Opinión, validez, respetabilidad

El otro día una amiga me pasó el post que pensaba poner en su blog. Terminaba con una expresión del estilo de “mi opinión es tan válida como cualquier otra”, y no pude por menos que decirle que eso no era exacto, que no todas las opiniones eran igual de válidas o, para decirlo de otro modo, que no todas tenían el mismo valor.

Si yo quiero hacerme una casa, por ejemplo, la opinión que reciba sobre cómo construirla por parte de alguien con los conocimientos técnicos adecuados siempre tendrá más valor que la que me de alguien que desconoce por completo el asunto, eso es evidente. Y parece que en cuestiones que impliquen aspectos que tendemos a considerar “objetivos” (el entrecomillado no es casual) hay consenso al respecto: algunas opiniones tienen más valor que otras. Sin embargo, cuando entramos en el resbaladizo territorio del “arte” (el entrecomillado tampoco es casual), las cosas cambian. Al fin y al cabo, el arte tiene un componente claramente subjetivo donde los gustos e inclinaciones de cada uno influyen mucho en la valoración del resultado.

Sin embargo, incluso ahí, no todas las opiniones tienen el mismo valor. Y no, no hablo de que la opinión de un filólogo o un crítico profesional tenga más valor que la de un “simple” (¿he dicho ya que el entrecomillado no es casual?) lector. Sino de que, en ese caso, una opinión bien argumentada es más válida que una opinión que no se ha argumentado o que, de hacerlo, se ha hecho mal. Pondré un ejemplo. Una novela. Tres críticas (es decir, tres opiniones, que al fin y al cabo eso es una crítica) sobre ella:

-Es cojonuda
-Es cojonuda porque mola que te cagas y te lo pasas pipa.
-Es cojonuda porque la trama está construida de un modo consistente (y explicamos de qué modo), sus personajes son creíbles y tienen fuerza (y explicamos de qué modo) y está bien escrita (y explicamos por qué consideramos que es así).

¿Cuál de las tres opiniones es más útil para un lector a la hora de decidirse a compar el libro o no? Evidentemente aquella que ha sido argumentada de un modo razonable y coherente y que nos proporciona datos válidos que nos ayuden a tomar nuestra decisión. Es decir, tiene más valor la que mejor argumentada está. Es más válida.

Volviendo a mi amiga, le decía que una cosa es que todas las opiniones sean igual de respetables y otra muy distinta que sean igual de válidas. Sin embargo, después de pensarlo un poco me pregunto si es así. ¿Son todas las opiniones igual de respetables? ¿Realmente? ¿Una opinión como “todas las mujeres son unas zorras que no quieren más que un macho que las domine” es, de verdad, una opinión digna de respeto? Yo creo que no, francamente.

Con lo cual nos encontramos en un territorio peligroso. Soy un un firme partidario de la libertad de expresión y de opinión, no hace falta decirlo. Tenemos derecho a expresar nuestras opiniones, por molestas que puedan ser. Sin embargo, ese derecho a expresar lo que pensamos no garantiza ni que todos los pensamientos sean igual de válidos ni, mucho menos, que todos merezcan el mismo respeto.

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