sea necesario. Pero me pregunto hasta qué punto es justo. Hasta qué punto tres estrellas sobre cinco aplicadas a dos libros distintos están trabajando sobre la misma escala de valores.

Y no, no me refiero a que la valoración habría sido realizada por dos críticos distintos y, por tanto, con diferentes baremos. Incluso en el caso de que fueran obra de la misma persona podríamos encontrarnos con que no se está utilizando la misma escala.

Me explico. Pongamos dos novelas, y por no irnos muy lejos, dos que en su momento reseñé en mi página personal (www.drimar.com, aunque me temo que ya no las encontraréis): El planeta Misterioso, una franquicia de Star Wars escrita por Greg Bear; y Luz de otros días, una novela de ciencia ficción escrita por Arthur C. Clarke y Stephen Baxter. Si yo tuviera que puntuar ambas novelas tendría que darle a la primera tres estrellas sobre cinco, pero la segunda no pasaría de dos. A una novela estoy dándole un aprobado alto, pero estoy suspendiendo claramente a la otra.

Y sin embargo no creo que El planeta misterioso sea un libro mejor que Luz de otros días, de hecho considero que el segundo es una obra literaria algo mejor que la novela de Star Wars; no mucho mejor, pero sí algo.

¿Qué ha ocurrido entonces? Simple: no he usado la misma escala de valores. Y el cinco que es el tope en la novela de Bear, trasladado a la escala que uso para medir la de Clarke y Baxter no llegaría más allá de un 3,5.

En un caso estoy analizando una novela que es una franquicia, y la juzgo como tal, comparándola con el nivel habitual que tienen ese tipo de productos y, por tanto, rebajo mi nivel de exigencia, lo que no ocurre en el segundo caso.

Si un lector se lee ambas reseñas verá enseguida que no uso la misma escala para analizar las dos novelas y comprenderá los criterios seguidos para su valoración. Si se limita a mirar el número de estrellas otorgadas a cada obra llevará la errónea impresión de que la novela de Star Wars es mejor que la de Baxter y Clarke.

Vale, me diréis. Eso se soluciona usando la misma escala para ambas obras y dándole a la novela de Bear una estrella o, como mucho, estrella y media. Solo que eso sería igual de injusto. Al fin y al cabo, no usamos la misma escala de valores para enjuiciar una hamburguesa que el elaborado menú de un restaurante de lujo, no les pedimos el mismo grado de satisfacción a ambos, y cuando decimos que en tal lugar hacen muy buenas hamburguesa pero en tal restaurante no comes lo que pagas no estamos diciendo que la hamburguesa de un sitio sea mejor que el menú de otro, sino simplemente que en un lugar han cubierto nuestras expectativas y en el otro no.

En resumen que, como casi todo esta vida, nuestra valoración depende del contexto. Y vivimos en una época empeñada una y otra vez en eliminar el contexto y dejar los datos desnudos: que eso distorsione lo que estamos diciendo o no parece cada vez más irrelevante.

© 2006, Rodolfo Martínez

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The right stuff (1): Elegidos para la gloria

Martes, Junio 27th, 2006 Pertenece a Imágenes en acción, Visto y oído | Sin comentar »

Elegidos para la gloriaEl libro de Tom Wolfe era difícil de adaptar a la pantalla: tenía todas las papeletas para terminar convirtiéndose en una película desalabazada, sin ritmo, sin una estructura clara que permitiera al público navegar por sus imágenes sin perderse. Sin embargo, Philip Kaufman supo escribir un guión que respetaba lo esencial del libro original pero tenía su propia personalidad y se apartaba de la novela allí donde cinematográficamente era necesario.

Eso, unido a un estupendo reparto y a una dirección más que eficaz dieron como resultado posiblemente la mejor película que jamás se haya filmado sobre el programa espacial americano (algunos de cuyos momentos han sido plagiados posteriormente hasta la saciedad: recordemos el momento “elegidos para la gloria” de la impresentable Armaggedon, por ejemplo). Divertida en algunos momentos, dramática en otros, ocasionalmente irónica y desmitificadora (impagable la escena de Lyndon B. Johnson aporreando la limusina porque la mujer de Glenn no quiere hablar con él), épica cuando tiene que serlo, Elegidos para la gloria es una cinta que resiste sin problemas el paso del tiempo y que casi puede verse como un magnífico documental sin perder un solo instante su categoría de obra de ficción.

Los personajes de los distintos aviadores y astronautas quedan reflejados gracias a unas interpretaciones de los actores que hacen que nos los creamos, que los sintamos reales, sin plantearnos un solo instante que lo que vemos en la pantalla no son las personas originales sino otros hombres que las están encarnando, apropiándose de sus vidas y sus ademanes para presentarlos ante nosotros.

Uno de los grandes aciertos de la película es, sin duda, el personaje interpretado por Sam Shepard, que en un principio parece por completo prescindible y que sin embargo, rematado el film, se nos revela en cierto modo como el foco alrededor del cual ha estado girando toda la historia.

Elegidos para la gloria es un perfecto complemento al libro de Tom Wolfe en el que está basada, pero también es una estupenda película por méritos propios: un magnífico retrato de una época de nuestro pasado cercano.

© 2006, Rodolfo Martínez

© 2006, Rodolfo Martínez
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La parte alta del ciclo

Domingo, Junio 25th, 2006 Pertenece a Mi misma mismidad, Pergeñando | Sin comentar »

Han sido tres días de, para mí, actividad frenética. No sólo estamos en la recta final de la AsturCon, dando los últimos toques al asunto (hoy mismo deberían hacerse públicos los finalistas del concurso de cuentos, por ejemplo) sino que en los tres últimos días, desde que decidí cambiar mi blog y gestionarlo mediante WordPress (qué diferencia con el modo en que lo hacía antes, que sencillo y cómodo resulta ahora casi todo; lo único que echo en falta es poder justificar el texto a la derecha), he estado dedicando casi todo el tiempo libre que me dejaban mis otras actividades a formatear la página a mi gusto: traducir al castellano todos los literales que he encontrado por ahí (y aún me quedan unos cuantos más por encontrar), retocar aquí y allá el template que había elegido, traspasar los post de mi viejo blog a este…

A veces me comporto como la versión “de andar por casa”, digamos, de un maníaco depresivo, alternando ciclos de actividad frenética con otros en los que lo único que me apetece es tumbarme y no hacer más ejercicio que el necesario para cambiar de canal con el mando a distancia de la TV. Supongo que es algo que, más o menos, nos pasa a casi todos.

Y estos días, sin duda, he estado en plena “fase maníaca”. La “depresiva” llegará tarde o temprano, como llega siempre, pero no antes de que la AsturCon se haya celebrado y haya llegado a buen puerto, por supuesto.

O, a lo mejor, tampoco entonces. No sé. Si repaso mi pasado reciente, me doy cuenta de que llevo unos tres años que, tomados en su globalidad pueden considerarse como una fase maníaca continuada, con pequeños altibajos aquí y allá, pero manteniendo el nivel y sin bajar el ritmo más que ocasionalmente. Desde que terminé El sueño del Rey Rojo y Los Sicarios del Cielo y me puse a corregir Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos para su edición de Bibliópolis, no he parado. Y, en realidad, no me apetece parar.

Llevo unos tres años surfeando justo en la cresta de la ola, en cierto sentido. Y sí, sé que se tiene que terminar, tarde o temprano. Vendrá una nueva fase de tomarme las cosas con calma, relajarme, incluso “perrear” por ahí sin ganas de hacer nada.

Pero en realidad… no, no me apetece demasiado. Me lo paso demasiado bien haciendo cosas, preparando esto o lo otro, escribiendo nuevas historias, anticipando las siguientes que escribiré, organizando aquello, metiéndome por nuevos mundos (como el del rol en vivo) que hasta hace poco desconocía totalmente (y que en realidad, sigo desconociendo, apenas he tenido un atisbo de ellos; suficiente, sin embargo, para querer más) y explorando con más detalle los que ya conocía. No, no tengo ningunas ganas de que termine el ciclo.

Como he dicho, acabará haciéndolo seguramente. Pero mientras tanto, aprovecharemos el impulso de la ola todo lo que podamos.

© 2006, Rodolfo Martínez
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Pistoletazo de salida

Domingo, Junio 25th, 2006 Pertenece a A mi alrededor, Crónicas | 2 comentarios »

Cartel AsturConAyer, veinticuatro de junio, se dio el pistoletazo de salida oficial para la XIX Semana Negra de Gijón, dentro de la cual se va a celebrar, como ya viene siendo habitual, la AsturCon, los encuentros de ciencia ficción y fantasía que tuvieron lugar por primera vez en el año 2000.

Por una vez pude asistir, al no caer en día laborable. Así que Marisa Cuesta, Germán Herrán y yo nos acercamos al Jardín Botánico Atlántico de Gijón no sólo para ver la presentación de la Semana a los medios sino, lo confesamos, por la oportunidad de recorrer los jardines y, encima, hacerlo gratis.

Fue Paco Ignacio Taibo II, por supuesto, el encargado presentar el evento, en su estilo siempre inimitable en el que lo jocoso, lo irreverente, lo serio y lo provocador van de la mano sin que uno pueda separarlos muy bien ni, a veces, tenga muy claro cuál es cuál. Paco habló del modo en que había decidido orquestar temáticamente esta Semana Negra en torno la Guerra Civil Española, aprovechando su setenta aniversario, y lo hizo de un modo sorprendentemente nada incendiario o sesgado, limitándose a recordar un acontecimiento de nuestro pasado cercano (más de lo que parece en esta época de memoria volatil donde todo se olvida a los dos segundos de haberlo visto) y que es responsable, en buena medida, de que tengamos el presente que tenemos.

Cartel Semana NegraJunto a eso, hay que destacar el cartel preparado por, como de costumbre, Ángel de la Calle en el que una miliciana y un regular de Franco l(ambos inspirados en personajes reales) leen el A Quemarropa que sostiene entre sus manos el ya tradicional “hombre que corre”, uno de los iconos más característicos de la Semana Negra. El cartel está realizado íntegramente en blanco y negro, excepto las dos banderas, republicana y nacional, que ostenta cada uno de los personajes mencionados en su brazo.

Taibo tuvo también un recuerdo para Justo E. Vasco. Alejado de gestos grandilocuentes, se limitó a rememorar la figura del escritor cubano (uno de los principales puntales de la Semana Negra) y a asegurar que, pese a todo, estaría presente allí estos días. De hecho, dijo Taibo, no era la primera vez que se volvía y allí lo veía, riñéndole por algo que había hecho mal.

Acabada la presentación se descubrió el cartel, ya mencionado y el nuevo diseño para los “rufos”, la mascota de la Semana Negra. En este caso, en versión “íntegra y sin censurar”… o sea, totalmente desnudos.

Cerraron el actos dos de las concejales del Ayuntamiento de Gijón y se procedió al inevitable pincheo.

Germán y su Cola-CaoNosotros (tras un breve paso por la zona de las viandas -bueno, no tan breve-) aprovechamos para dar un paseo por el Jardín Botánico, no sin que antes Germán posara junto a un enorme bote de Cola-Cao… por fin a su medida. La verdad es que resultaba un poco vergonzoso no haberlo visitado todavía, teniendo en cuenta que lleva ya un buen tiempo abierto al público. Y confieso que me arrepiento de no haber estado antes. Quienes me conocen saben que no soy precisamente un amante de la naturaleza. A mí dadme asfalto, edificios y luces artificiales y seré feliz. Sin embargo, el jardín resulta un lugar agradable para pasear y en el que uno puede echar tranquilamente buena parte del día, si desea verlo a fondo.

Como buenos frikis que somos, el pensamiento surgió de un modo inevitable: “Joder, este sería el sitio perfecto para un rol en vivo”. No recuerdo quién de los tres formuló la idea en voz alta, pero seguro que se nos ocurrió prácticamente a la vez.

A la salida vimos algo que me dio un repentino ramalazo de mal rollo:Los ositos multicolores un grupo multicolor de ositos de plástico que no sé si son los vigilantes del jardín, sus mascotas o robots preparados para dominar el mundo. Sea lo que sea, no me gustó.

En cualquier caso, ya todo está en marcha. La Semana Negra ha sido oficilamente anunciada a los medios de prensa. Y en menos de quince días empezará, un año más, la feria. Allí veremos a viejos amigos y, seguramente, haremos unos cuantos nuevos, como de costumbre.

© 2006, Rodolfo Martínez

Fotografías: © 2006, Rodolfo Martínez

© 2006, Rodolfo Martínez
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Coincidencias y suspicacias

Sábado, Junio 24th, 2006 Pertenece a A mi alrededor, Paseando por la calle | 2 comentarios »

No hace mucho leía el libro de Hugh Thomas El imperio español: de Colón a Magallanes (traducción no muy afortunada, por cierto, del original Rivers of Gold) donde se narran los cincuenta años que van del descubrimiento de América al viaje de Magallanes y Elcano para circunnavegar el globo.

Allí me encuentro, en el capítulo dedicado a Américo Vespucio, con la siguiente frase:

El biográfo de Vespucio, Frederick Pohl, señala que la palabra “América” tiene tal eufonía y guarda tan afortunado paralelismo con las palabras “Asia” y “África” que la idea cde utilizarla sedujo de inmediato.

(página 383, según la traducción de Víctor Pozanco)

El nombre de Pohl despertó inmediatamente todas mis alarmas. Por un lado es un nombre sobradamente conocido para cualquier aficionado a la ciencia ficción (ahí están sus novelas Pórtico, Homo Plus y la que quizá es su obra más famosa: Mercaderes del espacio, escrita en colaboración con Cyryl Kornbluth). Pero resulta que unos días atrás había leído una interesantísima entrada en el blog de Juan Carlos Planells explicando que existían traductores que, intencionadamente, metían una “morcilla” en su traducción para así poder detectar si en el futuro alguien “fusilaba” su trabajo y se lo atribuía como algo propio. La idea me horrorizó en cuanto la leí, lo confieso. Evidentemente, no deseo que a nadie le roben su trabajo: el traductor se lo ha currado y tiene derecho a que le paguen por usar su traducción. Pero de ahí a pervertir deliberadamente lo que ha dicho el autor que estás traduciendo para así asegurarte de que nadie haga pasar tu traducción por suya… bueno, me parecía cruzar una línea ética que convertía al traductor de marras, de un profesional responsable en un miserable tan obsesionado por sus propias lentejas que no le importaba la dignidad de su propio trabajo.

Así que, como comprenderéis, en cuanto vi el nombre de Pohl sospeché que podía haber pasado algo parecido. Al fin y al cabo, el que “Pohl” no sea un apellido muy común, más la coincidencia del nombre de pila, me llevaron a pensar mal y enseguida intenté comprobar si lo que me temía podía ser cierto.

Pero no, esta vez el refrán no se cumplió. Es cierto que existe un Frederick J. Pohl, que nada tiene que ver con el autor de ciencia ficción, y que es autor de una biografía de Vespucio publicada en 1947 en la Argentina bajo el título de Americo Vespucio, piloto mayor. La coincidencia pues, no es más que eso, y yo pequé de excesivamente suspicaz.

La anécdota no pasa de una curiosidad. El hecho de que llevemos años leyendo traducciones “alteradas” deliberadamente… es un poco más serio. Pero todo cuanto se puede decir del tema, lo ha dicho Planells en su blog mucho mejor de lo que yo podría hacerlo, así que no me extenderé más.

© 2006, Rodolfo Martínez
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¿A la tercera va la vencida?

Jueves, Junio 22nd, 2006 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | 5 comentarios »

Eso dicen. Ya veremos.

Esta es la tercera encarnación de Escrito en el agua, lo que empezó como una columna de opinión en mi antigua web, evolucionó como un blog dentro de mi página cuando decidí reformar ésta y finalmente ha acabado encontrado su propio espacio en su subdominio personal, ya completamente separado de lo que es mi página web.

Con el tiempo, espero ir incorporando todos los posts que están actualmente en la sección del mismo nombre en www.drimar.com. Os pido, eso sí, un poco de paciencia.

¿Será la definitiva? Bueno, como decía antes, ya veremos.

© 2006, Rodolfo Martínez
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El manifiesto Euston

Viernes, Junio 9th, 2006 Pertenece a A mi alrededor, El gobierno de la polis | Sin comentar »

Acabo de leer una entrada en el blog de Julián Díez que me ha llevado a conocer el llamado Manifiesto Euston. No estoy de acuerdo en todo lo que se dice, pero sí en buena parte de los principios morales y políticos que postula. Hace tiempo que estoy harto, por otro lado de algunas de las actitudes de los “representantes” de la izquierda de este país (y entrecomillo la palabra porque, desde luego, a mí no me representan y muchas veces ni siquiera estoy muy seguro de su “izquierdosidad”) como mirar hacia otro lado cada vez que se produce una violación de los derechos humanos siempre que ésta venga de la mano de un gobierno que se autoproclame de izquierdas, anatemizar por definición y por sistema a Estados Unidos como la madre de todos los males sin pararse a pensar muchas veces tan siquiera lo que están diciendo realmente o el modo en que se están limitando a repetir lugares comunes que parecen haberse convertido en axiomas en su mente y, por tanto, innecesarios de demostración. Este manifiesto (discutible, como cualquier otra obra del pensamiento humano) aporta un soplo de aire fresco sobre unas actitudes de izquierda que, para mí, llevaban tiempo anquilosadas. Hace tiempo comentaba que intentaba convencer a una amiga de que, pese a que ella pensase lo contrario, en realidad era de izquierdas; contaba también que me resultaba difícil convencerla visto el aspecto y la poca talla intelectual que los líderes de izquierdas presentaban muchas veces. Este manifiesto, en cierto modo, me permite reivindicar de forma digna buena parte del pensamiento que he ido haciendo mío con los años. Como he dicho, no estoy totalmente de acuerdo con él, pero es un punto de partida interesante.

No he podido por menos que reproducirlo entero. Es largo, ciertamente, pero merece la pena:

El Manifiesto de Euston

Por una renovación de la política progresista


A. Preámbulo

Somos demócratas y progresistas, y proponemos un nuevo alineamiento político. Muchos pertenecemos a la izquierda, pero los principios que propugnamos no provienen exclusivamente de este ámbito. De hecho, abarcamos desde la izquierda socialista hasta los liberales igualitarios y otros comprometidos de manera clara con la democracia. En realidad, la reconfiguración del pensamiento progresista a la que aspiramos implica el trazado de una frontera entre las fuerzas de izquierdas que permanecen fieles a sus valores auténticos y otras corrientes que últimamente han manifestado una excesiva flexibilidad respecto de esos valores. Supone hacer frente común con los demócratas de verdad, sean o no socialistas.

Nuestra iniciativa hunde sus raíces en Internet, especialmente en la “blogosfera”, a través del cual ha hallado su base de simpatizantes. Somos conscientes, sin embargo, de que esta base política está infrarrepresentada en otros ámbitos, como los medios de comunicación y otros foros de la vida política contemporánea.

A continuación exponemos nuestra declaración de intenciones, resumida en principios básicos que suscribimos. Con ella inauguramos un nuevo sitio en la Web que brindará apoyo a la corriente de opinión que aspiramos a representar y que acogerá diversos blogs fundacionales y otros sitios en la Web que se asocian a este llamamiento por una nueva configuración progresista.


B. Declaración de principios

1. Por la democracia

Manifestamos nuestro compromiso con las normas democráticas, sus procedimientos e instituciones, entre las que destacamos la libertad de opinión y reunión, los comicios libres, la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial y la del Estado y la religión. Apreciamos las tradiciones e instituciones y el legado de buen gobierno de aquellos países en los que ha arraigado la democracia pluralista y liberal.

2. Contra la apología de la tiranía

Nos negamos a justificar o a manifestar nuestra indulgente “comprensión” de los regímenes y movimientos reaccionarios para los cuales la democracia es un enemigo detestado; unos regímenes que oprimen a sus propios pueblos y unos movimientos que aspiran a poder hacerlo. Trazamos con mano firme una frontera entre nosotros y quienes desde posturas progresistas de izquierdas se apresuran actualmente a brindar razones exculpatorias a estas fuerzas políticas.

3. Derechos humanos para todos

Consideramos que los derechos humanos fundamentales inscritos en la Declaración Universal son precisamente universales y que son obligatorios para todos los Estados y movimientos políticos y, de hecho, para todos los seres humanos. Las violaciones de estos derechos deben ser condenadas, con independencia de quiénes sean sus responsables y de cuál sea su contexto cultural. Rechazamos el doble rasero que actualmente aplica buena parte de la autoproclamada opinión progresista, para la que las violaciones de los derechos humanos más benignas (aunque desgraciadamente existentes) cometidas cerca de casa o a manos de gobiernos desfavorecidos son siempre más denunciables que otras violaciones flagrantemente más graves. Rechazamos asimismo el relativismo cultural en virtud del cual es posible sostener que estos derechos humanos básicos no son aplicables a determinadas naciones o pueblos.

4. Igualdad

Abrazamos los principios de una política igualitaria universal. Aspiramos al progreso en las relaciones entre los sexos (hasta lograr la igualdad de género plena), entre diferentes comunidades étnicas, entre los seguidores de las diversas religiones y quienes no tienen afiliación religiosa y entre personas de distintas orientaciones sexuales, así como a la igualdad social y económica más amplia en todos los ámbitos. Por manifestarse entre nosotros diferencias de apreciación al respecto, dejamos abierta la definición de las mejores formas económicas de lograr esta igualdad generalizada, pero apoyamos los intereses de los trabajadores en todo lugar y su derecho a organizarse para defenderlos. Los sindicatos democráticos son las organizaciones de base en la defensa de los intereses de los trabajadores y una de las más importantes fuentes de los derechos humanos, la promoción de la democracia y el internacionalismo igualitario. Los derechos laborales son derechos humanos. Consideramos una prioridad la adopción universal de las Convenciones Internacionales de Regulación del Trabajo, en la actualidad sistemáticamente ignoradas por los gobiernos de todo el planeta. Estamos comprometidos en la defensa de los derechos de la infancia y en la protección de las personas contra la esclavitud sexual y cualquier forma de malos tratos institucionalizados.

5. Desarrollo para la libertad

Defendemos el desarrollo económico global para la libertad y contra la opresión económica estructural y la degradación del medio ambiente. La expansión actual de los mercados globales y la libertad de comercio no deben servir los limitados intereses de una pequeña elite corporativa del mundo desarrollado y sus asociados en los países en desarrollo. Los beneficios del desarrollo a gran escala a través de la expansión del comercio global deben distribuirse los más ampliamente posible a fin de servir los intereses económicos y sociales de los trabajadores, agricultores y consumidores de todos los países. La globalización debe aspirar a una integración social global y al compromiso con la justicia social. Apoyamos una reforma radical de las principales instituciones encargadas del gobierno global de la economía (Organización Internacional de Comercio, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) para que lleven a cabo estas políticas, y apoyamos asimismo el comercio justo, el incremento de las ayudas, la cancelación de la deuda y la campaña “Make Poverty History”. El desarrollo puede garantizar el incremento de la esperanza de vida y la mejora de su disfrute, mediante la atenuación de los trabajos más pesados y la disminución de la jornada laboral. También puede aportar una mayor libertad a los jóvenes, posibilidades de nuevas actividades para los adultos y seguridad para los ancianos. Incrementa las perspectivas y oportunidades de viajar y contribuye a que los extraños se hagan amigos. El desarrollo global debe implementarse de manera que garantice un crecimiento sostenible para el medio ambiente.

6. Oposición al antiamericanismo

Rechazamos con la mayor firmeza el antiamericanismo que actualmente infecta una parte importante del pensamiento progresista de izquierdas y parte del conservador. No se trata de postular a EE.UU. como modelo de sociedad, de cuyos problemas y defectos somos conscientes. Pero éstos forman parte también, en mayor o menor medida, de todo el mundo desarrollado. Estados Unidos de América es un gran país y una gran nación, que alberga una democracia consolidada con una noble tradición a sus espaldas y logros sociales y constitucionales duraderos alcanzados en su nombre. Sus gentes han producido una cultura llena de vida que procura placer, conocimiento y envidia a millones de personas. El hecho de que la política exterior de EE.UU. con frecuencia haya luchado contra gobiernos y movimientos progresistas y apoyado a algunos que son autoritarios y regresivos no puede justificar un prejuicio generalizado contra ese país y sus gentes.

7. Por la solución de los dos estados

Reconocemos el derecho tanto del pueblo israelí como del palestino a la autodeterminación, en el marco de dos estados distintos. La subordinación o eliminación de los legítimos derechos e intereses de una de las dos partes del conflicto no puede constituir una solución razonable del mismo.

8. Contra el racismo

Para los progresistas y la izquierda el antirracismo es un axioma de base. Nos oponemos a cualquier forma de prejuicios y comportamientos racistas, trátese del racismo antiinmigrantes de la extrema derecha; del racismo interétnico y tribal; del racismo contra personas originarias de países musulmanes y sus descendientes, especialmente en el marco de la Guerra contra el Terrorismo. La reciente reaparición de otra forma ancestral de racismo, el antisemitismo, no ha sido aún convenientemente reconocida en ambientes progresistas y de izquierda. Algunos explotan los legítimos agravios del pueblo palestino sometido a la ocupación israelí para enmascarar sus prejuicios contra el pueblo judío detrás del eslogan del “antisionismo”. De más está decir que también nos oponemos a este tipo de racismo.

9. Unidos contra el terror

Nos oponemos a todas las formas de terrorismo. El asesinato deliberado de civiles es un crimen reconocido por las leyes internacionales y todos los códigos de conducta bélica, y no puede ser justificado con el argumento de que se realiza en nombre de una causa justa. El terrorismo de inspiración islamista es hoy una realidad generalizada. Constituye una amenaza a los valores democráticos y la libertad de las personas en numerosos países. Ello no debe servir de justificación para los prejuicios contra los musulmanes, que son sus principales víctimas y entre los que se encuentran algunos de sus más valientes opositores. Pero como todo terrorismo, éste constituye una amenaza que ha de ser combatida y no justificada.

10. Un nuevo internacionalismo

Apoyamos una política internacionalista y la reforma de las leyes internacionales en pro de la democratización y el desarrollo globales. Las intervenciones humanitarias, cuando son necesarias, no son un desprecio de la soberanía sino su conveniente aplicación a la “vida en común” de las personas. Sólo los Estados que protegen mínimamente la vida en común de sus gentes (porque no torturan, asesinan o masacran a sus propios civiles y cubren sus necesidades vitales básicas) merecen que su soberanía sea respetada. Pero si el mismo Estado viola la vida en común de manera flagrante, su derecho a la soberanía queda revocado, y la comunidad internacional tiene la obligación de intervenir humanitariamente. Cada vez que se traspasa el límite de la inhumanidad, se impone la “responsabilidad de proteger”.

11. Apertura crítica

Basándonos en la desastrosa experiencia de las justificaciones de los crímenes del estalinismo y el maoísmo avaladas por la izquierda, así como en más recientes ejemplos de esta conducta (algunas reacciones a los crímenes del 11-S, la búsqueda de excusas para el terrorismo suicida, la reciente y vergonzosa colaboración entre el movimiento del “no a la guerra” y los teócratas dogmáticos), rechazamos la idea de que no puede haber enemigos en la izquierda. Del mismo modo, rechazamos la idea de que no pueden tenderse puentes a ideas y personas situadas a nuestra derecha. Los izquierdistas que hacen causa común con. o hallan excusas para, las fuerzas antidemocráticas deben ser criticados de la manera más clara y contundente. A la inversa, prestamos atención a voces e ideas liberales y conservadoras que contribuyen al fortalecimiento de las normas y prácticas democráticas y a la lucha por el progreso de la humanidad.

12. La verdad histórica

En sintonía con los presupuestos humanistas de base del movimiento a favor del progreso de la humanidad, manifestamos enfáticamente el deber de los genuinos demócratas de respetar la verdad histórica. No sólo los fascistas, los negacionistas y otros de esta especie han intentado borrar las huellas de la historia. Una de las tragedias de la izquierda es que su misma reputación se vio masivamente comprometida por el movimiento comunista internacional, y algunos de sus miembros aún no han aprendido la lección que se impone. La honradez política y la franqueza son para nosotros una obligación fundamental.

13. Libertad de pensamiento

Defendemos la tradicional libertad de pensamiento liberal. Más que nunca, hoy es necesario afirmar que, con las normales limitaciones contra la difamación, el insulto y la incitación a la violencia, se debe defender el derecho a criticar ideas (incluso sistemas de ideas) suscritas por otros. Esto incluye la libertad de criticar las religiones, tanto los credos específicos como la religión en general. El respeto debido a los otros no supone el silenciar las propias creencias cuando se constata que están siendo relegadas.

14. Código abierto

En el marco del libre intercambio de ideas, y con el fin de fomentar las iniciativas intelectuales conjuntas, apoyamos el desarrollo sin trabas del software y otras herramientas creativas y nos oponemos al registro de genes, algoritmos y fenómenos de la naturaleza. Nos oponemos a la aplicación retroactiva de las leyes de propiedad intelectual en beneficio de los intereses corporativos de los propietarios de derechos de autor. El modelo “open source” (código abierto) es colectivo y competitivo, colaborativo y meritocrático. No es un ideal teórico sino una realidad comprobada que ha generado un conjunto de bienes comunes cuya solidez y fortaleza se ha consolidado durante décadas. De hecho, la colaboración en el marco del código abierto se desprende de los ideales colegiados de la comunidad de investigadores científicos, que han sido la fuente del progreso del hombre a lo largo de los siglos.

15. Una herencia que hay que proteger

Rechazamos el miedo a la modernidad, el miedo a la libertad, el irracionalismo, la subordinación de las mujeres. Y reafirmamos las ideas que inspiraron los grandes llamamientos colectivos de las revoluciones democráticas del siglo XVIII: libertad, igualdad y solidaridad, derechos humanos, búsqueda de la felicidad. Estas ideas seminales se convirtieron en nuestra herencia gracias a las transformaciones socialdemócratas, igualitarias, feministas y anticolonialistas de los siglos XIX y XX, que aspiraron a la búsqueda de la justicia social, el estado del bienestar, la hermandad y sororidad de todos los hombres y mujeres. Nadie puede verse excluido, nadie debe quedar marginado. Somos partidarios de estos valores. Pero no somos fanáticos, y por ello abrazamos igualmente los valores del libre cuestionamiento, el diálogo abierto y la duda creativa, del juicio ponderado y la conciencia de los límites impuestos por la realidad. Nos oponemos con el mayor vigor a la imposición de una verdad total, incuestionable y acrítica.


C. Elaboraciones

Defendemos las democracias pluralistas y liberales contra quienes ignoran las diferencias entre ellas y los totalitarismos y otros regímenes tiránicos. Pero las democracias tienen sus propios defectos y limitaciones. La lucha por el desarrollo de instituciones y actuaciones más democráticas, y a favor del acceso al poder de quienes carecen de influencia, voz o recursos políticos, es un aspecto vigente para cualquier programa de izquierdas.

Las bases económicas y sociales en las que las democracias liberales se asientan están marcadas por profundas desigualdades de riqueza y salarios y por la pervivencia de privilegios inmerecidos. A su vez, las desigualdades globales son objeto de escándalo para la conciencia moral de la humanidad. Millones de seres humanos viven en la más terrible pobreza. Cada semana, decenas de miles de personas (sobre todo niños) mueren de enfermedades curables. La desigual fortuna, entre individuos y entre países, reparte arbitrariamente entre los hombres la posibilidad de sobrevivir.

Este estado de cosas es un reproche permanente a la comunidad internacional. Nosotros, personas de izquierdas, respetando nuestras tradiciones, luchamos por la justicia y una vida digna para todos. En nombre de esas mismas tradiciones, también hemos de luchar contra las poderosas fuerzas de tiranías de corte totalitario que han vuelto a ponerse de manifiesto. Tenemos que librar estas dos batallas simultáneamente. No es posible sacrificar ninguna.

Repudiamos el modo de pensamiento según el cual los sucesos del 11 de septiembre de 2001 fueron la moneda justamente devuelta a Estados Unidos, y que son “comprensibles” a la luz de los legítimos agravios generados por la política exterior de este país. Ese día se perpetró un asesinato masivo, inspirado por odiosas creencias fundamentalistas, que nada puede redimir. Ninguna formulación evasiva es capaz de ocultar este hecho.

Los impulsores fundacionales de este manifiesto adoptaron posturas diferentes ante la intervención militar en Irak, unos a favor y otros en contra. Reconocemos que era posible disentir razonablemente de las justificaciones de dicha intervención, la manera en que fue llevada a cabo, la planificación (o falta de planificación) del período posterior y las posibilidades reales de una implementación exitosa del cambio democrático en ese país. No obstante, todos coincidimos en la valoración del carácter reaccionario, semifascista y asesino del régimen baasista iraquí, y reconocemos en su derrocamiento la liberación del pueblo iraquí. También nos reúne la opinión de que, desde ese día, la primordial preocupación de los auténticos progresistas e izquierdistas debió de ser la lucha por lograr la implantación en Irak de un orden político democrático y la reconstrucción de las infraestructuras del país, así como la creación, después de décadas de la más brutal opresión, de un marco de vida para los iraquíes condigno con el que quienes viven en países democráticos dan por supuesto, en lugar de escarbar entre las ruinas de Irak en busca de argumentos sobre la intervención.

Esta actitud nos opone no solamente a quienes en la izquierda se han manifestado abiertamente a favor de las bandas de criminales djihadistas y baasistas de la mal llamada resistencia iraquí, sino también a quienes han buscado la manera de situarse entre estas fuerzas y los grupos que luchan por instaurar en ese país nuevas formas de vida democrática. Tampoco somos de la cuerda de quienes con la boca pequeña se declaran a favor de estos fines, mientras dedican la mayor parte de sus energías a criticar a sus adversarios políticos en casa (supuestamente responsables de todas las dificultades encontradas en Irak) y mantienen un silencio táctico casi total sobre las impresentables fuerzas de la “insurgencia” iraquí. Los numerosos opositores de izquierdas a un cambio de régimen en Irak que han sido incapaces de comprender los motivos que han conducido a otros miembros de la izquierda a apoyar ese proceso y que se dedican a decretar su anatema y excomunión, llegando recientemente a exigirles que hagan acto de contrición y se arrepientan, delatan con claridad meridiana los valores democráticos en los que creen. Las agresiones vandálicas contra sinagogas y cementerios judíos y los ataques a las personas judías están incrementándose en toda Europa. El “antisionismo” ha crecido hasta el punto de que supuestas organizaciones de izquierdas aplauden y apoyan a oradores abiertamente antisemitas y forman alianzas con grupos antisemitas. Entre personas cultas y acaudaladas se hallan individuos que no tienen empacho en afirmar que la guerra de Irak se hizo para defender intereses judíos o que elaboran otras sutiles y “educadas” insinuaciones acerca de la influencia de los judíos en la política nacional e internacional; unas insinuaciones que durante más de cincuenta años, y a consecuencia del Holocausto, nadie se hubiese atrevido a hacer públicamente sin correr el riesgo de deshonrarse. Nos oponemos firmemente a cualquier manifestación de este tipo de intolerancia.

La violación de derechos humanos básicos en Abu Graib y en Guantánamo y la práctica de la “rendición” deben ser vigorosamente condenadas por lo que son: una desviación de los principios universales de cuya histórica adopción los mismos países democráticos, y principalmente Estados Unidos, son mayoritariamente responsables. Pero rechazamos el doble rasero que hoy permite a la mayor parte de la izquierda calificar de máximas violaciones de los derechos humanos las perpetradas por las democracias, mientras silencian o callan infracciones que las superan con creces. Esta tendencia ha alcanzado un grado tal que miembros oficiales de Amnistía Internacional, una organización que se ha ganado un enorme respeto en todo el mundo por su invalorable labor de décadas, puede ahora permitirse elaborar grotescas comparaciones entre Guantánamo y el Gulag, y afirmar que las leyes adoptadas por EE.UU. y otras democracias liberales en su Guerra contra el Terrorismo constituyen el mayor ataque contra los principios de los derechos humanos de los últimos 50 años, mientras voces progresistas y de izquierdas los aplauden por ello.


D. Conclusión

Es de vital importancia para el futuro de las políticas progresistas que las personas de sensibilidad liberal, igualitaria e internacionalista alcen hoy su voz con claridad. Debemos definirnos en contra de todos aquellos para quienes las políticas democráticas y progresistas han quedado subordinadas a un simplista y elemental “antiimperialismo” y/o a la hostilidad hacia la actual administración estadounidense. Los valores y objetivos que realmente constituyen esas políticas – los valores de la democracia, los derechos humanos, la batalla permanente contra el poder y los privilegios injustificados, la solidaridad con los pueblos que luchan contra la tiranía y la opresión– son los que más duraderamente definen los contornos de cualquier izquierda a la que valga la pena pertenecer.

© 2006, Rodolfo Martínez
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Con un poco de retraso

Jueves, Junio 8th, 2006 Pertenece a Aniversarios, Mi misma mismidad | Sin comentar »

Pues sí, se me había pasado. He cumplido aniversario y ni me he dado cuenta. Supongo que tendría otras cosas en la cabeza; y de hecho hasta que no he visto esta mañana en el blog de mi buen amigo Rafa Marín su entrada sobre los tres años que cumplía su excelente bitácora, ni pensé en el asunto.

El pasado 24 de marzo hizo un año desde que inicié este Escrito en el agua en su actual formato. Existía una versión anterior en mi antigua web, que había ido languideciendo poco a poco ante mi cada vez mayor falta de interés. A esa versión la calificaba de “columna de opinión” y por aquel entonces, para mí, el término blog era un palabro raro y un tanto incómodo que carecía de sentido. No, no estoy tratando de decir que me adelantase a los tiempos, ni mucho menos. Seguro que por aquel entonces ya existían los blogs, montones de ellos. Simplemente, con mi despiste habitual, no tenía ni puñetera idea de ello; y mucho menos de que yo estuviera, a mi modo, escribiendo uno.

Aquella vieja página era… bien, sosita y de un aspecto claramente amateur; incluso feucha, por qué no decirlo. Le tenía cariño, al fin y al cabo la había diseñado yo mismo desde el principio hasta el final, currándome el html y haciéndolo todo a mano. Pero llevaba tiempo queriendo cambiarla y no fue hasta que Sergio Iglesias me descubrió los gestores de contenidos (mientras buscábamos el más adecuado para Estación de nieblas, el proyecto de portal en el que trabajábamos los locos del grupo Avalón) que vi que había la posibilidad de darle una pinta más “cool” sin tener que aprender diseño y sin que me costara demasiado trabajo. De entre los distintos gestores acabé decidiéndome por el Mambo, elegí un template, lo modifiqué a mi gusto y, finalmente, tuve una página más acorde a lo que quería.

Y me planteé retomar aquel Escrito en el agua. Para entonces, evidentemente, sabía de sobra lo que eran los blogs (o bitácoras para los puristas castizos, que alguno hay) y era consciente de que lo que iba a hacer podía considerarse como tal. No me importó, aunque al principio negué furibundamente que yo estuviera haciendo un blog; no, lo mío era una columna de opinión. Bueno, no sería quien soy sin dos o tres actitudes recalcitrantes de vez en cuando, qué le vamos a hacer.

Pues eso, que ha pasado un año (un año, dos meses y unos cuantos días, para ser exactos) y, aunque es cierto que no actualizo con la regularidad que sería conveniente, pues aquí sigo. Un blog modestito, no demasiado visitado (y menos comentado aún) y sin más pretensiones que hablar de lo que me apetece y cuando me apetece. Y si, de paso, lo que digo despierta la reacción de otros y podemos tener una discusión amigable sobre ello, pues mucho mejor.

Así que, con un ligero retraso… pues eso, feliz aniversario.

© 2006, Rodolfo Martínez
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