Pan y circo, sobre todo circo

Cuando vas por las mañanas al trabajo, sueles ir medio dormido. Vas escuchando la radio (no importa ahora mismo en qué emisora, si bien el hecho de que sea Onda Cero y, concretamente, el programa de Carlos Herrera a veces te despierta sobresaltado) y de pronto te encuentras con noticias que te hacen preguntarte en qué continuo espacio-temporal vives exactamente, porque no puede ser posible que hayas oído lo que acabas de oír.

Pero no, llegas a casa, buscas un poco por el google y te encuentras con que, efectivamente y para tu desgracia, habías oído bien. La noticia está en todas partes e incluso los partidos políticos se sumen en una agria polémica a causa de ella, con la oposición instando al gobierno a que tome medidas urgentes para que el tema, que es gravísimo, de interés nacional (sólo faltaría que se dijera que de “seguridad nacional”) se resuelva cuanto antes y la ley se cumpla como debe, hasta la última coma.

Y es que se acerca el Mundial de Fútbol, señores, nada menos. Y la emisora que tiene los derechos de los partidos no garantiza en estos momentos que se puedan ver en todo el territorio nacional (incluidas, supongo, las naciones y realidades nacionales integradas en él). Y esto no puede ser. Es indignante. Y además, es ilegal. Porque la Ley 21/1997, de 3 de julio, reguladora de las Emisiones y Retransmisiones de Competiciones y Acontecimientos Deportivos establece con claridad en su artículo 4, párrafo 3 que “Las competiciones o acontecimientos deportivos de interés general deberán retransmitirse en directo, en emisión abierta y para todo el territorio del Estado “.

Conocía la existencia de dicha ley, por supuesto. No estoy tan alejado de la realidad y ya en 1997, cuando fue promulgada, se me cayó la mandíbula al suelo y estuve varios minutos tratando de volver a ponerla en su lugar. Pero confieso que el tema se me había ido de la mente hasta hace unos días, cuando la polémica surgió a raíz del próximo Mundial de Fútbol.

Y, de nuevo, estoy perplejo. Comprendo el derecho a la información y a la libre transimisión de ésta. Y comprendo, por pura lógica, que cualquier cadena de TV tiene derecho a informar sobre los resultados de los acontecimientos deportivos e incluso ofrecer los minutos que considere más relevantes de los mismos. Hasta ahí genial.

Pero no, la ley va un paso más allá. Establece que determinados acontecimientos deportivos son de interés general y que, por tanto, deben ser emitidos íntegramente, en directo y de forma gratuita. Ya no se trata, entonces, de salvaguardar el sacrosanto derecho a la información. Se trata, en la más pura línea de la antigua Roma, de ofrecer a los ciudadanos, ya que el pan parece más difícil de conseguir, su correspondiente ración de circo.

La verdad es que no debería sorprenderme. En un país donde ante la destrucción masiva de puestos de trabajo y, muchas veces, del propio tejido laboral y económico de una región, la gente apenas se inmuta mientras sale en bandadas airadas a la calle ante la posibilidad de que su equipo de fútbol descienda a Segunda, no debería parecerme raro la existencia de una ley como ésta. No, no debería parecerme raro en un país donde ante catástrofes ecológicas auténticamente graves, la vida continua como si nada hubiera pasado mientras los políticos, con la complacencia de buena parte de los votantes, meten dinero de todos los ciudadanos en equipos de fútbol cuya mala gestión económica los ha condenado a la desaparición, como a cualquier otra empresa. En un país donde, en fin, se vierten verdaderos ríos de tinta y se crean enemistados irreconciliables ante un hecho tan trivial como el que un deportista profesional decida cambiar de equipo porque no le pagan lo que él quiere y se acuse a ese tipo de traidor, rata, miserable y pesetero (¿o se dirá ahora “eurero”?).

Pero, qué le vamos a hacer. Soy un ingénuo. Y me sigue pareciendo increíble (diría que “alucino pepinillos” si no fuera porque una expresión como ésa revelaría mi verdadera edad) que se regule por ley que todos los españoles tenemos derecho a ver de forma gratuita y en directo los partidos de la Selección. Y que los políticos hagan de ello una auténtica cuestión de estado.

La comedia nacional, una vez más. Pan y circo. Sobre todo, circo, por supuesto. Y en más de un sentido.

2 comentarios

  1. “Pan y circo” es una expresión que viene del tiempo de los romanos. Era lo que los emperadores daban al pueblo para tenerlo contento y ocupado y que no se molestase en plantearse cuestiones más importantes. Llenar sus estómagos y ofrecerles espectáculo: pan y circo.

    Ten al pueblo contento en ese aspecto y no se preguntará por temas como la corrupción de sus gobernantes, o la persecución a las minorias o cualquier otro tema que pudiera causarle problemas al gobierno.

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