¿Endogamia?

Recientemente ha pasado algo que me ha dado que pensar. Sí, a veces pienso; y, ocasionalmente, pienso de la forma correcta. (Ya sabéis, como en el chiste de los catalanes: cuando hace frío, se acercan a la estufa; y cuando hace mucho frío, incluso la encienden).

Un post en el blog de Iván Olmedo ha motivado una serie de reflexiones que, al cabo de un rato, han terminado originando un post en el blog de Felicidad Martínez. Al mismo tiempo, ese último post origina en mí unos cuantos pensamientos que acaban dando lugar a la entrada anterior en este mismo “Escrito en el agua”.

Realimentación o retroalimentación o como demonios se llame. No sé, a lo mejor hasta sinergia, vete tú a saber. Pero no es ese el tema sobre el que quiero hablar.

Por un lado parece una buena noticia, por llamarla de algún modo. Las opiniones de uno generan reflexiones en la otra que, a su vez, acaban dando lugar a los pensamientos de un tercero. Es algo que, a priori, podríamos considerar positivo. Al fin y al cabo siempre lo es el hecho de que las ideas no queden monolíticamente circunscritas a un lugar, sino que vayan moviéndose y, por el camino, vayan generando nuevas ideas.

Sin embargo…

No puedo por menos de preguntarme si no será también un síntoma preocupante. Si no será un signo de que nos estamos moviendo alrededor del mismo lugar, avanzando en círculos y generando sensación de movimiento pero sin llegar a ningún sitio. A hace algo que motiva que a su vez B haga otra cosa con la consecuencia de que C hace sabe Dios qué, lo que, finalmente, es la causa de que A haga algo nuevo. Estimulante en apariencia, como siempre lo es el intercambio de ideas. Pero…

Pero, ¿estamos ante una nueva forma de endogamia? ¿Una suerte de pequeño reino en el que todos nos leemos unos a otros, discutimos unos con otros y acabamos generando una especie de territorio mental cerrado del que no salimos y al que además, no permitimos la entrada de aire nuevo? Creo que fue en una de las (por otra parte infames) novelas de Anne Rice donde leí algo parecido: allí se describían “familias” de vampiros que habían alcanzado un nivel de endogamia tal (chupándose la sangre unos a otros, por ejemplo) que las personalidades individuales se habían diluido en una suerte de mente-colmena donde no se sabía qué idea era de quién ni quién había generado qué pensamiento. ¿Estamos acercándonos a algo así: navegando alrededor de los blogs de los amiguetes, extrayendo de allí ciertas ideas que generan a su vez nuevas ideas en nosotros sólo para que esas ideas acaben generando nuevas ideas en ellos, en un círculo vicioso que, si bien estimulante al principio, por fuerza tiene que acabar convirtiéndose en algo enfermizo y estéril?

No afirmo que sea así. Sólo me lo pregunto. Y está claro que no tengo respuestas (ya lo decía Guillermo de Baskerville: si tuviera todas las respuestas, no estaría aquí; estaría enseñando teología en París). Sin embargo, la cuestión me preocupa, me hace reconsiderar ciertas cosas y, tal vez, replantearme algunos conceptos en los que, hasta ahora, no me había molestado en pensar a fondo.

Es posible que esté exagerando. Que esté tomando lo que no es más que una cadena de coincidencias por algo distinto y sacando de quicio todo el asunto. Quizá. Es muy probable. Sin embargo, el asunto me parece lo bastante interesante para reflexionar sobre ello. Y quizá, con el tiempo, llegar a alguna conclusión válida.

Mientras tanto, ha servido para proporcionarme un nuevo post para mi (sí, soy culpable, lo reconozco) por otra parte más bien parado blog. Lo cual tampoco está mal, al fin y al cabo.

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