Mundos morirán, mundos vivirán

Poster de "Crisis en Tierras infinitas", de George Pérez y Alex Ross

Corrían mediados de los ochenta y DC cómics estaba inmersa en la más profunda crisis creativa y comercial de su historia. La gran mayoría de sus tebeos, más allá de vistosas portadas, seguían contando las mismas tonterías ñoñas que diez años atrás y los intentos de autores nuevos por revitalizar personajes emblemáticos de la casa parecían condenados al fracaso al no poderse desligar de la carga, cada vez más pesada, de una historia personal que abarcaba casi cincuenta años. Si a eso unimos la amalgama caótica de universos paralelos que la compañía había ido creando a medida que compraba personajes a otras casas (o cuando decidía hacer versiones “nostálgicas” o simplemente “raras” de sus propios personajes), nos encontramos ante un panorama editorial imposible de manejar.La suerte vino en la persona de Marv Wolfman, quien desde hacía tiempo jugaba con la idea de una macrosaga en la que apareciera todo el universo (o, para ser más exactos, multiverso) DC, y que le vino de perillas a la editorial para poner orden en la casa, librarse de los elementos obsoletos y partir de cero sin que sus personajes tuvieran que convivir con historias personales contradictorias, o los guionistas con pasados ridículos de los que no podían librarse.

El resultado fue Crisis en Tierras Infinitas, publicado en doce comic-books que, a lo largo de un año, involucraron prácticamente a todos los tebeos de la editorial. El punto de partida no podía ser más simple: un archivillano -sin sutilezas ni tonterías: una fuerza del mal desencadenada y sin más complicaciones- comienza a destruir los distintos universos paralelos. Habrá luchas, habrá muertes, habrá triunfos y fracasos. Y al final, el único universo que permanecerá en pie será una amalgama de lo más interesante de los anteriores con un pasado lo suficientemente nebuloso para que guionistas posteriores pudieran enfrentarse a sus personajes casi como si fueran una hoja en blanco. Con la ventaja sobre esa situación de que tenían a su alcance cincuenta años de historia que podrían aprovechar o desechar a su antojo sin preocuparse por la continuidad o la coherencia: a partir de aquel momento, la continuidad sería la que ellos establecieran.

Desde el punto de vista editorial, el proyecto fue un éxito sólo a medias. Algunas colecciones aprovecharon bien la situación (Superman volvió a vivir toda su historia desde el primer momento a manos de John Byrne, Wonder Woman hizo lo propio bajo la batuta de George Pérez), otros no necesitaron aprovecharla (Batman siguió casi sin cambios, grupos o personajes lo suficientemente recientes continuaron como si tal cosa) y otros volvieron a caer casi enseguida en historias personales contradictorias a las que cada nuevo guionista aportaba un nuevo elemento que no hacía sino desequilibrar más las cosas (Hawkman se pobló de media docena de pasados inconsistentes unos con otros, el Capitán Marvel fue rehecho un par de veces). El error cometido es fácil de ver (como también posiblemente resultó inevitable): DC no se atrevió a recomenzar toda su línea de super héroes desde cero y las pequeñas inconsistencias apenas visibles al principio fueron poco a poco acumulándose. Tuvieron que pasar diez años para que llegara Hora Cero (una continuación muy clara de Crisis en Tierras Infinitas, bastante inferior en todos los aspectos) y DC se atreviera con un segundo remodelado de su universo.

Pero desde el punto de vista artístico, gráfico y narrativo, Crisis en Tierras Infinitas fue un éxito completo. En cierto modo, fue la culminación del tebeo de super héroes al estilo clásico, casi en el mismo momento en el que -¿casualmente? uno cada vez es más escéptico en esas cuestiones- Alan Moore planteaba el siguiente paso evolutivo del género con su Watchmen.

El Superman de Tierra-2

Crisis en Tierras Infinitas presentaba un relato lleno de aliento épico, de aventura, emoción, suspense y tragedia. “Mundos morirán, mundos vivirán. Y el Universo DC nunca volverá a ser el mismo”, decía la publicidad de la serie. Y Wolfman cumplió su promesa: nunca los super héroes nos habían parecido tan vivos, sin dejar de ser super héroes, nunca habíamos visto tantos en un sola historia, nunca los habíamos visto enfrentados a un peligro tan grande. Personajes con una larga carrera a sus espaldas morían salvando a sus amigos, y a nosotros se nos formaba un nudo en la garganta: ¿cuál será el siguiente?, nos preguntábamos tras ver caer a Flash y Supergirl, ¿quién morirá ahora?

Y si Wolfman cumplió más que sobradamente en su labor como guionista, dándonos una estupenda historia estupendamente narrada, George Pérez, su contrapartida en las labores gráficas, no se quedó atrás. Crisis en Tierras Infinitas funciona como un tebeo para ser leído una y otra vez no sólo gracias a un guión bien construido y desarrollado, sino por unos dibujos que nos llevan de la mano y nos sumergen en la historia con una facilidad casi absurda, sin permitir que perdamos nunca el hilo por abigarrada que esté la página de personajes, intrigas y situaciones, con un dibujo claro y preciso que, narrativamente, resulta impecable y lleno de vida. Ni Wolfman ni Pérez han vuelto luego a estar a la altura de Crisis: el primero vagó entre guiones que iban de lo correcto a lo mediocre durante muchos años, y el segundo, aunque perfeccionó su línea gráfica, perdió buena parte del fuego que había mostrado. En los Vengadores que estuvo dibujando hasta hace poco tiempo tenemos una buena muestra de ello: un dibujo preciso, precioso y bien acabado, pero casi sin vida.

El tomo recopilatorio de "Crisis en Tierras Infinitias"

Crisis en Tierras Infinitas cuenta con tres ediciones en castellano, las dos primeras en formato comic-book. La primera fue realizada por Zinco coincidiendo casi con la edición americana y hoy resulta inencontrable. La segunda, de la mano de la editora mexicana Vid, quizá se puede conseguir aún con relativa facilidad. Si bien ambas son ediciones dignas, es mucho mejor acudir al tomo recopilatorio que la propia DC realizó de la serie no hace mucho y Norma editaría en castellano, con una espléndida portada de Alex Ross -sobre bocetos de Pérez- y el tebeo entero recoloreado con técnicas modernas que hacen que, una vez más, leerlo sea una gozada.

Crisis en Tierras Infinitas fue, en cierta forma, la responsable de que yo volviera a leer tebeos de superhéroes (junto a media docena de cosas más como el Supermán de Byrne, el Watchmen de Moore y Gibbons o el Dark Knight de Miller) y sin duda tuvo que ver con el hecho de que mis predilecciones por el universo tebeístico de mallas ajustadas derivarán de Marvel a la DC. Está llena de grandes momentos, siempre sin abandonar una narrativa clásica y sin pretender jamás revolucionar el género: simplemente contando la mejor historia posible del mejor modo posible, que no es poca cosa. Otras obras, como ya he comentado más arriba intentarían hacer evolucionar a los superhéroes hacia un terreno más adulto (con un éxito más que discutible, no tanto porque fracasaran como tales obras, sino porque el medio no supo después aprovechar las lecciones que se le estaban dando), pero Wolfman y Pérez se limitaron a sacar el niño imaginativo que llevaban dentro y dejarlo pasearse a sus anchas por el universo DC. El resultado aún hoy, veinte años después de su publicación, sigue funcionando.

Quizá uno de mis momentos favoritos sea precisamente la última página del cómic, con el Psicopirata, el único ser consciente de cómo era antes el universo, loco y balbuceante; es precisamente él, un loco, quien cierra la historia con una sola frase, aparentemente sin sentido pero que en realidad resume lo que debería haber sido a partir de entonces la historia de la DC (y que lo fue, en algunos casos):

“En estos días no sabes quién va morir. Y quién va a vivir”

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